|
No es extraño escuchar noticias de que Rusia o
China, Ucrania o Rumanía, han 'congelado' sine die las adopciones para
decenas de familias. Tampoco que existen padres atascados en largas listas de
espera o que alguna de las entidades colaboradoras de adopción internacional
(ECAI) ha sido inhabilitada por exigir cobros abusivos. La Gerencia de Servicios
Sociales se ha propuesto empezar 2005 intensificando los controles sobre la
adopción internacional y, como primera medida, ha elaborado un decreto que
regula la acreditación y el funcionamiento de las ECAIs —en Castilla y León
hay cinco autorizadas— y que vendrá a sustituir uno de 1996. La normativa,
(...) que ha sido remitida al consejo Consultivo para su análisis,
intensifica los controles preventivos sobre la acreditación, las
contraprestaciones económicas, las condiciones del contrato, y especifica
claramente cuáles serán los gastos que podrá repercutir al solicitante, según
explica el gerente de Servicios Sociales, Antonio Sáez. Así, para que una
familia no se quede 'compuesta y sin niño' porque la entidad colaboradora
finalice su actividad o porque sea suspendida, las ECAIs estarán obligadas
por primera vez a constituir una reserva de dinero en una cuenta de ahorro,
cuya cuantía «no será inferior al 10% de todos los expedientes que gestiona».
Deberán, además, concertar una póliza de seguros que cubra la responsabilidad
civil y que garantice la devolución del dinero empleado por los padres si la
adopción fracasa por causas achacables a la agencia. La presidenta de
la Asociación Regional de Familias Adoptantes (Arfa), Isabel Miranda, aplaude
esta novedad que «tanto ha costado introducir», si bien califica la cantidad
de «irrisoria» en comparación con «el esfuerzo de las familias». Aunque cree
que «es un buen intento», asegura que lo ideal hubiera sido «garantizar que
todo aquel dinero que aún no se ha empleado reinvierta en las familias».
Además, se pregunta a cuánto ascenderá la póliza. Estas son sólo
algunas de las principales novedades que incluye el nuevo decreto en sus 36
artículos en materia de acreditaciones. Pero hay más, las relativas a los
pagos y a los contratos. Para evitar sorpresas que agiten los bolsillos de
los aspirantes a padres adoptivos, el decreto limita los pagos que pueden
recibir estas entidades sin ánimo de lucro «a la mera suma de gastos directos
justificables y los indirectos autorizados», prohíbe expresamente la
recepción de donativos procedentes de los solicitantes, y fracciona los
pagos: el 40% a la firma del contrato; el 30% en el momento de la
preasignación, y el 30% restante a la llegada a España con el menor. Aunque la
contraprestación económica de la familia adoptante tendrá como objeto
compensar los gastos derivados de la tramitación de las solicitudes, los
gastos del representante y los costes de la infraestructura y del personal,
en el caso de que se produzcan excedentes en el ejercicio anual la entidad lo
reinvertirá en la reducción de los costes de tramitación de nuevos
expedientes o en la mejora de sus instalaciones. Además, el artículo 27
«especifica mucho más» los gastos atribuibles a la familia, que tendrá que
correr con los gastos de obtención, traducción y autentificación de
documentos y con la manutención del menor desde el mismo instante en que
acepte la preasignación. El tipo de
contrato que firmará la entidad colaboradora y las familias será desde ese
momento diferente. Hasta ahora, como reconoce el gerente de Servicios
Sociales, las agencias de adopción internacional «presentaban modelos de
contratos, pero no estaba escrito en ningún papel cuáles eran los requisitos
que tenía que contener». A la entrada en vigor del decreto, los contratos
«tendrán que estar perfectamente desglosados», aclara. Eso supondrá, según
Miranda, que las familias «no se sientan indefensas a la hora de firmar un
contrato en barbecho», ya que conocerán con todo tipo de detalle a qué se
compromete cada una de las dos partes del contrato. «Resultará muy útil que
se plasme en un decreto las 27 obligaciones de una ECAI que, pese que parece
evidente que debían cumplirse, las familias lo desconocían». |