Uno de los aspectos más debatidos con respecto a la
legalización de los matrimonios homosexuales reside en la posibilidad de que
puedan adoptar niños. El texto aprobado por el Gobierno normaliza esa
posibilidad aunque, en la práctica, las parejas gais lo tendrán muy difícil. En
España, apenas se resuelven cada año mil casos de adopción nacional. Las
internacionales rozaron los cuatro mil niños en 2003. El problema es que
difícilmente ninguno de estos países reconocerá una unión de dos hombres o dos
mujeres, como una familia a la que entregar un niño en adopción.
Curiosamente, en algunos casos sería mucho más
factible la adopción tramitada como una familia monoparental por un miembro de
la pareja. El Gobierno ya anunció que intentará facilitar a las parejas
homosexuales su acceso a la adopción internacional. Pero las posibilidades son
muy escasas. Al fin y al cabo, España es el tercer país del mundo que aprueba
el matrimonio homosexual. Para el resto, no existe.
La otra parte del debate, la científica, parece estar resuelta desde hace años.
Todos los estudios realizados subrayan que no se han detectado diferencias
entre niños educados en hogares homoparentales u hogares heteroparentales. La
última pronunciación al respecto la firmó el colegio de Psicólogos de Madrid,
confirmando esta ausencia de diferencias y marcando el acento en el hecho de
que su postura coincide con la expresada por las asociaciones estadounidenses
de Pediatría y Psiquiatría.
Así las cosas, las alternativas de adopción quedarán circunscritas a los niños
españoles, cada vez menos, y a la dura competencia con las parejas
heterosexuales, cuyas demandas de adopción crecen también cada año. Es posible
que muchos gais [intenten] la adopción
antes de contraer matrimonio.