La mitad de los niños tutelados por la Administración regional consigue tener una familia de acogida, según los datos facilitados a ABC por la Gerencia de Servicios Sociales de la Consejería de Familia. Se logra así el objetivo que se había marcado este departamento de que al menos el 50 por ciento de los pequeños que se encuentran bajo la tutela de la Junta -por incapacidad de sus progenitores- crezca en un entorno familiar lo más normal posible.

El incremento en el número de familias acogedoras -que aumenta cada año- ha hecho posible el citado cumplimiento, de forma que actualmente son 147 los niños que se encuentran acogidos por una familia ajena, a los que hay que sumar los 36 expedientes iniciados este mismo año. Los datos aportados por la Gerencia de Servicios Sociales demuestran la evolución positiva de los acogimientos, que el pasado año alcanzaron la cifra de 594, 247 en familias ajenas y 357 en familias extensas (personas que tienen algún tipo de parentesco con el pequeño, aunque sea lejano); en 2003 la cifra fue de 567, si bien ese año el mayor incremento se registró en los acogimientos en familias ajenas. Durante 2004 aumentó el número total de acogimientos en 27 casos, lo que supone un cinco por ciento más que el ejercicio anterior.



Palencia y León, a la cabeza



Por provincias, Palencia y León destacan por presentar el mayor número de acogimientos en familia ajena iniciados hasta el 11 de agosto, con siete, seguidas por Burgos, con seis, y Soria, con cinco. Por lo que respecta al número total de niños que han sido acogidos, en primer lugar se sitúa León, con 34, seguido por Salamanca, con 29; Burgos, con 21, y Valladolid, con 18.


En cuanto a la edad de los niños acogidos, en el 72 por ciento de los casos son mayores de seis años, en el 20 por ciento tienen entre dos y seis años y sólo el 18 por ciento de los niños acogidos tienen menos de un año.


Los niños acogidos con características especiales representan el 18 por ciento del total de los acogimientos, mientras que el 67 por ciento de estos niños se encuentran con familia ajena.

Otro aspecto a tener en cuenta es que ha aumentado el número de familias que acogen a niños menores de 18 meses. Hay que destacar que este tipo de acogida resulta más difícil, ya que el pequeño requiere constantes cuidados y siempre hay que tener presente que no se trata de una adopción, por lo que los padres de acogida tienen que estar preparados para que el niño se marche en cualquier momento. Precisamente, en septiembre la Junta y Cruz Roja pondrán en marcha una campaña con la que se pretende captar más familias de acogida y, especialmente, familias que estén dispuestas a recibir a niños menores de 18 meses.

Por otra parte, ea Consejería de Familia tiene ya elaborado el borrador de decreto que regula por primera vez los acogimientos familiares que, por el momento, sólo se rigen por el Código Civil. En esta nueva normativa, que estará aprobada a finales de año, la Junta incluye como novedad la posibilidad de que el chaval, una vez cumplidos los 18 años y si así lo desea, pueda seguir viviendo hasta los 21 con su familia de acogida, y mantener todos los apoyos que presta para estos casos la Administración regional.


Otra de las novedades del futuro decreto será la creación de un registro en el que se incluirán todas las familias dispuestas a ser acogedoras. El nuevo texto recogerá los criterios de valoración de las familias que quieran recibir niños, así como los derechos y obligaciones tanto de la familia acogedora como de los padres biológicos. También se recogerán expresamente las ayudas y apoyos psicológicos que pueden obtener los padres y los niños. Otro aspecto que se tendrá en cuenta en la nueva normativa es la regulación de un «servicio de respiro» que permitirá a la familia de acogida disponer de un periodo de descanso y que el niño siga estando atendido.

 

Profesionales con mucha sensibilidad»

 

El gerente de Servicios Sociales, Antonio María Sáez Aguado, valoró como positivos unos datos que demuestran que se ha conseguido el objetivo de que «el 50 por ciento de los chavales tutelados por la Junta viva en un ambiente lo más cercano a la familia». En este sentido destacó que alcanzar esta cifra expresa, además, la gran sensibilidad de las familias castellano y leonesas al aceptar un acogimiento que no significa una adopción». Sáez Aguado se refirió, además, al hecho de que las familias que deciden acoger a un niño son algo así como profesionales de la familia que saben perfectamente cuales son sus derechos y obligaciones y están dispuestos a asumir las dificultades que puede acarrear una acción de estas características.


El aumento de los acogimientos se produce porque cada vez hay más familias dispuestas a recibir a un niño tutelado pero, al mismo tiempo, se han reducido las estancias residenciales en centros públicos, gracias, entre otras cosas, a los programas de intervención de las corporaciones locales que atienden a familias en situación de riesgo con el objetivo de que el niño esté el menor tiempo posible separado de su entorno familiar.


Acoger niños es una opción de vida; no es un hobby»

 

Elena y Luciano han visto, desde que llegaron a España procedentes de Brasil -país del que es natural Luciano- cómo su familia aumentaba o disminuía conforme a las necesidades de Cruz Roja, encargada de captar familias dispuestas a acoger a aquellos niños que no pueden ser atendidos por sus padres biológicos. Su basta experiencia en Brasil, donde trabajaron con Unicef, y la necesidad de seguir ayudando a los más pequeños, les llevó al programa de acogimiento familiar «que conocimos casi por casualidad -asegura Elena- porque la verdad es que no pensábamos que en España también hubiera tantos problemas».


Primero, una embarazada de 14 años


La primera prueba de fuego para esta familia residente en Valladolid llegó con una joven embarazada de 14 años, que convivió con Elena y Luciano y sus tres hijos durante los fines de semana y épocas vacacionales. Un año duró una acogida que fue «toda una experiencia porque vivimos todo le embarazo y pudimos ayudar a la joven en el duro proceso de dar su hijo en adopción». Después, entró en casa de esta familia vallisoletana otro joven adolescente aunque, en esta ocasión, la acogida no cuajó y el chaval prefirió marcharse.

Pero la casa de Elena y Luciano seguía abierta, en esa ocasión para dos hermanos. Hoy once años después, el niño que llegó con cuatro años es todo un adolescente que sigue viviendo con esta familia, a la que su hermano dejó al cumplir los 16. Elena asegura, en este sentido, que «no se puede obligar a un chaval a estar con una familia si él no quiere, porque él puede tener otros deseos». Luciano insiste, además, en la temporalidad de los acogimientos y advierte que «hay familias que creen que es una medida para llegar a la adopción y no es así; hay que estar preparados para que se vayan».


Preparados por si llega alguien


Sin embargo, la marcha no siempre es fácil, como lo reconoce Elena, que recuerda la difícil salida de su casa de los tres bebés que han acogido en los últimos años, los tres hoy adoptados. «Tenemos todo un equipo de cunas y ropa de bebé preparado por si llegan más bebés», afirma.


Primero fue una niña de seis meses; luego un bebé de dos, que llegó con serios problemas físicos pero que, un año y medio después, salió perfectamente recuperado. «Hicimos un trabajo muy difícil de estimulación y cariño -recuerda Elena- porque al principio rechazaba hasta el contacto físico, pero a pesar de lo duro que fue ha sido la acogida más gratificante». El último bebé fue una niña que recogieron del hospital y que cuidaron durante tres meses, antes de que fuera entregada en adopción. «Cuando llegaron a por ella me fui de casa -confiesa Elena- porque aunque estás prreparada, la separación cuesta».


Separación que no se ha producido con dos de sus hijos «de acogida» porque el segundo llegó para un mes y lleva ya ocho años. Se trata, además, de un chico con problemas psicológicos cuyo cuidado «ha sido duro pero han merecido la pena las horas sin dormir o las crisis de ocho horas».

Luciano -un contable que ha trabajado en numerosos empleos aunque ahora se encuentra en paro- recuerda cómo en su casa han llegado a vivir nueve personas, tres niños de acogida permanente y otro de fines de semana, aunque quiere dejar muy claro que «nunca ha sido algo impuesto sino que lo hemos hecho porque nos hemos sentido bien con ello y porque, evidentemente, teníamos esacio físico suficiente». Elena -ATS y ama de casa- no quiere olvidar a sus tres hijos biológicos (26, 25 y 21 años) -también tiene un nieto de 18 meses-, sin cuya colaboración la acogida no funciona, «aunque siempre hemos tratado por igual a todos». Ahora que los hijos empiezan a independizarse y que los dos de acogida están cerca de la mayoría de edad -cuando termina el programa- Elena y Luciano piensan en poder hacer realidad otro de sus grandes deseos: instalarse definitivamente en Tanzania y seguir trabajando con niños.



 

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