El asentamiento del fenómeno de
la adopción internacional en la sociedad valenciana ha llevado a desarrollar
iniciativas para combatir las dificultades que se han detectado en la
adaptación de los niños y sus familias. Un estudio de la Universitat de
València presentado en 2004 alertó de la existencia de un porcentaje a tener en
cuenta (10%) de casos conflictivos o que fracasan. La consecuencia fue la
puesta en marcha por la Conselleria de Bienestar Social y la Universitat de un
programa de prevención de riesgos por el que, desde hace más de un año, pueden
pasar todas las personas que inician una adopción. La iniciativa se basa en
diferentes entrevistas de un equipo de la Facultad de Psicología con los
adoptantes desde el momento que manifiestan oficialmente su deseo de abrir un
proceso. En el primer encuentro se evalúan las expectativas de la familia,
explica la decana de Psicología y directora del programa, María Vicenta Mestre.
Tras la obtención del certificado de idoneidad se mantiene otro contacto, en el
que se estudia el estilo de crianza que los padres piensan dar al menor y se
les prepara en función del país y la cultura de este. Durante el primer mes de
estancia del niño, continúa Mestre, se mantiene otro encuentro para observar
las primeras relaciones entre las dos partes, los vínculos afectivos y el nivel
madurativo del pequeño. Con ello, se indica a los padres unas pautas de
educación (afectivas, de lengua, de comportamiento) según el caso, con el
objetivo de reducir los problemas de adaptación. Las entrevistas se repiten a
los seis meses, al año y más adelante si se considera necesario, comenta la
catedrática, ya que «el primer año es el de más problemas y lo fundamental es
detectar los problemas en el origen».
Mestre incide en la importancia de los primeros meses de estancia del menor y
recomienda mantener unas pautas educativas claras. «Al principio el niño está a
la expectativa -explica-, duda de si le querrán, si será para siempre, pero
gana confianza, va estirando la cuerda para ver hasta dónde puede conseguir y
entonces pueden aparecer rabietas y conductas no adaptadas. Los padres no han
de ceder y han de tener unas pautas que deben ser capaces de aplicar sin
sentimiento de culpa». «Hay que educar bien desde el principio. Si no, la
montaña es cada vez más grande», sentencia.
La decana de Psicología considera normal que las familias adoptantes requieran
más apoyo profesional, ya que han de enfrentarse a la educación de un niño de
manera repentina. Este llega ya, añade, con una edad, una historia y con
normalmente aspectos emocionales y afectivos no bien desarrollados producto de
un posible abandono traumático o de la estancia en el orfanato. En el caso de
los hijos biológicos, explica, se produce un ajuste mutuo de los padres al niño
y de este a las pautas educativas mientras va creciendo.
Mestre coincide en que los problemas de conducta (desobediencia, incumplimiento
de normas, mentiras,É) son los más frecuentes con menores adoptados, pero
precisa que también son cada vez más habituales en hijos biológicos. «Los
problemas de disciplina van en aumento porque se teme que las normas sean
excesivamente severas», argumenta. Al margen del programa, Bienestar Social
cuenta con un servicio de postadopción, con psicólogos que atienden a padres
que tienen dificultades con los hijos adoptados.
España presenta unos porcentajes de obtención del certificado de idoneidad -necesario para iniciar un expediente de adopción- muy elevados. En torno al 95% de familias lo consigue, sin grandes diferencias autonómicas. Una razón es que el Código Civil sólo pone dos requisitos: tener más de 25 años de edad y catorce más que el adoptado. No obstante, algunas comunidades (no es el caso de Valencia) exigen que la diferencia de edad entre adoptante y niño no supere los 40 años, pero los tribunales han rectificado ya algunas resoluciones de rechazo de idoneidad por esta cuestión. En Francia, las restricciones son mayores y el 20% de solicitantes recibe un informe negativo de idoneidad. En contra de lo que pueda parecer, las entidades colaboradoras de adopción no están en contra de unas condiciones más estrictas. Al menos, es lo que afirma el presidente de Adecop-Valencia, Miguel Góngora: «Creemos que hay familias a las que se da el certificado y no son totalmente idóneas».
Los costes varían según el país del niño y las entidades. Colombia se considera
como el más barato (unos 3.000 euros), Bolivia suele superar los 5.000, China
ronda los 7.000 y Rusia, los 11.000. Aparte quedan gastos de viaje y estancia
en el lugar.