(...) La evolución de solicitudes en Gipuzkoa no deja de crecer en los últimos años. El incremento más significativo se produjo de 2002 a 2003, con un salto cualitativo de 142 a 202 peticiones. Aunque 2004 se ha cerrado con 194 solicitudes -ocho menos que el año pasado- la cifra sigue confirmando la misma tendencia al alza registrada en el último lustro. De 1992 a 2004, un total de 635 menores extranjeros han sido acogidos por familias guipuzcoanas. (...)
Ante la incesante demanda de adopciones internacionales en el territorio,
comienza a asaltar la duda en las instituciones de que se esté a las puertas de
un cierto fenómeno cultural. «Ayer mismo escuché a una persona que decía: «yo
no quiero tener hijos, lo que voy a hacer es adoptar». Hay que huir de este
tipo de fenómenos culturales que se están poniendo en boga», advierte Jose Luis
Madrazo, director general de Política Social de la Diputación. El criterio del
que parte el departamento es claro: «cuando hablamos de adopción internacional,
tratamos de dar con el mejor padre o madre. No se trata de buscar unos niños
para unos padres, sino unos padres para esos niños. Es un matiz importante»,
explica Madrazo.
China sigue siendo el país preferido por los guipuzcoanos para acoger menores.
Las 80 solicitudes computadas en 2004 así lo atestiguan. Es un tónica general
en el conjunto estatal, donde el 44% de los niños prohijados fuera de España el
año pasado procedían también del país más poblado del mundo. España se ha
colocado en cinco años en el segundo país en número de adopciones. Que China
lidere la lista no sorprende a Emilio Sola, técnico en adopciones
internacionales, de la Dirección de Bienestar Social del Gobierno Vasco.
Adoptar supone enfrentarse a un sinfín de trabas burocráticas. Se suele decir
incluso que es un embarazo administrativo bastante más pesado que una
gestación. Por ello, se busca reducir los problemas a la mínima expresión. «Y
China -subraya Sola- es un país que responde». «Al igual que los chinos exigen
seriedad a las administraciones españolas y vascas, ellos corresponden con un
extraordinario sentido del orden en su trabajo, facilitando mucho las cosas a
los adoptantes». Asegura que cuando las familias viajan al país se sorprenden
gratamente de lo corta que suele ser la estancia. «Llegan a Pekín, se desplazan
hasta la región donde reside el menor y se lleva a cabo la adopción,
solucionando en diez o doce días toda la tramitación», detalla. (...)
Patricia Ponce, directora de la Fundación Haurralde, entidad colaboradora que
hasta ahora ha mediado en el proceso de la adopción en países como India,
reconoce que la adopción internacional es «sumamente complicada» y que es
preciso un proceso previo de seria reflexión antes de tomar una decisión. El
coste económico y emocional es muy grande. Por si fuera poco, las familias
adoptantes se encuentran con la sorpresa de que el funcionamiento de las
diputaciones de los tres territorios es diferente. «Mientras Gipuzkoa manda a
las familias a un psicólogo privado que las propias familias tienen que abonar,
Álava, al igual que Vizcaya, lo hace con sus propios psicólogos», dice Ponce.
Las instituciones recogen el guante. Según anuncia el director general de
Política Social, se trata de un problema que «en el período de tiempo más breve
posible» se solventará, aunando criterios de funcionamiento en los tres
territorios. (...)
Tomando como referencia 1992, primer año del que se dispone de estadísticas en
el País Vasco, se observa un cierto trasvase en el interés de las familias
respecto a los países de adopción. Si bien los primeros años las preferencias
se centraban en suramérica -países como Colombia o Perú- posteriormente se
registró un desplazamiento hacia el este de Europa y China. Pero no todos los
países son tan serios como China. El caso de Rumanía, por ejemplo, merece un
capítulo a parte. «Es un auténtico culebrón sin solución», dice gráficamente
Emilio Sola. Uno de los casos más evidentes de corrupción de menores en este
país fue el protagonizado por Berlusconi y el primer ministro rumano, Adrian
Nastase, en lo que fue un intercambio de cromos por el cual el italiano ayudaba
a Rumanía a acelerar su entrada en la UE a cambio de que se desbloquearan 200
casos de familias italianas. «Creó un revuelo tan enorme que a raíz de entonces
Rumanía cerró las adopciones», prosigue el técnico del Ejecutivo.
La Asociación Acabar, coordinadora de las asociaciones de solicitantes
afectados por el bloqueo de las adopciones en Rumania, convocó una
manifestación ante la Embajada rumana en Madrid en junio en reivindicación de
los derechos de todas las familias solicitantes que veían frustrados tantos
años de espera. La directora de Haurralde explica que «a nivel emocional ha
sido muy fuerte para aquellas familias que conocieron al niño y no le pudieron
traer. Tienen un rostro y una cara». Desde el Gobierno Vasco señalan, no
obstante, que en Gipuzkoa no hay apenas afectados. La Diputación, en previsión
de que la situación no era la idónea, envió un escrito a las familias
solicitantes, animando a que cerraran ese expediente.
Mientras tanto el caos reinante en Rumanía sigue siendo palpable. El Gobierno
Vasco recibía el 30 de diciembre un fax del ministerio español que dice
textualmente: «es conveniente dejar claro a las familias españolas interesadas
que no existe en el horizonte próximo ninguna señal de que el Gobierno rumano
esté dispuesto a modificar su política y responder positivamente a las solicitudes».
(...)
MAITE
DE ARANZABAL | PEDIATRA Y MADRE ADOPTIVA
«La adaptación fue muy fácil»
Paradojas
de la vida. Maite de Aranzabal es una auténtica experta en adopciones
internacionales. Una de las pediatras del País Vasco que con más ahínco e
interés ha estudiado este fenómeno en los últimos años. Pese a ello, de
Aranzábal se ha visto estos días en una situación un tanto controvertida. En
las aulas de primaria de la ikastola Armentia de Vitoria, donde están
matriculados sus dos pequeños, abordaban recientemente un tema muy concreto: El
día que yo nací. La andereño había comunicado a sus alumnos que debían llevar
fotos del día de su nacimiento. Querían conocer qué pesó cada uno, qué medidas
tenían o quiénes fueron las personas que estuvieron presentes el día del parto.
Sus hijos se lo comunicaron a Maite, y a ella le entró un sudor frío. «Pensé:
¿qué horror! ¿Y ahora qué hago?», rememora la madre. Sus dos hijos son
adoptados. Alguna que otra vez se lo ha dicho, aunque también es cierto que
tampoco se lo repite a diario. En dos palabras: no tenía ni idea de cómo
podrían reaccionar sus hijos. No se lo pensó dos veces y, con gran riesgo por
su parte, según relata, les dio el album de fotos de su adopción en Rumanía. La
suerte estaba echada. Sólo cabía aguardar el regreso del colegio. A la vuelta,
la sorpresa fue muy grata. «Vinieron encantados. Mi hijo me decía que todos los
de su clase le habían dicho que querían ser de Rumanía», sonríe Maite después
de aquel trago.
Ella, que en un futuro tiene intención de viajar a Rumanía para que sus
pequeños puedan conocer su pueblo de nacimiento, pretende demostrar con la
anécdota lo poco que les importa a los pequeños el lugar de procedencia de sus
compañeros. Explica que «a un niño hay que decirle siempre que ha sido
adoptado. Se lo toman con mucha más naturalidad de lo que pensamos», señala.
A sus 44 años, está encantada: «Si soy sincera, yo no habría sido capaz de
hacerlos mejor», confiesa complacida. La adaptación de Gabriela y Mikel -en
realidad se llamaba Mitico pero le cambiaron el nombre por evitar estigmas- fue
«impresionantemente fácil». Hablan euskera y castellano perfectamente y aunque
hasta ahora habían sido muy disciplinados en las comidas, sí es verdad que
últimamente se han vuelto pelín díscolos. No llegaron con ninguna secuela
extraña. Un pequeño retraso de peso y talla, pero poco más. Suele ser lo
habitual: leves retrasos del desarrollo psicomotor por falta de estimulación, o
bien pequeños trastornos banales: algo de anemia por mala alimentación; parásitos
intestinales por falta de higiene; problemas de piel o respiración por falta de
cuidados... «Pese a todo ello -dice Maite, buena conocedora del tema como
pediatra que es- salvo excepciones, no suele haber graves problemas. Por eso
hace falta quitar gravedad al asunto, ya que se suele decir que estos niños
siempre llegan fatal y no es así».
Ahora respira más tranquila, aunque Maite sabe lo que supone enfrentarse a un
sinfín de trabas burocráticas y «tremendos» test. «Ya me gustaría a mí que los
padres biológicos pasaran por unas pruebas similares. Eran preguntas muy
privadas...», recuerda. No cree que los talleres de padres contribuyan de un
modo muy positivo a normalizar la situación, ya que suelen ser «excesivamente
alarmistas y te preparan siempre para lo peor cuando la realidad tampoco es
así».
Su espera se prolongó más de dos años. Se le hizo angustiosa, aunque el viaje
posterior a Rumanía fue relativamente sencillo. «En tres días fuimos a Rumanía,
nos los entregaron y volvimos».