El Drama de la Iluminación Cósmica
en el Sutra del Loto Blanco
Sangharákshita
En todas partes del mundo el paisaje tiene su propio aspecto particular, formado por las fuerzas de la naturaleza y las de la mano del hombre. Los seres humanos han añadido su contribución a la escena natural, o sea a las montañas, colinas, llanos, desierto o bosque, con arquitectura de muchos tipos: cabañas de barro, casas con techos de paja, pirámides magníficas, altísimas torres de iglesias y grupos de rascacielos, incluso enormes escoriales y chimeneas de fábricas echando humo.
Tras
su comienzo en la India, el budismo se ha extendido desde los desiertos de Asia
Central en el oeste hasta las islas del Japón en el este; desde las mesetas
glaciales azotadas por el viento del Tíbet en el norte, hasta la isla de Sri
Lanka, tropical y bañada por el sol en el sur. Las características naturales
de estas zonas son muy diferentes, igual que sus características arquitectónicas.
No obstante, viajes donde viajes en esta vasta área existe un tipo de monumento
arquitectónico que se encuentra en todas partes: en las cimas desoladas de las
montañas, en valles con bosques agradables, en medio de los llanos enormes y a
la orilla del mar. Ese ubicuo monumento budista es la estupa.
En
el transcurso de los años, la estupa ha adoptado varias formas, a veces muy
distintas la una de la otra, lo cual hace casi imposible reconocer que todas
provienen de los mismos orígenes. Hay estupas hechas de ladrillo y otras hechas
de piedra, algunas incluso hechas de metales preciosos, tales como el oro y la
plata, y con joyas incrustadas. Algunas estupas son tan grandes que se tardaría
diez minutos en dar la vuelta a su alrededor y otras tan pequeñas que es
posible tenerlas en la mano.
La
historia de la estupa es muy interesante, sin embargo no nos interesa aquí su
posición en la historia del arte budista sino su significado simbólico. La
estupa es uno de los símbolos más ricos y más complejos de todo el budismo,
sobre todo en el budismo Mahayana. También es un símbolo que aparece, y muy
dramáticamente, en El sutra del Loto Blanco.
La
estupa aparece en el capítulo once del sutra, más o menos a la mitad – si no
contamos los capítulos que parecen haber sido añadidos posteriormente – y así
lo divide en dos partes. La primera parte está dominada por las parábolas: las
de la casa en llamas, el viaje de regreso y la gran nube. En la segunda parte,
incluyendo el episodio de la aparición de la estupa, hay algunas parábolas.
Pero aun así está casi totalmente dominada por el mito y el símbolo, así
como lo que podríamos llamar la fantasmagoría cósmica. Generalizando más se
podría decir que la primera parte trata del camino hacia la Iluminación,
especialmente el Mahayana, el Gran Camino, y del progreso del Bodhisattva. En
contraste, la segunda trata de la Iluminación, la meta; ya que está dedicada
al Buda y al concepto del reino de un Buda, o el mundo espiritual sobre el cual
El “reina”.
Visto
de manera más abstracta aún, se puede decir que en la primera parte del sutra
vemos la existencia entera sub specie temporis, o sea en su forma
temporal, mientras que en la segunda parte la vemos sub specie aeternitatis, tal
como era, es y será, más allá del tiempo, en la dimensión de la eternidad.
Por lo tanto, la primera parte ilustra la perfección espiritual en un proceso
constante de consecución, mientras la segunda ilustra la perfección
eternamente lograda. La estupa está entre las dos, no para separarlas sino para
unirlas, porque el símbolo de la estupa contiene tanto al tiempo como a la
eternidad. Pero antes de seguir, tenemos que hacer una pregunta básica: ¿Qué
es una estupa?
La
palabra estupa es sánscrita y significa literalmente “la cima”; así que se
refiere a la coronilla y al techo – la cima de la casa. Curiosamente, la
palabra india, con todas sus asociaciones simbólicas, está conectada etimológicamente
con una palabra inglesa bastante más corriente: “stump” (cabo, muñón, tocón).
Pero la definición etimológica apenas nos da una idea de lo que el símbolo
budista representa. Será pues un punto de partida más útil el desarrollo histórico
de la estupa.
Si
exploramos los orígenes de la estupa vemos que es tan antigua como el Budismo
mismo, incluso más antigua aún. Se origina en el túmulo indio, en la práctica
prebudista de hacer un montón de tierra sobre las cenizas de los héroes. El sutra
Mahaparinibbana nos dice que según esta práctica antiquísima, el Buda
mismo, antes de su muerte, mandó que se construyera una estupa sobre sus
restos. El discurso en el Canon Pali que describe los últimos días del Buda y
su muerte, cuenta como sus órdenes fueron llevadas al cabo. Su cadáver fue
puesto sobre un montón de leña empapada en aceite y mantequilla y prendieron
fuego a la pira. Esta ardió durante mucho tiempo y finalmente, cuando las
llamas habían bajado, los discípulos laicos del Buda buscaron con reverencia
entre las cenizas los fragmentos de huesos. Los monjes posiblemente tuvieran la
ecuanimidad suficiente para prescindir de recuerdos físicos de su maestro, pero
los discípulos laicos tenían el deseo humano – si es una debilidad es una
que se puede perdonar – de preservar cualquier reliquia que quedara.
Por
desgracia, en cuanto juntaron las reliquias en una jarra de piedra, surgió un
conflicto entre los discípulos. Si tomamos literalmente las ilustraciones de
este episodio en el arte budista, podría parecer que, con las cenizas apenas frías,
los distintos bandos estuvieron dispuestos a luchar para poseerlas. Aunque
semejante respuesta a la muerte de un gran maestro parezca sorprendente,
claramente existe algo muy simbólico en ella, ya que no es el único ejemplo de
este tipo dentro de la tradición budista. Después de la muerte del gran yogui
Milarepa, después de su retirada del plano mundano, sus discípulos mostraron
el mismo tipo de avaricia por las reliquias que habían demostrado los discípulos
del Buda. Con un simbolismo característicamente apocalíptico y magnífico, la
leyenda tibetana describe la manera en que las reliquias de Milarepa se
condensaron en una esfera de luz brillante que flotó por encima de las cabezas
de los discípulos. Cada vez que intentaban cogerla, se elevaba en el aire fuera
de su alcance; en cuanto dejaron caer sus manos avaras, bajó un poquito,
tentadora pero siempre fuera de su alcance. Sucediera esto o no, es evidente que
el simbolismo es muy significativo.
En
el caso del Buda, tribus, ciudades, incluso reyes y jefes reclamaron las
reliquias. Por ejemplo, los Shakyas (la tribu del propio Buda) dijeron: - El
Buda nació entre nosotros. Más que nadie, nosotros tenemos el derecho de
guardar las reliquias.- A su vez los Mallas dijeron: - Naciera donde naciera,
vivió entre nosotros y nos enseñó durante mucho tiempo, así que nosotros
tenemos el derecho de poseer las reliquias. Así se sucedían las disputas,
tribu tras tribu poniendo sus demandas. Fue necesario que un Brahmán sabio les
recordara que era indecoroso que discutieran de tal manera sobre las reliquias
del Buda, habiendo muerto El tan recientemente. Los discípulos recapacitando
sobre esto recuperaron el buen juicio y se pusieron de acuerdo: las reliquias
fueron divididas en ocho porciones, una para cada tribu que las había
reclamado. Cada comunidad construyó una estupa sobre su porción de las
reliquias y también fue construida otra sobre la jarra en donde se las había
guardado.
El
hecho de que esta disputa tuviera lugar entre los seguidores laicos del Buda
(aparentemente los monjes no querían tener nada que ver con esto) sugiere que
la práctica de la veneración de las reliquias de personas importantes no
formaba parte de la enseñanza del Buda, sino que fue una práctica étnica que
era ya popular entre sus discípulos laicos. Fuera lo que fuese, está claro que
después de la muerte del Buda, la veneración de estupas y el adornarlas llegó
a ser una práctica religiosa muy popular durante mucho tiempo. De hecho,
durante cientos de años después de la muerte del Buda, la construcción,
veneración y decoración de las estupas fueron las principales prácticas
religiosas del laicado. En aquel entonces no existían templos ni imágenes; el
laicado no meditaba ni se marchaba a vivir a la jungla, como los monjes, así
que cabe preguntar ¿Qué práctica religiosa podían entonces hacer? Podían
hacer ofrendas a las estupas y venerar las reliquias. De esa manera podían
mantener vivo el recuerdo del Buda y el ejemplo que él había dado.
El
sutra Mahaparinibanna nos cuenta que el Buda dijo a sus discípulos que
construyeran una estupa para sus restos, pero no dice nada sobre en que modo
quería El que se hiciera. En una tradición de fuentes tibetanas se dan algunos
detalles. Cuando el Buda dijo que construyeran una estupa, los discípulos le
preguntaron en que forma la quería. El Buda no contestó con palabras sino con
una demostración práctica. Cogió su hábito exterior amarillo y lo dobló dos
veces para que formara un cubo; después le puso su cuenco redondo encima pero
boca abajo. “Haced la estupa de esta forma” dijo. Es evidente en los restos
arqueológicos de lugares budistas de la India que esta forma – un cubo
cuadrado con un hemisferio encima – fue la forma más antigua de la estupa.
Al
principio, los monjes, los seguidores más dedicados, no estaban muy contentos
con la práctica de devoción a reliquias. Pero como llegó a ser una práctica
muy popular entre los laicos, los monjes tuvieron que aceptarla como parte de lo
ortodoxo. De hecho, y según textos como el Kathavatthu, algunos de los
monjes atribuyeron mucho valor devocional y espiritual a la práctica de
reverenciar la estupa. La práctica se estableció con firmeza durante el reino
de Asoka (el rey de Magadha del siglo tres antes de Cristo que extendió su
reino por toda la India y fundó el imperio Maurya). El propio Asoka, según se
cuenta, fue un gran constructor de estupas. Las leyendas dicen que en un solo día
construyó 84.000 estupas – un trabajo tremendo incluso para Asoka. Se dice
que para poder hacerlo el preceptor espiritual de Asoka extendió su mano al
cielo y paró el sol hasta que el gran trabajo fue acabado – leyenda parecida
a la de Josué, en el Antiguo Testamento.
Desde
la época de Asoka, las estupas fueron construidas cada vez más grandes y
elaboradas y eran objetos de más y más devoción. Los arqueólogos han
descubierto estupas que eran al principio relativamente pequeñas pero que
fueron expandidas por la sencilla práctica de construir una capa más sobre la
estructura básica del cubo y hemisferio, y esto repetido varias veces. Y no
solamente crecieron sino también “viajaron” a otros países. Los budistas
en Sri Lanka, Birmania y Asia Central empezaron a construir sus propias estupas
– algunas más grandes aún que las de la India. Todavía mayor es la gran
estupa de Borobadur construida en el primer siglo de la era cristiana (la misma
época que El sutra del Loto Blanco).
He
aquí el extracto de la traducción de Kern – tal vez no tan poética como
desearíamos– que describe la aparición de la estupa en medio del sutra:
“Entonces apareció una estupa formada de las siete preciosas
sustancias, del lugar de la tierra frente al Señor, la asamblea estando en
medio; una estupa de quinientas yoganas de altura y de la misma proporción
de circunferencia. Después de su aparición, la Estupa, un fenómeno meteórico,
se quedó en el cielo, brillante, decorada de forma hermosa con cinco mil
terrazas de flores, adornada con miles de arcos, embellecida con miles de
banderas triunfales, con miles de guirnaldas de joyas y campanas; emitía el
perfume de xanthochymus y de sándalo cuya fragancia se extendía por
todo el mundo. Hileras de parasoles subían lo suficiente como para tocar las
moradas de los cuatro guardianes del horizonte y de los dioses. La estupa
consistía de siete preciosas sustancias: oro, plata, lapizlásuli, musaragalva,
esmeralda, coral rojo y piedra de karketana, y una vez formada, los
dioses del paraíso la cubrieron con flores de mandarava y gran mandara. De
la gran estupa de las siete sustancias salió una voz: “¡Excelente, excelente,
Sakyamuni! Usted ha expuesto bien este Dharmaparyaya del Loto de la buena
ley. Así es Señor; así es Sugata.”
Esta es la estupa que aparece en el sutra – sin duda una versión idealizada del tipo de monumentos que se podía ver por todas partes de la India en la época del sutra. Ahora, hemos colocado la estupa en su contexto histórico, pero aún no tenemos la respuesta a la pregunta de qué es una estupa. Tenemos que preguntarnos qué representa y qué simboliza, y la respuesta está conectada con el simbolismo de los cinco elementos.
Los cinco elementos
son los tradicionales: la tierra, el agua, el fuego, el aire y el éter o
espacio. No obstante no han de considerárseles literalmente sino simbólicamente,
y ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué es lo que los constructores de las estupas
tenían en la mente? La respuesta en una palabra es: energía.
La tierra en este contexto no es la sustancia oscura y húmeda que se coge del suelo. Como símbolo, la tierra representa energía en un estado de contracción y cohesión. El elemento tierra es el principio de la solidez, aquel que hace que todo se una, algo así como la ley de gravedad. Así pues, la tierra representa la energía bloqueada, congelada, petrificada, cristalizada. De la misma manera, el agua como elemento simbólico no es la sustancia que bebemos sino la energía en un estado de oscilación u ondulación; no está completamente bloqueada, ni tampoco totalmente libre. Simplemente va y viene, va y viene entre dos puntos. Esto es la energía que el elemento agua representa. Después el fuego, ¿qué representa? Claramente, el fuego siempre sube hacia arriba. Un fuego nunca quema hacia abajo – al menos no por sí solo – sino siempre hacia arriba. De esa manera, el fuego representa la energía que se mueve hacia arriba, ascendiendo, digamos sublimando. En cuarto lugar el aire simboliza la energía que no solamente está expandiéndose y ascendiendo sino que está también descendiendo y extendiéndose por los dos lados. En otras palabras, el aire es energía en un estado de expansión, difundiéndose en todas las direcciones desde un punto central.
El
simbolismo del elemento éter o espacio es mucho más difícil de explicar. Éter
o espacio son traducciones poco satisfactorias de la palabra sánscrita akasa,
cuya raíz quiere decir brillar y a veces se aplica al cielo. Pero el
significado real de akasa es la energía primordial de la cual los otros
cuatro elementos – la tierra, el agua, el fuego y el aire – son
manifestaciones toscas. Estos son como las olas de distintas formas y
configuraciones, mientras que el éter - el espacio, akasa, la brillantez
o el resplandor – es como el océano mismo. Para dar una idea de la naturaleza
de akasa, se podría decir que en algunos contextos es algo entre lo que
llamamos materia y lo que llamamos espíritu o consciencia.
Los
cinco elementos, pues, simbolizan diferentes estados de energía física.
Podemos verlos y experimentarlos en el mundo exterior; todo está compuesto de
las cualidades de solidez, fluidez, temperatura, aire y espacio. Y los
experimentamos dentro de nosotros mismos, en el cuerpo humano. Se puede decir
que la tierra es la cualidad de la solidez y de la resistencia del hueso y el músculo.
El agua es la cualidad fluida de la sangre y la linfa. El fuego es el calor, la
temperatura del cuerpo. El aire es la inhalación del oxígeno y la expiración
de dióxido de carbono. Todas estas cualidades están contendidas dentro del
espacio que el cuerpo ocupa.
Por
supuesto tenemos energías mentales y psíquicas además de las energías físicas
y estas energías mentales también están representadas por los cinco
elementos. En términos de energía física, digamos que la tierra representa un
estado de energía psicológica bloqueado, un bloqueo emocional. Cuando uno está
bloqueado emocionalmente ¿Cómo se siente? Se siente contraído y restringido;
encerrado en sí mismo, rígido, tenso y sin vida, como un cadáver mental. Esto
es el estado de tierra. Es como si un hombre estuviera atado sin que pudiera
moverse; o quizá sólo pudiera mover el dedo del pie o el párpado, y poco más.
El
agua representa el estado de movilidad extremadamente limitado, como un cubo de
hielo que acaba de descongelarse. En este estado la energía tiene un poco de
libertad; se han quitado los bloqueos, al menos hasta el grado en que puede
moverse de un lado al otro. Es como alguien con los brazos y las piernas libres
pero que se encuentra en una celda pequeña con sólo espacio suficiente para
dar unos pasos adelante y atrás. La energía está liberada sólo parcialmente,
de modo que es posible el movimiento adelante y hacia atrás, o alrededor en
pequeños círculos; éste es el estado en que la mayoría de las personas
viven.
El
fuego representa un estado de liberación de energía en dirección ascendente.
Aquí, la energía está sublimada y uno experimenta inspiración, como si se le
hubiera levantado, o exaltado, o anduviera por el aire. Él “estado de
fuego” es como el de la persona encerrada en una celda que no tiene techo; está
abierta al cielo, a las estrellas y la persona sólo tiene que ascender por el
aire.
El
aire es la energía en proceso de hacerse completamente libre. Todos los obstáculos
y bloqueos psicológicos han sido quitados. Uno siente una expansión en todas
direcciones, transcendiendo la individualidad estrecha y limitada. Este estado
parece el de la persona en cuya prisión las paredes de repente han sido
derribadas y tiene libertad absoluta para poder ir a donde quiera. Aquí la metáfora
deja de funcionar porque como individuo el ex prisionero sólo puede ir en una
dirección a la vez. Pero en el estado simbolizado por el elemento aire, uno
puede expandirse simultáneamente en todas las direcciones del espacio, lo cual
significa, el transcender la propia individualidad.
¿Y
akasa – cómo encaja en la imagen? ¿Qué representa? De una manera
general, akasa es la dimensión más elevada dentro de la cual dichos
movimientos tienen lugar - el movimiento de la tierra, la oscilación u ondulación
del agua, el movimiento ascendente del fuego, la expansión del aire – todos
estos tienen lugar dentro de akasa, una dimensión por encima de ellos y
que los contiene e incluye.
Desarrollando
el simbolismo aún más, se puede decir que los cinco elementos simbolizan cinco
tipos distintos de personas: la tierra simboliza la persona psicológica y
emocionalmente paralizada; el agua simboliza la persona llamada normal: una
persona con algo de energía libre pero que todavía vive dentro de ciertos límites
de una manera repetitiva y reactiva; el fuego simboliza al artista, al poeta, al
músico, al pensador y al meditador porque ellos están levantándose, sublimándose
y ascendiendo; el aire simboliza al místico, que está siempre involucrado en
transcender el ser. El espacio simboliza al sabio plenamente iluminado quien ha
cumplido el proceso de auto transcendencia – en otras palabras, al Buda.
Según
la tradición, cada uno de los cinco elementos está asociado con un color: la
tierra con el color amarillo; el agua con el blanco; el fuego con un rojo vivo;
el aire con un bello verde claro; el espacio con el azul o a veces con el color
de una llama dorada. También los elementos están asociados con formas geométricas:
la tierra con el cubo; el agua con la esfera; el fuego con el cono o la pirámide;
el aire con la forma de un platillo o cuenco poco profundo, como la cúpula
celestial invertida; y el espacio con la forma de una joya en llamas.
Existen
otras asociaciones, por ejemplo, según algunos sistemas de yoga, los cinco
elementos se relacionan con los cinco centros psíquicos dentro del cuerpo
humano: la tierra con el más bajo, que se sitúa entre el ano y los genitales;
el agua con el centro del plexo solar; el fuego con el corazón; el aire con la
garganta y el espacio con el centro de la coronilla. Además se puede hacer una
relación entre los cinco elementos y los cinco Budas, pero aunque la exploración
del simbolismo de los elementos es fascinante, ahora es necesario volver a la
pregunta: “¿Qué es una estupa?”
Los
cinco elementos, representados por distintas formas geométricas y colores
pueden combinarse en la siguiente manera: la tierra – un cubo amarillo; el
agua - una esfera blanca; el fuego – un cono rojo o una pirámide; el aire –
un platillo verde; y el espacio – una gota en forma de joya con el color de
una llama (algunos traductores describen este último como una esfera pero en
realidad parece más una joya). Estas formas colocadas una encima de la otra,
ascendiendo según su sutileza y libertad de energía nos da la estructura básica
de la estupa. Por lo tanto la estupa simboliza la liberación progresiva de
energía, el proceso de crecimiento y desarrollo, la Evolución Superior. Así
pues encarna en términos arquitectónicos el significado entero del Budismo en
general y de El sutra del Loto Blanco en particular. No es sorprendente
entonces encontrar la estupa en muchos sitios y como objeto de tanta devoción.
En
el transcurso de los siglos la estructura básica de la estupa ha cambiado;
algunos cambios han sido originados por razones espirituales y otros por razones
más bien culturales o arquitectónicas. Uno de estos cambios está relacionado
con un aspecto del simbolismo de los elementos: su relación con los centros psíquicos
de cuerpo humano.
Imaginemos
frente a nosotros un ser humano sentado con las piernas cruzadas como si
estuviera meditando, y una estupa que tiene la misma altura que la persona. Si
identificáramos las posiciones de los centros psíquicos en el nervio medio de
la persona y luego miráramos a la estupa, veríamos que los centros
corresponden con las formas geométricas. Ahora, si imagináramos que otro cubo,
más pequeño que él que está en la base de la estupa se colocara entre la
esfera y el cono y que todo la estructura de las seis formas estuviera vacía de
tal manera que la persona pudiera sentarse dentro, sus ojos estarían al mismo
nivel que el segundo cubo pequeño, y si éste fuera además transparente, los
ojos se verían.
Puede
que esto os recuerde algo. Si alguna vez habéis estado en Nepal o si habéis
visto fotos de las estupas de ese país, seguramente esto os recordará a la
estupa típica de Nepal. En los cuatro lados del cubo pequeño (que se llama harmika)
hay un par de ojos pintados. Cuando se ven estas estupas en la distancia, con
los ojos pintados en los lados, se produce un efecto muy extraño, especialmente
dado que las estupas son tan grandes que dominan por completo el paisaje. Los
ojos te miran desde arriba con un ceño ligeramente fruncido y desaprobador que
no parece del todo imaginario.
La
existencia de estos ojos nos recuerda que la estupa está relacionada con el
cuerpo humano mismo, que los elementos de la estupa corresponden a los centros
psíquicos y que ambos representan un movimiento progresivo y ascendente, un
movimiento de evolución espiritual. ¿Pero por qué se le puso a la estupa el
segundo cubo? ¿Además, por qué se añadieron el cono, el platillo y la joya a
los sencillos elementos originales? ¿Y por qué se cambió la parte cónica en
la estupa nepalí de modo que ha llegado a parecer una serie de anillos de diámetro
en disminución gradual?
La
respuesta a estas preguntas tiene que ver con el simbolismo del yin y el yang.
Los términos yin y yang son chinos y no hindúes y representan
una polaridad de validez e importancia universal; además son bastante conocidos
en occidente por lo cual hago alusión a ellos. Cuando vimos La parábola de
la gran nube y la del sol, vimos que el principio yin se asocia con
la tierra, con el agua y con las profundidades, mientras el principio yang
se asocia con el cielo, con el fuego y con las alturas. El yin es el
principio negativo y pasivo – el principio femenino si el término se usa de
forma específica. El yang es el principio activo y masculino, el
principio positivo. El yin es simbolizado por la luna y el yang por
el sol. El yin es emoción, el subconsciente; el yang es la razón,
la mente consciente. El yin es la vida; el yang es la luz; el yin,
es incluso, la evolución inferior y el yang la superior. En el
transcurso de la evolución del individuo, es necesario equilibrar y sintetizar
el yin y el yang. Hemos visto que la planta es el producto de la
lluvia y el suelo por un lado y el espacio y la luz del sol por el otro. De la
misma manera, el individuo que se desarrolla está nutrido tanto por las fuerzas
del yin como por las del yang.
Ahora
bien ¿Qué tiene que ver esto con la estupa? El montículo funerario prebudista
consistía simplemente en un gran montón de tierra, un túmulo, el lugar en que
respetuosamente
se guardaban los restos de los héroes, los reyes y lo sabios y que era donde se
centraban los ritos del culto a los muertos. Estos túmulos naturalmente fueron
asociados con la Tierra y de ese modo también con la matriz de la Madre
Naturaleza, y lo maternal en general. Por consiguiente, en su forma original, la
estupa era un símbolo del principio del yin. Las estupas más tempranas,
hechas del cubo y la esfera, o semi-esfera, estaban también asociadas con el yin,
ya que tanto el cubo como la esfera son símbolos yin, o símbolos
lunares.
¿Pero
de dónde salió el cubo menor? y ¿Cuál es el origen del parasol triple que se
coloca en muchas estupas sobre el cubo menor? Estos dos símbolos provienen de
un antiguo culto indio pre-budista que existía junto al culto a los muertos: el
culto al sol. Entre los muchos símbolos solares de la India antigua sobresalen
dos de importancia particular: el fuego sagrado y el árbol sagrado. El fuego
sagrado ardía en el hogar de todo seguidor ortodoxo de los Vedas. Ardía también
en el centro de la aldea, dentro de un santuario de ladrillos en forma de cubo
con un pequeño altar, era como una pequeña cabaña glorificada. Este tipo de
santuario con frecuencia se encontraba junto al árbol sagrado de la aldea, un bayan
o un peepul, pues el árbol era también un símbolo solar. Por
tanto, el harmika, el segundo cubo de la estupa simboliza el altar del
fuego sagrado, y el parasol que lleva encima proviene del árbol.
Podemos
pues ver como se desarrolló la estupa; dos símbolos solares, el altar del
fuego y el parasol o árbol, fueron puestos sobre los dos símbolos lunares, el
cubo y la esfera o semi-esfera. Posteriormente el plato y el cono fueron
colocados sobre el cubo y la esfera. De modo que la estupa dejó de ser sólo un
despliegue de los cinco elementos en orden ascendente. Paso a ser también una síntesis
de los símbolos solares y lunares indios, así como una síntesis de los
principios del yin y del yang. Podríamos decir que la estupa
representa una síntesis de los aspectos diferentes, o los polos opuestos, de
nuestra propia indisciplinada naturaleza.
La
estupa estándar consta de siete partes. En la parte inferior está la base, el medhi,
que representa al elemento tierra, al principio yin, y puede ser
simplemente un cubo o tener unos peldaños, generalmente cuatro.
A
continuación está la porción semiesférica, que en sánscrito se le llama anda
(literalmente: huevo), o garbha (el recipiente, cofre del tesoro, la
matriz), acepciones todas muy simbólicas. A la estupa cingalesa se le llama dágoba,
una degeneración del término sánscrito dhatu garbha (receptáculo de
reliquias) y la porción semiesférica tiene de hecho forma de campana, lo que
le da su belleza característica. En la estupa tibetana, el chorten, se
da la misma forma campaniforme pero invertida. Tiene la forma de cáliz que es
idéntica a la del vaso de la inmortalidad, el amrta kalasa, en sánscrito,
o el bumpa, en tibetano; este es el vaso que sujeta Amitayus, el Buda de
la Vida Eterna. Esta asociación con el vaso de la inmortalidad representa la
receptividad del principio lunar al principio solar, o del yin al yang
- incluso el principio lunar transformado por el principio solar. Hay que
recordar también que esta porción de la estupa simboliza al elemento agua, que
por lo tanto simboliza además al principio del yin.
La
tercera parte de la estupa estándar es el cubo que se originó en el altar al
fuego de la tradición védica. En esta sección, llamada harmika, se
guardan las reliquias. El cuerpo físico del Buda fue consumido por el fuego,
igual, podríamos decir, que fue consumido su sentido del Yo en el fuego de su
práctica espiritual y su realización. Por lo tanto, esta porción de la estupa
simboliza al elemento fuego y al principio del yang.
La
cuarta porción la aguja o kunta, el parasol y el árbol, se desarrollo
por un largo período hasta que llegó a la forma de trece anillos cuyo diámetro
disminuye a medida que ascienden. Estos representan a los trece bhumis,
las fases por que pasa el Bodhisattva en su camino a la Iluminación. En la
China, esta porción de la estupa fue separada del resto para convertirse en lo
que en Occidente llamamos pagoda, un elemento muy característico del paisaje
chino. Podría parecer que si la estupa original, el cubo y la esfera,
simbolizaban sólo al principio yin, con la pagoda se fue al extremo
opuesto y se convirtió en un símbolo únicamente del principio yang. No
obstante, se puede aducir que como la pagoda se alza sobre la tierra el
equilibrio sigue manteniéndose. Teniendo la tierra como base, la pagoda no
necesita ningún otro elemento arquitectónico.
Desde
el punto de vista geométrico, esta porción de la estupa representa al elemento
fuego, si bien en la estupa de siete secciones el fuego está ya representado
por el harmika, en este caso la aguja representa al elemento aire. En
cualquiera de los dos casos, ya simbolice fuego o aire, representa al principio
del yang.
La
sección quinta es el plato o cuenco. Esta en su origen representaba el espacio
o el éter, que es la síntesis del yin y del yang. Pero
posteriormente se convirtió en una media luna pura en cuarto creciente, lo que
simboliza al principio del yin en forma sumamente purificada y sublimada.
En sexto lugar viene el disco solar, que representa al principio del yang
también sumamente purificado y sublimado.
Por
último, la joya del color de la llama o de los colores del arco iris, surge del
disco solar rojo. Este símbolo no sólo se encuentra en la cima de las estupas,
también aparece sobre la cabeza de todas las imágenes de Budas en todos los países
y períodos, recordándonos así que el significado original de la palabra
estupa se refiere a la coronilla, la parte superior del cráneo. La ushnisha,
que los traductores occidentales traducen con nada de elegancia como la
protuberancia búdica, a veces tiene la apariencia de una llama ascendente sobre
la cabeza del Buda, a veces la de un capullo de loto. El significado de la ushnisha
es el mismo que el de la joya de color de llama de la cima de la estupa: la síntesis
total del yin y del yang. ¿Cuál es la síntesis al nivel más
elevado de los principios del yin y del yang? Es la Iluminación
misma: éste es el verdadero significado de la joya color de llama.
En
vista de esto, no es sorprendente que la estupa, tanto en el contexto histórico
como en el doctrinal, sea a veces considerada como el símbolo más importante
del budismo; aun más importante que la bien conocida imagen del Buda. No es
sorprendente que la estupa haga esa repentina aparición dramática justo a la
mitad de El sutra del Loto Blanco. Recordaréis que cuando aparece la
estupa los discípulos del Buda le ruegan que la abra, y Shakyamuni se eleva en
el aire y tira del pestillo de la puerta en la mitad de la estupa. Una vez
abierto el pestillo la puerta se abre con un sonido como el del trueno, dentro
de la estupa se revela el cuerpo del antiguo Buda Tesoros Abundantes que sigue
intacto después de incontables años. Tesoros Abundantes invita entonces a
Shakyamuni a compartir su asiento, de modo que ambos Budas se sientas juntos
dentro de la estupa. ¿Qué quiere decir esto? Debe querer decir algo, cualquier
imagen del sutra tiene significado. Puesto que Tesoros Abundantes es el Buda del
pasado remoto y Shakyamuni es el Buda del presente, este episodio representa la
unión del pasado y del presente. Pasado y presente se han convertido en uno.
Pero hay un significado más profundo en este episodio. Se nos dice que Tesoros Abundantes es el Buda del pasado ¿Pero de qué pasado? No el de hace mil años, ni el de hace un millón; se nos dice que es el de hace incalculables e insondables miríadas y miríadas de años. Ahora bien, cuando se amontonan así los períodos de tiempo, lo que realmente se está diciendo es que este Buda está más allá del tiempo. El no es sólo el Buda de un pasado remoto, es el Buda primordial, el del origen metafísico de todas las cosas, que quiere decir la carencia de origen. Es decir, Tesoros Abundantes es el Buda eterno, más allá del pasado, más allá del presente y más allá del futuro; totalmente fuera del tiempo. Esto quiere decir que cuando Shakyamuni, el Buda del presente, toma asiento dentro de la estupa junto al Buda eterno, Tesoros Abundantes, la dimensión del tiempo y la de la eternidad están en coalescencia. Al contener a Tesoros Abundantes y a Shakyamuni, la estupa contiene tanto al tiempo como a la eternidad. Por lo tanto, la estupa tal y como surge en El sutra del Loto Blanco, no representa sólo la síntesis general de los principios del yin y del yang, ni aun a niveles muy sublimes. Lo que representa es la síntesis superior y más completa de todas: la síntesis del tiempo y de la eternidad.