Desde una
acogedora cuna con barrotes blancos y sábanas de muñecos, en una
habitación en la que duermen cinco niños más, en camitas separadas, Alejandro
espera desde hace un año a una familia que lo acoja en su seno. Y no es que
falten los interesados, sino que su caso estuvo retenido largo tiempo en
papeleos y burocracia. Alejandro va a cumplir dos años. Cada día que pasa es un
punto en contra para su adopción. Las familias interesadas, por lo general,
buscan niños menores de dos años porque mientras más grande, el proceso de
adaptación es más complicado. Por el momento, este niño vive en la Corporación
para sus Niños, una de las 26 instituciones de protección con programas de
adopción en todo el país. Hace un mes fue asignado a una familia pero aún falta
el proceso de emparentamiento (adaptación en su nuevo hogar) y los trámites
legales en los juzgados de la Niñez. Si todo llega a un final feliz, Alejandro
habrá esperado cerca de año y medio para encontrar un hogar. Del otro lado,
Carmen Méndez, interesada en adoptar un niño junto con su esposo, por problemas
de fertilidad, ha tenido que esperar alrededor de un año y medio para acoger a
un niño. Hace 15 días le notificaron que su caso ya fue asignado pero hasta el
cierre de esta edición aún no conocía a su futuro "retoño". En total,
su espera será el doble de un embarazo normal. Los trámites de adopción son
siempre largos y engorrosos, pero desde julio de 2003, cuando entró en vigencia
el nuevo Código de la Niñez y Adolescencia, el proceso se volvió tortuoso. De
acuerdo al Código, la asignación a un niño, niña o adolescente de una familia
es una facultad privativa de los Comités de Asignación Familiar. Estos Comités
deben estar integrados por cinco miembros designados: dos por el Ministro de
Bienestar Social y tres por el Consejo Nacional de la Niñez y la Adolescencia.
Sin embargo, estas designaciones fueron lentas e irresponsables. En primer
lugar, hubo retraso en la conformación del Consejo: quedó constituido en
noviembre de 2003 y sólo cinco meses después nombró a sus miembros para los
Comités de Asignación Familiar. Y pasaron cuatro meses más para que el
Ministerio de Bienestar Social nombre a sus dos delegados. (...)
Estos retrasos
causaron graves conflictos al interior de las instituciones de protección así
como en las asociaciones internacionales. La Corporación Familias Felices,
Fafecorp, tuvo que cerrar sus puertas en Quito y trasladar sus niños a otros
centros. Habían tres casos que estaban esperando por más de un año su adopción
y ya no había recursos. Cuatro familias españolas que buscaban niños de difícil
adopción (mayores de cinco años o con alguna deficiencia física), a través de
la Fundación para la Infancia Meniños de España, no pudieron concretar su
trámite por cerca de dos años y decidieron retirar su pedido y acudir a otros
países. Y aunque estos desfases han sido superados y ya funcionan Comités
definitivos, el ritmo aún es lento y todos se tiran la pelota.
Denuncias,
reclamos y justificaciones vienen de todo lado. Y es que dentro del proceso de
adopción hay un desfile de actores públicos y privados (...). Los centros de
atención que acogen al niño, los entes que hacen la investigación previa para
ver si son adoptables, los comités de asignación, las agencias internacionales,
los juzgados de la niñez y la Unidad Técnica de Adopciones son parte de este
círculo de intermediarios en el que cada uno tiene un discurso contra el otro.
Manuel Rizzo, representante de cuatro agencias internacionales de adopción,
dice que "los miembros de los Comités están incapacitados para ejercer
esta función y son demasiado lentos". El Consejo Nacional de la Niñez dio
acceso a Vistazo a las hojas de vida de todas las personas que conforman estos
Comités. En ellas consta que todos los miembros de la sociedad civil designados
ante el Consejo poseen una larga experiencia. De los dos miembros del
Ministerio de Bienestar Social, en cambio, se conoce muy poco. Uno de ellos,
Carlos Arsenio Larco, es Doctor en Jurisprudencia, pero no se sabe si tuvo
experiencia con niños o adolescentes. El otro miembro, Rodrigo Valdez Valdez ni
siquiera se ha hecho presente en los Comités y, según fuentes cercanas, ya
renunció. El único que percibe sueldo es Larco, como funcionario del
Ministerio.
Rizzo también
cuestiona la disminución en el número de asignaciones internacionales, siendo
estas las que acogen mayoritariamente a niños de difícil adopción. Funcionarios
del Ministerio de Bienestar Social dicen que a los representantes de estas
agencias internacionales les interesa presionar porque ganan cuantiosas
cantidades por cada niño adoptado. Mientras Marcelo Palacios, representante de
la Fundación para la Infancia Meniños, contradice ese punto y asegura, con
papeles, percibir 1.800 dólares por cada niño adoptado y dice que cada agencia
maneja cuatro asignaciones al año. Por su parte, los nuevos Comités, desde
diciembre de 2004, han hecho 27 asignaciones: 21 nacionales y seis
internacionales. Varios de sus miembros dicen que el número no es mayor porque
la Unidad Técnica de Adopciones presentó las carpetas de las familias
adoptantes incompletas. En la Unidad Técnica de Adopciones se observa trabajo,
voluntad y una gran apertura en el tema, pero piden paciencia hasta acoplarse
al nuevo Código. Se espera que estas mutuas acusaciones entre todos los entes
no tomen fuerza y, al contrario, se unan para avanzar y agilitar los trámites.
Pues, según el Sistema de Información para la Infancia en la actualidad existen
390 niños y niñas huérfanos y 460 niños y niñas en estado de abandono. Muchos
de ellos podrían y anhelan crecer al interior de una familia.(...)