OJÉBAR, UN PUEBLO OLVIDADO

Según el diccionario ESPASA, Ojébar tenía en 1.910 nada menos que 290 habitantes y 93 edificios y casas, sin contar Torcollano que contaba, a su vez, con 84 habitantes y 42 casas, o Santa Cruz que tenía 120 habitantes y 30 casas.

En LA GRAN ENCICLOPEDIA DE CANTABRIA, que es de 1.988, se dice que Ojébar tenía ese año 158 habitantes. Por tanto en el intervalo de 78 años, que son dos generaciones, Ojébar ha perdido 132 habitantes, continuando el deterioro hasta nuestros días. Así, en los apéndices de dicha enciclopedia publicados en 2.002, se dice que la población de Ojébar, según el padrón de 1.999, es de 142 habitantes, un descenso, por tanto, de otras 16 personas en once años. Según este último censo, las viviendas en Ojébar son ahora 58 y la edad media de los vecinos, 51 años. En resumen, un panorama que revela el continuo deterioro del pueblo, la falta de perspectivas, el envejecimiento de la población y la falta de jóvenes que aporten natalidad y, con ella, el dinamismo necesario para que un pueblo pueda tener futuro.

El deterioro de la población de Ojébar corre parejo con el del pueblo en sí mismo. Casi todos los pueblos han progresado en estos últimos años, notándose con claridad en ellos la mejora del nivel de vida en forma de nuevas y mejores casas, mejores carreteras y caminos, mejores equipamientos y servicios públicos, etc. En Ojébar, sin embargo, el progreso parece haberse detenido, porque en los últimos años no se ha hecho ninguna inversión pública digna de tal nombre. Si a esto se une que los viejos se van muriendo y que los jóvenes abandonan el pueblo en busca de mejores oportunidades y comodidades, el resultado es un pueblo de casas abandonadas y semiderruídas, caminos vecinales sin asfaltar que se convierten en auténticos barrizales en invierno, caso, por ejemplo de "El Barrio"; falta de aceras, falta de equipamientos y servicios, y así un largo etcétera.

Este abandono general afecta, también, al rico patrimonio monumental y etnográfico del pueblo. A destacar, especialmente, el estado ruinoso del pórtico y aneja casa rectoral de la maravillosa iglesia de San Sebastián, construida entre los siglos XV a XVII por canteros y maestros de obra en su mayoría naturales del propio Ojébar. Parecido destino comparten otros elementos del patrimonio etnográfico del pueblo: concretamente las fuentes del "Borto" y de Casavieja, de buena sillería del s. XIX, o el abrevadero y lavadero de Santa Ana con la techumbre podrida.

Mucha gente de Ojébar echa la culpa de este abandono al "centralismo" de Rasines, en el sentido de que todas las inversiones irían a parar al propio centro del municipio, en el que se asienta el Ayuntamiento. Pero esto no es así. Por desgracia, ni Rasines como "capital", ni Rasines como municipio, pueden presumir de estar mucho mejor. Y esto no lo decimos nosotros sino las cifras oficiales. Citando, una vez más, a la GRAN ENCICLOPEDIA DE CANTABRIA (Edición 2002, Tomo XI, pp.99), leemos: "El índice de bienestar social, calculado a partir de diversos indicadores económicos, sociales y territoriales, sitúa al municipio (de Rasines) en el puesto 84 del ranking regional". Dudoso honor, habida cuenta de que en Cantabria hay 102 municipios. Por tanto aún nos queda el consuelo de que, detrás de nosotros, hay en Cantabria 18 municipios que viven todavía peor. Suponemos que son los que agrupan a los pueblines de la Cantabria más profunda, esos que se quedan aislados por la nieve en invierno y donde bajan los lobos a comerse los rebaños. Pero en el caso de Rasines, que ya en la Edad Media tenía más de 1000 habitantes por su excelente ubicación y actividad económica, la actual dejadez y abandono resultan sangrantes.

Una vez más debemos citar a la GRAN ENCICLOPEDIA DE CANTABRIA (Edición 2002) para darnos cuenta, en toda su crudeza, de la imparable cuesta abajo por la que se desliza el conjunto del municipio de Rasines: "El descenso de la natalidad hasta tasas bajísimas, en el 2002 próximas al 7 por mil (la tasa de natalidad española es algo inferior al 2 por ciento), el incremento constante de las tasas de mortalidad como consecuencia del progresivo envejecimiento de la población y unos saldos vegetativos y migratorios constantemente negativos, explican la regresiva demografía de este municipio que, desde 1981, ha experimentado una pérdida del 13,2% de sus efectivos demográficos". Y es que en el conjunto de Rasines la edad media es de 47 años y la tasa de mortalidad es seis puntos superior a la de la natalidad. Sólo este dato bastaría para quitar el sueño a cualquier político, pues si no se corrige la tendencia es la muerte del pueblo.

En Rasines hay pocos nacimientos porque hay pocos jóvenes y muchos de estos, además, emigran. Está claro que si los jóvenes emigran es porque en nuestro municipio no tienen perspectivas, entre otras cosas porque la estructura económica del pueblo está muy descompensada a favor del sector primario (agricultura y ganadería), al que se dedica casi la mitad de la población activa (exactamente el 46,6%) y esta actividad a los jóvenes ya no les gusta. Otras de las razones serían la falta de una vivienda a precio asequible, la falta de equipamientos, etc.

Lo mismo que Rasines en general, el deterioro de Ojébar en particular nos duele más por el potencial y las posibilidades de desarrollo que éste tiene. Ojébar, en efecto, ocupa un lugar privilegiado en nuestro municipio. Es un pueblo con unas maravillosas vistas y un paisaje aún sin degradar, rodeado de praderías y bosques que hacen de él un magnífico parque natural. Además de sus posibilidades para la ganadería, podía ser un excelente destino turístico, naturalmente efectuando las inversiones adecuadas. Hoy en día, un número cada vez mayor de personas busca un turismo de calidad en espacios naturales donde, además del contacto con la naturaleza, puedan encontrar buenos servicios y actividades para toda la familia. En el caso de Ojébar no bastaría, por tanto, con tener un par de posadas rurales, que una ya la tiene. Sería necesario diseñar un plan integral para transformar todo el pueblo, potenciando todos aquellos aspectos que hicieran de Ojébar un destino atractivo. Plan que debería contemplar un conjunto de actuaciones, desde infraestructuras a equipamientos, desde repoblación forestal y cinegética hasta restauración de casas y patrimonio.

Ese es el reto de Ojébar y de su futuro, el de encontrar soluciones ambiciosas, pero realistas, a sus problemas. Cuando menos, que se vaya trabajando en la buena dirección, que es la mejora de la calidad de vida de sus habitantes. La mala dirección son soluciones chapuceras al estilo "operación chinarro" a la que estamos acostumbrados cada cuatro años, antes de las elecciones. Por lo menos, que no se nos trate de tontos.


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