Fue un día muy triste, lleno de dolor, rodeado de masacre. Al día siguiente no paró de llover, hasta alguna gente escribió en pancartas “No está lloviendo, es Madrid que esta llorando.” Fue un día duro, pero lo mejor, es explicarlo desde el principio, y no se si podré, pues con el sólo echo de recordarlo se me ponen los pelos de punta, se me estremece el corazón, y pienso que podía haber sido yo…
Llegó el 11 de 2004 de marzo, mis padres se había ido a Andalucía a celebrar su aniversario de Bodas, y nos quedamos mis hermanos y yo en casa. Me acuerdo que cuando sonó mi despertador a las 7:20 de la mañana desperté de una pesadilla que estaba teniendo, me levante y me arreglé, preparé el desayuno para mi hermana y yo, e irnos inmediatamente al trabajo, llegamos antes de las ocho y si darnos cuenta estaba dándose en Atocha, El Pozo, Santaugenia, uno de los mayores ataques terroristas de Europa y el Tercero en el mundo entero.
El tren que salía de Alcalá, y mucho viernes cogía para ir de regreso a casa, cuando quedaba con los de Torrejón para dar una vuelta, le habían puesto 9 bombas, que las hicieron estallar a las siete y media más o menos, muriendo mucha gente que iba al trabajo, a la escuela, etc. También estalló en otros tres puntos de Madrid bombas en diferentes trenes. Muriendo un montón de gente inocente. Me acuerdo que en el trabajo estábamos de los nervios y temiendo por las vidas que nos rodeaban y que conocíamos.
Vivimos unos momentos de mucha tensión, y gracias a Dios, gente a la que conocíamos no estaba en ese tren o había salido ilesa pero nos contaban que lo que vivieren era como una pesadilla, gente herida, desparramados por el suelo, cadáveres, gente sin brazos sin piernas, con amputaciones, es decir, un caos se formo en poco menos de cinco minutos. Nosotros oíamos la radio continuamente por si acaso decían algo nuevo, no se sabía ni quien había sido y se especulaba que lo habían hecho los de Eta. Apenas pasaron dos horas e hicieron una llamada a todo el país para que donáramos sangre. Y la respuesta fue inmediata no pasaron ni una hora y se oía por la radio que ya se habían cubierto las necesidades para las mil ochocientas personas que había sido heridas.
La verdad es que las horas se me pasaron lentamente y por la tarde pude ver con mis propios ojos como habían dejado los trenes. Se que en total habían doce bombas y que estallaron una controlada, en total trece, cuando hubieron desalojado a los herido llevándolos a una tienda improvisada que hicieron en Atocha, decidieron llevar a los muertos que ya llevaban ciento setenta al Ifema en el parque Juan Carlos I, que precisamente mi hermano pequeño había ido ese día ahí de excursión, nos comentó que a la una más o menos cuando se volvieron vio un montón de coches fúnebres, coches policiales, ambulancias etc.
Era las siete de la tarde cuando por las noticias dijeron que habían mandado un comunicado a un periódico diciendo que los responsables de los atentado habían sido los de Alcaheda, los mismos que derrumbaron las torres gemelas, y lo habían hecho por que España le ayudó, en la guerra de Irak que seguidamente le hizo EEUU, por que estaba dominada por un dictador…
Las imágenes que salían por la tele eran muy fuertes, hasta salían comentarios de gente como una enfermera que contó que ella no estaba trabajando cuando pasó lo acontecido, pero bajó a socorrer, y cuando se introdujo, en el tren decía, que veía gente destrozada, mutilada, y de los bolsos se oían las melodías de los móviles. Ese día se calló la red Telefónica, apenas podías llamar hasta nos avisaron por la radio que sólo llamara la gente que estaba relacionada con la catástrofe.
Pasaron rápidamente los días, y ya habían pasado tres meses y aun había gente que llevaba en sus coches o en las puertas de sus casas del lazo de luto. Yo aun me acordaba de eso y una semana después de la catástrofe, decidí pasar por donde tantas veces pasé, me estremecí al ver toda Atocha inundada de velas, y escritos en contra del terrorismo. Había una cosa que me impacto mucho y era que en una columna de la estación había puesto un cartel en grade con un espejo en el centro y ponía “Podía haber sido tú”. Salí de la estación pensativo pensado en todos los familiares, que estarían pasando por este trágico suceso.
Se pasaron los días como en un suspiro y ya estábamos a 15 de mayo. Una compañera de trabajo que aparte de ser cristiana era líder, me propuso quedar después de los cultos y ensayar dos o tres canciones de ritmo rápido ya que era lo que peor se me daba, y de esa forma ir recuperando agilidad para poder tocar en los cultos. Quedamos después de terminar el culto y junto a un joven que nos ayudó a llevar el ritmo con la batería, y ella la guitarra, yo toque el piano y más o menos salio algo. Ella me digo tras terminar que como me había sentido, yo no sabia que contestarla y como aparte allí estaba Daniel, se nos acerco y me dijo que no se necesitaba a alguien que hiciese virguerías con el piano, y que como lo hacía podía ir tocando y a la vez irme recuperando poco a poco.
Bueno por fin después de dos años más o menos toqué de nuevo el piano, aun me costaba un poco pero con la ayuda de los demás pude llevar el ritmo. Al terminar el culto me dijeron algunos que se alegraban de verme y que no me desanimara. El caso es que estaba viendo que de nuevo Dios me estaba poniendo en aquello que un día tuve que dejar. Y sólo me que daba decirle gracias de todo corazón.
Creo que nunca te conté que antes de que me pasara nada, a mi me encantaba pintar. Cuando me daban esos arrebatos artísticos, pintaba y pintaba. Pero hasta que perdi la destreza en mis manos, ni tan siquiera podía escribir. La verdad es que intenté otra vez pintar un cuadro para ver que tal, pero me salió una verdadera pena. Pues bien, el otro día vino Yemi a mi casa, y no se como salió pero le enseñé mis cuadros y me pidió que le hiciera un cuadro antes de que ella partiera a Argentina, a penas lo pensé mucho, habían pasado como seis meses de el ultimo cuadro que pinté. Y no pasaron ni dos días y ya lo había terminado. Hombre como los de antes no me salió, pero de lejos quedaba muy salado jejeje.
“Te amo, oh Jehová, fortaleza mía.
Jehová, roca mía, en él confiaré;
Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.
Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado,
Y seré salvo de mis enemigos.”
Salmos 18:1-5
