Cuando llegamos a la iglesia, ya estaba empezada, iban por la alabanza. Nosotros dejamos nuestras maletas de la excursión en la entrada de la iglesia, y como algunos de los exploradores teníamos que bautizarnos, tuvimos que subir a una habitación para poder cambiarnos de ropa especial. La ropa era blanca como la nieve, y venía a significar la pureza. Una vez vestidos, bajamos a los bancos que nos habían preparado, para que después de la palabra pudiésemos ir de uno a uno descendiendo a las aguas.
En mi iglesia, para ser más exactos debajo de la plataforma del púlpito se encontraba una especie de piscina pequeña, en la cual cuando había bautismos, se quitaba la alfombra que la cubría y las tablas que se ponían para que al pisar nadie se cayera.
Habían terminado de llenarla, y empezaron ha quitar las maderas que cubría la piscina, después de que acabara el pastor de pasar la palabra.
Antes de que todos descendiéramos a la piscina, nos hicieron una foto a todo el gran grupo que íbamos a descender a las aguas.
Fue llamando uno a uno, y cuando terminaban de sumergirlos en el agua siempre la iglesia cantaba una canción. Me acuerdo que durante los bautismos se bautizó una familia entera, y me gustó ver como esta familia declaraba ante el cielo y el infierno, que Jehová era el único Dios en su hogar.
Dice la Biblia, que cuando un pecador se arrepiente de sus pecados, deja al hombre viejo, y nace de nuevo, en el cielo había celebración.
Aveces me imagino esa escena en que los Ángeles, Arcángeles y Querubines, podían alabar a una voz, al Dios Supremo que hizo toda la creación, en el momento que una persona descendía a las aguas. En ese momento, yo creo que las potencias de los cielos, y los infiernos empiezan a temblar. Puesto que Satanás comienza a saber, que un hombre a puesto su fe, en el único Salvador del mundo.
Pronto me tocaría a mí, y no era por que fuera adivino, sino que casi toda la gente ya se había bautizado, y sólo quedábamos dos personas.
Me empezó a dar un dolor intenso en la cabeza y de ojos, era una cosa que me ocurría con bastante frecuencia, cuando me encontraba nervioso.
Al final me llamaron a mí, después de que todo el mundo hubiera ya descendido a las aguas. Y cuando me metí en la piscina desde la cual se podía ver a toda la congregación con tal sólo mirar de frente, me empecé a poner colorado, de la vergüenza que era muy difícil disimular.
Le dije al pastor que me dolía la cabeza un poco, él con tono amable me hizo reír para que no me pusiera tan nervioso.
Empezó diciendo mi pastor mientras cogía mis manos y las ponía como en cruz, que yo le había dicho que me dolía la cabeza, y me respondía que como no nos pusiéramos más adelante, me iba a doler más al poderme dar con el bordillo de la piscina, de lo alto que era, la gente se empezó a reír y me pude tranquilizar un poco más, y empezó a hablar el pastor de mi vida, de mis padres, de otras tantas cosas. Yo sólo pensaba en sumergirme, y que mis pecados fueran sepultados en el fondo de las aguas, para toda la vida.
Él oró por mi vida, y después de pronunciar la palabra Amén, me cogió con un brazo de mi hombro y con otro me cogió de mis manos me impulsó para atrás, ayudado de mi otro pastor Juan. Pude sentir en pocos segundos, como me envolvía una manta de agua que cubría todo mi cuerpo, yo cerré mis ojos, y repetía en mi mente, que mi vida fuera cambiada y transformada; que Él me guiara por el camino del desierto, que por causa del fuerte viento se había ocultado.
Una vez, que salí de aquella piscina podía oír, como cantaban la iglesia cantos de alabanza. Poco a poco me daba cuenta que, la fiesta en los cielos ya estaba menguando. El culto se había acabado y una vez que me cambié de ropa, me puse mis pantalones y mi camisa, me cogí un peine que me prestaron y me peiné lo más rápido posible.
Cuando bajé de la habitación, se encontraban mis padres, y me dieron un fuerte abrazo, me felicitaron, también se encontraba mi tía Loli.
Loli hace ya mucho tiempo a tras, que dejó la iglesia, antes era creyente, ahora lo es a su forma. Hay veces que no comprendía tantas cosas, como personas buenas que eran cristianas, se alejaban de los caminos de Dios. Satanás es tan astuto que sabe muy bien de que pie cojeamos, tal vez una disputa con tu hermano, o malos entendidos, hacen que las personas se distancien entre sí. Señor yo sé que tú conoces mi corazón tu sabes que no me quiero apartar nunca de ti. No dejes que el enemigo se burle de mí enséñame a saber confiar más en ti, en tú palabra.
Muchas veces dice mi pastor que el que ha estado en los caminos del Señor y se aparta de ellos, nunca podrá ya más pecar a gusto.
Conocí a una amiga, que era un ejemplo en muchas cosas, quería ser líder de niños, como lo de exploradores del Rey pero en la categoría de Vaqueros, o algo así, tenía problemas con su familia ya que era la única de los hermanos que tenía que ocuparse de su madre, pues sufría una enfermedad de pérdida de memoria. Ella tenía como unos veinte años, trabajaba para poder llevar adelante su casa. No cesaba de trabajar, y cuando pedía ayuda a sus hermanos, siempre ponían algunas excusas, por ejemplo esposo e hijos, bueno al menos eso era lo que ella expresaba, ya que habría que ver las otras partes, pues cada persona es un mundo lleno de problemas, a veces difíciles de soportar.
Sus hermanos siempre la veían como la más pequeña, como la más inexperta, y los que estabamos alrededor de ella no conocíamos exactamente cual era su condición, y al ser demasiado jóvenes no la podíamos aconsejar, aunque quisiéramos.
Pasaron los años, y la veíamos como su vida, se consumía como una vela, que la luz que en ella había, se iba haciendo cada vez más pequeña.
No sabíamos lo que la pasaba, pero dentro de ella corría un gran afán de encontrar una salida y poder ser libre, ya no aguantaba cuando su madre ni podía reconocerla y la llamaba de todas las palabras menos bonita, su vida estaba apunto de explotar.
Pasaron unos cuantos años y ella tomó la decisión que la amargaría toda su vida, o al menos eso pienso. Se fue de casa, imagínate como se quedaron todos los hermanos cuando se enteraron, ella tenía como unos veintidós años, y decidió dejar toda su vida y vivir todo lo que el mundo la daba que no era otra cosa, que vivir una vida en pecado, y sin el Señor. Yo no podía creer todas las cosas que me contaban de ella, le dije a mi hermana Sara que la llamase a su móvil, que la intentara entrar en razón ya que ellas habían sido muy buenas amigas.
Todo fue en vano, ya era demasiado tarde.
Mi mente vuela hasta el futuro, y mientras deja pasar los pensamientos por su mente, le pedía a Jesús, que buscara a esa oveja descarriada, que la cogiera en sus brazos, que la diera la libertad que ella buscaba, no las cadenas que el mundo le había puesto por engaño.
Algún día la veré otra vez, mi fe me dice que sí.
Señor guárdala de la mano del enemigo, que vuelva a tus caminos, que vuelva a tus pastos...
Mucha gente a la que tú conoces, por desgracia se ha ido de los caminos del Señor, o tal vez no. Pero piensa con fe, o al menos en mi vida sólo queda la esperanza, de que aquellos que una vez por circunstancias de la vida, o aveces por nuestra propia negligencia se fueron de los caminos en los cuales había alimento suficiente, algún día volverán.
Y los Ángeles cantarán, y los Arcángeles volarán sobre el trono del Dios Omnipotente, mientras los Querubines claman a gran voz, y proclamando:
Que un pecador en la tierra se ha arrepentido, y se celebrará que Jesús venció en la cruz, y tan sólo por eso somos salvos y sanados.
con fe verdadera, verás los resultados, en
el tiempo de Dios.
“Os digo que así habrá
más gozo en el cielo
por un pecador que se arrepiente,
que por noventa y nueve justos
que no necesitan de arrepentimiento.”
S. Lucas 15:7
