RESTAURACIÓN SAN ANDRES DE RASINES
La Asociación para la Defensa de los Intereses de Rasines (ADIR), desea dar las gracias a la Consejería de Cultura por acometer, finalmente, la restauración de la torre de la iglesia parroquial de San Andrés de Rasines, declarada Bien de Interés Cultural del Patrimonio de Cantabria. Claro que si no se hubieran dejado pasar más de veinte años desde su hundimiento se habría podido evitar el deterioro y el expolio sufridos por la iglesia. Esperemos que a partir de ahora y una vez reconstruida la torre, la Consejería continúe la restauración de la totalidad de la iglesia, especialmente de su valiosísimo retablo.
Rasines ha sido la cuna de grandes arquitectos y canteros en los siglos XVI y XVII, auténticas sagas familiares: los Gil de Hontañón, los Viar de Rasines, Ezquerra de Ojébar, los Sebastián Oria de Ojébar, etc. La iglesia de San Andrés de Rasines, tal como hoy la conocemos, es obra precisamente de uno de ellos, Rodrigo Viar de Rasines, realizada en estilo tardogótico sobre piedra arenisca y finalizada en marzo de 1618 por encargo del Obispo de Burgos, de quien dependía nuestra diócesis por aquel entonces. Inicialmente iba a ser una iglesia de tres naves de la cual, el propio padre de Rodrigo, Pedro Viar de Rasines, redactó el proyecto en 1560, pero dificultades económicas aconsejaron dejarla de una sola nave, que es la actual, las mismas dificultades que prolongaron su construcción durante sesenta años. Desconocemos el coste total de la obra de la iglesia, pero sí sabemos que la terminación de su última fase fue adjudicada en subasta en 1605 por 3.500 ducados al maestro de cantería Juan de Monasterio, natural de Gibaja. Posteriormente en 1756 se añadió el pórtico de estilo clásico con cuatro arcadas de medio punto rebajado de la fachada sur, obra de Andrés de Bolde, que costó 9.344 reales de vellón. En 1885 se construyó la casa rectoral de la misma fachada sur, que costó 10.000 reales. En 1889 se colocó en el coro un valioso órgano belga, único entonces en España, construido por Mons Annessens, que costó 40.000 reales y fue donado por Pedro Ortiz Gil. En 1891 se elevó la torre para dar cabida a un magnífico reloj construido en Santoña que costó 18.000 reales y fue donado por Francisco Pando Ortiz. Ambos, órgano y reloj, se destruyeron junto con la torre. Parece ser que donde hoy se ubica ésta, ya existió otra iglesia o capilla en el s. XIII y pudo ser una fundación de la familia Alvarado Sarabia de Rasines, de la que sabemos cobraba diezmos y patronazgo de dicha iglesia y de la de San Sebastián de Ojébar en el s. XV.
Lo más valioso de San Andrés de Rasines es, sin embargo, su retablo, sin duda el mejor retablo barroco de toda Cantabria. Es obra de Jerónimo de Angulo y se construyó en 1668 en madera de castaño dorada y policromada. Con más de diez metros de altura y tres cuerpos, el primero está presidido por un gran templete-ostensorio para exposición del viril; el segundo por la imagen de San Andrés, patrón de Rasines; y el tercero por la Asunción, imagen ésta flanqueada por los escudos de la familia Sarabia de Rasines. Por lo demás el retablo se adorna con los motivos típicos del apogeo del barroco: columnas salomónicas abrazadas por uvas y pámpanas, profusión de motivos florales, relieves con escenas bíblicas, etc.
Si hemos comenzado dando las gracias a la Consejería de Cultura por el inicio de la obra, ahora debemos mostrar el rechazo más absoluto de ADIR y del pueblo de Rasines en general por el proyecto de ejecución de la misma, que contempla que la nueva torre se construya de hormigón armado visto, eso sí, aplicando un colorante sepia para que no dañe la vista. Ello, además del nefasto impacto visual, nos parece una burla a los vecinos de Rasines de los que se ha ignorado sus sentimientos. Se olvida, en efecto, que la iglesia de San Andrés es el identificativo del pueblo por excelencia y su mayor orgullo, que ahora quedaría totalmente desvirtuado al perder la fisonomía que ha tenido durante cuatro siglos. Ya sabemos que en materia de restauración de monumentos, además de la idea conservacionista tradicional, hoy se abre camino la idea rupturista con el pasado, de forma que no se confunda lo primigenio con lo restaurado. Ambas tendencias tienen defensores por igual y por eso creemos que, en caso de duda, la última palabra la debe tener el pueblo supuestamente beneficiado y a este respecto haremos llegar a la Consejería nuestro sentir con la correspondiente recogida de firmas. En Rasines entendemos el coste que hoy supondría armar la torre en su totalidad con piedra de sillería, pero ofrecemos la solución de que la estructura de hormigón se forre con la misma piedra arenisca del resto de la iglesia, solución que ya se adoptó hace diez años cuando se cerró la fachada noroeste de la segunda crujía.
Finalmente, una observación para el arquitecto de la obra. La torre de San Andrés no se cayó, como suele decirse, por efecto de una tormenta. Eso fue el golpe de gracia. Treinta años antes ya mostraba grandes grietas indicando su inestabilidad. Y es que, con toda probabilidad, el subsuelo de la torre es de arcillas expansivas. Convendrá tenerlo en cuenta en la nueva cimentación.
Asociación para la Defensa de los Intereses de Rasines (ADIR)