Rasines es un patrimonio de todos los del pueblo. Es un patrimonio que hemos heredado de nuestros padres, de nuestros abuelos, de nuestros antepasados, todos los cuales se esforzaron en mejorarlo para las generaciones futuras. De la misma manera que nosotros nos esforzamos en conservar y mejorar nuestro patrimonio individual, una casa, una finca, lo mismo debemos hacer con nuestro patrimonio colectivo, que es Rasines.
Cuando, por alguna circunstancia, no podemos gestionar personalmente nuestro patrimonio individual, entonces nombramos un Administrador. Al Administrador le damos poderes para que actúe en nuestro nombre, pero siempre permanecemos vigilantes para comprobar que dicha actuación es conforme a nuestros intereses y, en caso contrario, lo sustituimos por otro. Lo mismo ocurre con nuestro patrimonio colectivo, que es Rasines. Dado que no podemos ocuparnos personalmente de su gestión, entre otras cosas porque es un bien que pertenece a cientos de personas, cada cuatro años todos los vecinos nos ponemos de acuerdo para nombrar un Administrador, al que llamamos Alcalde. Pero ello no significa darle un cheque en blanco. Tanto para ayudarle en su gestión, como por si se desvía de nuestros intereses, es necesario ejercer la supervisión y el control municipal. Ello se realiza a través de los partidos de la oposición pero, también, a través de la intervención directa ciudadana, ya sea de forma individual o de forma colectiva por medio de asociaciones de vecinos.
Las asociaciones están recogidas en nuestra legislación mediante la "Ley de Asociaciones", que reconoce su "utilidad pública" y que contempla la posibilidad de subvenciones y facilidades para las mismas. Y es que la madurez democrática de un pueblo se mide por la cantidad y calidad de sus asociaciones ciudadanas. La razón es sencilla: en democracia, es el ciudadano el único soberano, él es el sujeto de derechos y deberes. Todas las demás instituciones democráticas lo son por delegación de ese ciudadano, porque éste, con su voto a través de las urnas, ha decidido que otros lo representen.
En Rasines, desde asociaciones como ADIR nos esforzamos en participar en la cosa pública, en ofrecer críticas o sugerencias para la mejora del pueblo. Todos los vecinos deberíamos hacer lo mismo. Si Rasines es patrimonio de todos, a nadie nos es indiferente la gestión municipal y todos tenemos algo que aportar. También desde el Ayuntamiento se tendrían que ver las asociaciones como algo positivo a favorecer y fomentar, aunque a veces resulten incómodas por su labor crítica. Pero en eso consiste, precisamente, la democracia.