La tarde se me pasó muy lenta, casi todas las tardes se me pasan eternas, excepto cuando los martes y los jueves íbamos a la iglesia de Mejorada, se podía decir que era para lo único que salía de casa. Yo lo prefería así, estar en la casa del Señor, que en la discoteca con los de clase, viendo como se emborrachaban. Yo nunca había ido a una discoteca, aunque la había visto alguna vez por la tele, cuando salía en algún capítulo de alguna serie. Tampoco he fumado, es más, es algo que no me atraía, ese olor que desprende no sé como a la gente le puede gustar algo así. Es algo que engancha, y por esa sencilla razón no quiero probarlo nunca en mi vida.

Muchas veces pensamos que los amigos del mundo, (los que no son creyentes) son los primeros en que te ofrecen tabaco, bebida etc. Pero no sólo ellos.

Hace ya varias semanas cuando salía del insty me encontré con Juan, era una persona muy creída, pensaba que podía ir hiriendo a la gente que no era como él, o eso al menos lo demostraba con creces, hacía mi, nada más comenzar el instituto ya estaba él con sus dardos, palabras envenenadas, que te hacían tanto daño, recordar viejos motes que quedaron sepultado con mucho dolor pero sobre todo con perdón. En mi vida, no he insultado a las personas, bueno excepto con mis hermanos, que soy un desastre como ya he dicho anteriormente, no se, como no tenía amigos, yo pienso que me resguardaba más en ellos, de forma que nos picábamos entre nosotros mismos, pero de forma cariñosa.

Juan me miro con sus ojos un tanto altivos, y mi mirada hacia él fue expectante. ¿Me insultará? ¿Se reirá de mí otra vez? ¿Qué le digo, si lo hace?. ¿Tendré que preparar mi oración perdonándole?...

- ¿Quieres un cigarrillo? ( dijo mientras encendía un cigarrillo que tenía entre sus labios)

Que si quería un cigarrillo, no podía ser. La verdad, me extrañó como una persona como Juan pudiese ofrecer algo que para él era algo tan sagrado. Yo nunca le oí dar, nada a nadie, qué le digo,

- No, Gracias no fumo.

No lo entendía era la primera frase que se dirigía hacía mi, sin que me tirase por los suelos, delante de sus amigos, sus amigos, me di cuenta que al lado de él no había nadie.

Por qué la gente delante de sus amigos actúan de una forma y cuando están solos actúan como su corazón les manda, ahí entendí que todo el mundo era en realidad de carne y hueso, que no importaba que estuvieras aparentando ser el más fuerte, el más listo, pues llegará un momento en el cual todos los cimientos se caerán, si no están fundamentados en la Roca Viva, Cristo Jesús, (como decía un pasaje Bíblico).

Cuando te encuentras solo, te das cuenta de cómo es la gente, de cuales son sus prioridades, de tantas cosas, que podría contar, pero eso le pertenece a cada persona contárselo, al Dios del cielo.

Enséñame a ser humilde Dios, de no ir a la persona que es la más guay, entre comillas, sino a la más necesitada, enséñame a amarte cada día más, enséñame encontrar esa fuente de vida que cada día necesito. Esa fuente que se puede encontrar en una risa, en una oración, tal vez en una necesidad de tu hermano, en un abrazo, en una canción, y lo más importante en su palabra, que es refrigerio para el cansado, para el sediento, para mí...

Mi vida se pasa todo el tiempo en mi mente bendiciendo a las personas que me rodean, cuando estoy en el Metro, En el autobús, cuando voy por las calles de Madrid, y me encuentro a los mendigos, no puedo dejar de alzar mi cabeza y pedir mediante una oración por ellos, por sus vidas, por sus familias. Es una de las formas que tengo, de poder pasar así el tiempo, es algo que me encantaba.

A veces pienso que Jehová, aun no me ha dado esa amistad que busco, para que día a día, pueda ir bendiciendo a las personas. (Parece mentira, pero me gustaría bendecirte a ti, yo no se tus problemas, o lo mucho que has sufrido, pero Dios si lo sabe, Él te ama, Él te ama con todas sus fuerzas, lo sé, por que si fue capaz de amar a un vil pecado, ayudándolo día a día, sé, que te va a ayudar día a día a ti también, Dios te bendiga)

Ya, cada vez más, estaba anocheciendo y después de cenar teníamos que lavarnos los dientes, que tantas veces nos recordaba Papa. Muchas veces antes de dormir nos íbamos a la habitación de mis hermanas Raquel y Sara, a hablar de lo que había ocurrido en el transcurso del día. Ellas eran las únicas a parte de mis padres que sabían todo lo que me pasaba en el insty, me gustaba mucho hablar con ellas, hasta que Sara, nos decía que nos fuéramos a dormir ya que al día siguiente ella tenía que trabajar, Pero Raquel muchas veces se venia después a nuestra habitación y nos quedábamos un rato hablando con mi hermano Benjamín de juegos de PlayStation, de los estudios, de nuestros problemas. Y después de hablar de lo que se nos venía a la cabeza cada uno se iba a su cama a dormir. Yo dormía en la misma habitación que mi hermano, y mi hermana Raquel en la de Sara. Siempre había problemas para dormir con mi hermano Benjamín, que si él quería la persiana subida, y por lo tanto entraba la luz y no podía dormir, mientras que yo le decía que era la persiana bajada, el caso es que cedió y pronto todos nos quedamos dormidos.

No sé que hora sería exactamente, solo sé que estaba la habitación muy oscura, me entró unas ganas terribles de levantarme para poder beber agua, pero no podía estaba inmóvil. Ya me había pasado más veces en las que después de dormir me intentaba mover y no podía, sólo podía mover los párpados, me encontraba muy mal, como si estuvieras atado a una silla y te entrara un picor en toda la cara y no pudieras a rascarte.

Pero eso no fue en realidad lo que me produjo un gran malestar, sino que en medio de la oscuridad, entró en mi corazón un temor que pocas veces lo había experimentado, ¿Qué era lo que me pasaba?, ¿Qué ocurría en aquella habitación? No podía despertar a Benjamín, ni tan siquiera podía hablar, lo intentaba con todas mis fuerzas pero era algo imposible, sentía como si en aquella habitación se moviera algo extraño, que no era precisamente la presencia de Dios, ¿Qué hacer? La oscuridad de la habitación no me dejaba ver lo que estaba pasando, tan sólo podía sentir como si fueran personas que estaban andando deprisa desde mi cama hasta la cama de mi hermano, y pensándolo mejor, menos mal que no vi lo que en ella había, sino seguramente me hubiera dado un pasmos, o algo por el estilo.

Pasaron por mi cabeza tantas cosas, tanto miedo, pero entre el movimiento que se sentía en esa habitación, entre la oscuridad mi mente voló hasta el altar de Dios, mi cuerpo estaba inmóvil, pero mi alma estaba libre. Mi alma tenía un miedo espantoso pero al lado de ella estaba mi espíritu que estaba preparado para empezar la batalla de guerra a la que se le había retado. Yo en realidad nunca había peleado de esta forma tan peculiar, pero sé bien que Dios había dejado esta ocasión a Satán, para que aprendiera a luchar, pero no con mis fuerzas, pues te aseguro que con mis fuerzas, era lo que menos se veía en ese momento de temor, no podía moverme, ni siquiera podía hablar, de repente mi mente, empezó a elevar una oración que subía como el humo, hasta su altar.

Dios de los Ejércitos no me cansaré de decir que tú eres mi salvador, tú eres mi Fortaleza, eres mi Castillo, y a quién temeré, sino es a ti, Señor te pido en esta hora que los lazos del enemigo sean desechos, que el miedo en mi vida sea disipado, que entre tu luz en mi corazón, ayúdame a ser de bendición para los demás, ya sé que no soy nada, Señor que el enemigo huya, que el enemigo huya... Te lo pido en el nombre del Señor Jesús, AMEN.

De repente, todo lo que había en mi alrededor se había desvanecido, me encontraba libre, podía moverme, me arrodillé en mi cama y hablé en voz baja para no despertar a mi hermano. En pocos momentos sentía que Dios oía todo lo que mi corazón le decía, yo le pedía que me mostrara el camino, que me enseñara a andar por su luz, y que el enemigo nunca pudiera tocarme.

Es maravilloso ver como Dios te guarda en la noche, mientras duermes, Él te mira como cuando una madre o un padre puede quedarse horas y horas mirando a su hijo mientras este duerme. Así es el Dios de los Ejércitos, así es el Dios Velador de mis sueños.

Noche tras noche, día tras día Él te va guardando, Él te va transformando, y sin darte cuenta, llegará el día en el que no habrá más dolor y sufrimiento, sino que estaremos delante del Dios Vivo que tantas veces estaba delante de nuestras camas, viendo como dormíamos y a la vez Él nos acariciaba con sus manos y en voz baja repetía, yo acabaré la buena obra que empecé en ti, sígueme no te desanimes, sígueme, que yo estoy contigo, yo te guardo...

Tras esa noche en la cual pude experimentar que había un Dios que me guardaba en mis sueños, llegó el sábado. Mi hermana se levantó pronto ya que tenía que arreglarse para ir a jugar a baloncesto, (están federadas las del equipo, y mi hermana es una de las mejores jugando, eso es lo que más me gusta de ella, no me refiero que sea una de las mejores, sino a que es una persona que no presume del talento que Dios le ha dado) en casi todos los deportes ella siempre ha sobresalido.

Yo pude levantarme un poco más tarde, pero estaba ansioso de que ya dieran las cinco de la tarde, puesto que a esa hora empezaba Exploradores del Rey. Era una de las cosas que más me gustaban, aunque también era una de las actividades de jóvenes que más me edificaban, ya que pude aprender muchas cosas estando allí, y luego la compartía con mis amigos del Insty, cuando encontraba una oportunidad para poderles hablar de Dios.

A mí, me costaba mucho poderles hablar de Jesús, ya que vivimos en un país donde se conoce mucho la religión cristiana y casi nunca, encontraba esa oportunidad de hablarles de no una religión, sino de una experiencia real con Jesús. Cuando les hablaba de algo, aun que sólo fuera decirles soy evangélico, ya era para mí una cosa tan grande. Luego empezaban a preguntar más cosas y yo con alegría les contestaba, pero sólo se quedaba ahí, eso era lo que me daba más pena de ellos, no querían aceptar a Jesús en sus corazones. Aun sigo orando por personas que ya por razones de la vida ya no les puedo ver, algunos se ha ido a vivir muy lejos de donde yo vivo, y a otros ni tan siquiera los veo, solo de vez en cuando. Señor apiádate de ellos guíalos a ti.

Pronto dieron las cinco y empezó los Exploradores del Rey, nos dijeron durante la clase que se iba hacer una excursión a Mar de Cristal, la semana próxima. Pronto la alegría saltó entre los más jóvenes, ¡de acampada! Yo como no había podido ir de acampada, ya que hacia ya varios meses que tenía el brazo escayolado, iba a poder ir de nuevo a otra excursión en la que podíamos hacer piragüismo, tiro con arco, tiro con escopeta, y muchas otras cosas más, en las que la diversión siempre sobreabundaba.

Al día siguiente era domingo, el culto empezaba a las once y media, y nos había pedido Tamar, la semana pasada, que cantásemos mi hermana y yo, en el culto de la escuela dominical.

A mí me encantaba cantar, desde muy pequeño recuerdo, como intentaba componer canciones y nunca lo conseguía, ni tan siquiera un simple poema, era tan basto que mi madre me daba pautas para poder componer, me enseñaba muchas cosas. Pero pienso que si Dios no hubiera utilizado a mi madre, y me hubiera utilizado a mí nunca habría podido descubrir lo hermoso, que es cuando puede salir del corazón de una persona un canto de gratitud y alabanza a Dios.

Hubo varias veces en la iglesia de Mejorada que oraron por mí, y yo agradezco con todo mi corazón, esas oraciones que se levantaron sólo con un motivo, glorificarte, pidiendo que Tú pudieras transformar cada día mi corazón y que pudiese ser de bendición para muchas personas, siendo yo vaso y Tú la fuente de vida que lo llenas con amor,

A mí, me daba mucha vergüenza cuando oraban por mí, y no te digo nada cuando me mandaban orar, yo soy de esas personas que se ponen roja con facilidad. Siempre he sido muy vergonzoso, y muchas veces me preguntaba que, cómo Dios iba a poder usar a una persona como yo.

Yo estaba empezando a crecer y Dios me estaba enseñando a madurar en su obra, Primero empezó cuando te mandaban orar. Temía decir alguna cosa mal y que alguien se riera de mí, pero pronto eso fue desapareciendo. Me daba vergüenza cerrar los ojos, siempre decía yo, que no importaba tener los ojos cerrados o abiertos, lo importante era lo que tenías en el corazón y eso era cierto, pero cuando tenía los ojos abiertos estaba más atento de la gente que de mi propia ofrenda de alabanza y adoración al Señor. Gracias a Dios, que me hizo entender estas cosas en edad temprana, puesto que no quiero perder ni un solo tiempo sin alabar con mi vida al Señor, y esto era una de las cosas que más cuesta, Agradar al Señor con todo el corazón, con toda la mente, con todo el espíritu.

Poco después Pedro, iba joven por joven diciéndole que si quería pasar una introducción antes de la palabra, que tenía total libertad, y que los hermanos de la congregación querían oír las maravillas que Dios hacía en las vidas de nuestros adolescentes.

Nos daba mucha vergüenza o al menos a la mayoría, le decíamos que no teníamos nada que compartir, que no nos había pasado nada especial, esta semana.

Pero él siempre o al menos a mí, sabía convencerme. A mí, me gusta pasar algo, si Dios ponía en mi corazón algo para pasar a la iglesia.

Cuando Dios puso en mi corazón canciones de alabanza y adoración, me propuse en mi corazón cantarlas todas en su templo, me daba mucha vergüenza cuando empecé, pero con la ayuda de mi hermana Sara la mayor, me sentía más protegido.

Yo no tengo una voz demasiado bonita, siempre lo he sabido, pero sé que Dios no busca una bella voz, ni tan siquiera busca lo bonito de una melodía, Él busca el corazón, y lo que en él está.

El martes tenía que tocar el piano, eso me recuerda una de las cosas, en que Dios me demostró que siempre era fiel.

Desde pequeño mis padres me pusieron en una escuela de piano, al principio me costaba mucho poder tocar las teclas, apenas podía tocar un acorde. Yo desde mi niñez siempre imaginaba que llegaría un día en el que tocaría en la iglesia de Mejorada, al menos eso era lo que le pedía a Dios desde que empecé a tocar el piano, cada día le decía al Señor, que me enseñara a tocar el piano, ya que en la escuela tan solo se aprendía a como manejar los dedos, es decir siempre eran partituras, ni tan siquiera sabía hacer un acorde de SI menor o otra nota cualquiera.

Pasaron los años y me quité de la escuela de música de la casa cultural. Tamar vino durante unos cuantos meses a mi casa a darme clases particulares, por fin empecé a conocer como se ponían los acordes, aprendí unos ocho o nueve, los más básicos, pero pronto me vería solo, y tuve que aprender por mi cuenta. Veía muy difícil que algún día yo pudiera tocar el piano, tan solo podría confiar en Dios pidiéndole, que Él fuera mi maestro, era un verdadero desastre, cuando tocaba el piano de pared de mi casa que me regalaron mis padres, intentaba concentrarme en el movimiento de las manos, en el compás, pero todo se venía a bajo. Pero nunca me desanimé día a día fui cogiendo habilidad, y ahora ya no era tanta concentración sino el cerrar mis ojos mientras adoraba a Jesús, y se me pasaba aveces el tiempo como un suspiro, mientras quedaba en mi mente la pregunta, de que si algún día podía tocar el piano en la iglesia, que aun no había sido contestada por Dios.

En mi iglesia siempre se tocaba la guitarra y algunas veces el acordeón. Una vez después de que ensayaran los de las guitarras, me dijo el líder de la alabanza (que era el que lo llevaba en ese momento en mi iglesia) delante de unos cuantos jóvenes, que podía aprender a tocar la guitarra eléctrica, me que de sin habla, puesto que él sabía que casi toda mi vida desde pequeño había aprendido a tocar el piano. Después de unos segundos pude racionar y como siempre me entró una vergüenza que se podía ver reflejada en mi cara roja como un tomate, le dije que a mí lo que me gustaba de verdad era tocar el piano. Él me dijo delante de aquellos jóvenes que si acaso iba a traer el piano a cuestas, mediante un tono de gracia, que yo no la veía por ningún sitio, yo no sabía que decir, me quedé tan cortado, mis ilusiones de poder tocar el piano en mi iglesia se desvanecían, ni tan siquiera con el órgano que me regalaron mis padres pensé yo que tanto había anhelado tenerlo para cuando fuera a la iglesia poder tocarlo.

No sabía que hacer, no sabía que decir, aveces las palabras no se las lleva el viento, como se suele decir, ni tan siquiera, algunas atraviesan el corazón dejándote una herida de recuerdo, sino que todas llegan hasta los oídos de Dios. Tal vez cuando pude reaccionar, pensé que mi corazón tenía la fe suficiente, para que algún día, no lejano, pudiese tocar el piano, pero no en mi tiempo, sino el de Dios, que es él único que posee en su mano, el reloj del tiempo para pararlo, retrasarlo, como demostró en el antiguo testamento.

Y en su tiempo fue cuando yo pude ver la mano de Dios como obró en mi vida y en mi iglesia. Hace ya uno meses vino a la iglesia de Mejorada David Ladiv, para ayudar a mi padre, que era uno de los ancianos que estaba trabajando en la iglesia. El caso es que él sabía mucho de piano, es más, trabajaba tocando el piano, y un día después del culto, me dijo David que si el órgano que me había traído, ese día para ensayar con Josué, era bueno para tocar en la iglesia, le dije que era normal, me preguntó que si sabía tocar el piano y si se le podía poner pedal al órgano, le dije que tocarlo un poco y del pedal, que no sabia, él lo vio los agujeros por donde se mentían los cables pero no estaba el dicho agujero, es más ni tan siquiera se podía enchufar ya que iba a pilas. Todo quedó en el aire, y después de un corto tiempo trajeron un órgano eléctrico. Por fin, no me lo podía creer, pensaba si algún día iba a poder tocar en él, y desde entonces me propuse tocar en el piano y aprenderme todas las canciones de la iglesia.

Pasaron los días y Emy (una chica de mi misma edad más o menos) Empezó a tocar el piano junto con Tamar (la que estuvo algunos meses enseñándome a tocar el piano) y por su puesto David, que tenía un talento algo peculiar, ya que tocaba a las mil maravillas.

Yo deseaba con todo mi corazón poder tocar el piano, me acuerdo que siempre le pedía a Dios, desde hace mucho tiempo que me permitiera tocar el piano, que me enseñará a tocarlo bien. Creí que, a todo el mundo se le había olvidado, que yo sabía tocar el piano, Tamar, Pedro, David, tanta gente que sabía que yo tocaba el piano.

Pero un domingo por la tarde, surgió el milagro, se me acercó David, y me preguntó que si sabía tocar el piano, por segunda vez después de un largo tiempo le contesté que sí, mi corazón latía fuertemente, y podía sentir como me ponía rojo como un tomate, en cuestión de segundos, esperando que saliese de sus labios las palabras que tanto había deseado oír desde mi niñez. Y así fue; fue tal y como lo había soñado toda mi vida. Dios se había acordado de mí, me había dado lo que mi corazón anhelaba. No lo podía creer, mi corazón estaba apunto de estallar, esa misma noche cuando llegué a mi casa me acuerdo, que empecé a aprenderme todos los acordes de memoria, que si un Do 7, un Mi b, y no dejaba de dar gracias al Señor de lo que había hecho Él en mi vida.

Pronto empecé a tocar el piano, y me gustaba mucho poder alabar a Dios con este instrumento, que tantas veces a solas en mi casa había podido adorar con él a Jehová, pero a hora lo podía hacer en su templo, me sentía muy a gusto. Muchas veces nos decían los que dirigían la alabanza que no intentásemos ser nosotros solos, sino que alabásemos a Dios de corazón. Y siempre alababa a mi Dios de corazón. Siempre que Dios me da la oportunidad de tocar, le pido que me renueve que sé de sobra que yo no merezco tocar para él, pero que tu me has dado ese privilegio y por eso lo quería hacer siempre de corazón.

David nos dijo a Emy y a mí unos días después, que si queríamos, él nos podía enseñar algunas cosas en piano. Y estuvo algunos domingos enseñándonos. Señor gracias por poner a personas en nuestras vidas, que se dan al cien por cien por otras personas, bendícelas y guárdalas, por que a través de ellas también aprendemos nosotros a darnos al máximo. Al menos yo quiero aprender a darme al cien por cien, enséñame a ser como esas personas.

El tiempo transcurría tan deprisa. Me acuerdo que al salir una vez del Insty vino una chica hacía mí. (Yo había veces que la veía cuando subía al autobús, hablando y riendo con algunos compañeros de clase) Con temor en sus ojos me mostró una bolsa blanca, que a través de ella se transparentaba una especia de pieza de madera, y con miedo en su voz pronunció:

- Abel puedes deshacerte de esto.
-¿Qué es? (respondí)
- Una tabla de wuija
- Pero por que me dices que si puedo deshacerme de esto
- Es que hemos jugado a él y me han dejado sola con la tabla.
- Pero por que has jugado a él, sabes que ese juego es muy peligroso.
- ¡Me puedes ayudar o no¡ como yo lo tire cae sobre mi una maldición, nos lo
dijo aquel espíritu que se nos apareció, y tengo mucho miedo como me puedo
deshacerme de ella...
- Mira, no tienes que tener miedo si con el Señor tú estás, ya que el enemigo a ti no puede hacerte nada, si confías en Cristo el te va a librar, yo que tu la tiraría y no volvería a caer en esas cosas, que el diablo usa para dar temor a las personas.

Parecía mentira, pero al igual que esa joven chica en el pueblo de mejorada había un montón de personas que estaban metidas en todo estos temas. Durante mi estancia en aquel instituto, oí un montón de cosas referentes a este tema tan escalofriante, hasta en nuestra clase se hizo como una especia de debate, y me quedé paralizado al oír que tras haber realizado esas cosas, algunas personas no podían dormir por la noche, tenían que tener las puertas abiertas, la luz encendida, había un caso en el que una misma alumna de clase fue testigo de cómo su prima se quedaba ciega mediante un juego espiritista que no vale la pena contar. Durante la clase, en mi mente entró una tristeza casi inexplicable, y mi mente pensó una pregunta que aun la tenía que resolver; ¿Por qué a la gente cuando les hablas del Señor te rehuye y te dice que en esas cosas no cree, y luego hablaban de estas experiencias de las que habían sido testigo, y las tomaban tan enserio?...

Pero también estoy seguro que todo lo que me han contado y todas las personas con las que he podido hablar de este tema, les he podido ofrecer aquella luz que da Dios a las personas que andan por oscuridad, quien sabe, a lo mejor te ocurre como a mí que es mejor no hablar de esos temas, que a tanta gente le da tanto miedo. Pero piensa que tal vez le pueda estar pasando a un amigo tuyo o a un familiar o tal vez personas que no has tenido el privilegio de poder conocer pero vienen a ti buscando alguna solución a sus problemas. En estos caso hay que ser valiente y hablarles claro, Dios dice en su palabra que no vallamos a adivinos, ni hechiceros, que lo que hará a nuestras vidas es contaminarlas; Levítico 19:31, y a consecuencia darlas temor, y lo que tenemos que hacer es buscar a Jehová, que es el único que libera al cautivo, el que sana al herido...

La clase la terminó la profesora diciendo que teníamos que tener cuidado y no jugar a esas cosas.

Pero yo pienso que no sólo no se debe jugar a eso, sino también hay que reprenderlo, pues hay tantas personas que son llevadas por amigos o compañeros de clase, que se creen que es sólo un juego, pero en realidad es algo más que eso, los espíritus del mal, son tan listos que engañan a las personas diciéndolas que tal vez son algún muerto, o familiar ya fallecido, y estas personas incrédulas caen en esas redes que te van atrapando, hasta tenerte dominado. Pero ante el ataque del enemigo hay que alabar a Dios, pues al alabarle, las cadenas se van rompiendo, Dios viene a tú encuentro y te liberará, si lo crees con fe, esa fe te salvará, cree que Dios lo va a hacer y Él lo hará.


“Bendeciré a Jehová que me aconseja;
Aun en las noches me enseña mi conciencia.
A Jehová he puesto siempre delante de mí;
Porque está a mi diestra, no será conmovido.
Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma;
Mi carne también reposará confiadamente;
Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción.
Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo;
Delicias a tu diestra para siempre.”

Salmos 16:7-11

Hay que estar afianzado en Dios, ya que Él es el único que tiene el bastante poder para atormentar al enemigo y hacerle huir de nuestras vidas. La palabra de Dios dice que nosotros somos templo del Espíritu Santo, y debemos de ser santos, ya que en nuestro corazón se encuentra su morada. No hagas espantar a aquella Paloma de tú corazón, pues ella es la que te da seguridad, la que te consuela, y la que te libra del mal.

 

“Alzaré mis ojos a los montes;
¿De dónde vendrá mi socorro?
Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.

No dará tu pie al resbaladero,
ni se dormirá el que te guarda.
He aquí, no se adormecerá ni dormirá
el que guarda a Israel.

Jehová es tu guardador;
Jehová es tu sombra a tu mano derecha.
El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche.

Jehová te guardará de todo mal; Él guardará tu alma.
Jehová guardará tu salida y tu entrada
Desde ahora y para siempre.”

Salmos 121:1-8


II

En la noche oscura, el señor te
guarda

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Abel Rubio Hidalgo
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