Las adopciones en
el extranjero han aumentado en los últimos años, lo que obliga a los pediatras
de primaria a adquirir, de forma autodidacta, nuevas habilidades para atender a
los niños. La adopción no está exenta de riesgos, especialmente para la salud
del menor. (...)
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El director del Centro de Pediatría y Adopción
Internacional de Zaragoza, Gonzalo Oliván, asegura que "es necesario
poseer una formación específica y una sensibilidad especial para atender
adecuada y correctamente todas las necesidades de la familia durante las fases
pre-adoptiva y de asignación de su futuro hijo, así como para atender al niño
adoptado internacionalmente". Oliván afirma que los pediatras con este
perfil lo han logrado desde la autoformación, adquirida por la necesidad
asistencial, ya que por lo general son profesionales con un amplio bagaje en
pediatría social y enfermedades infecciosas. "Además de una buena base de
pediatría general y social, es necesario adquirir experiencia sobre el maltrato
prenatal y sus consecuencias, secuelas de maltrato y negligencia cronificada,
patología del niño institucionalizado y del adoptado post-institucionalizado,
así como profundizar en ciertas áreas como dismorfología,
infecto-parasitología, dermatología, neurodesarrollo, crecimiento y nutrición.
Adquirir esta formación no es fácil. Además, no basta con prepararse
curricularmente si luego no se tiene la posibilidad de practicarlo todos los días".
Es preciso que los profesionales cuenten con el tiempo necesario para realizar
tanto su propia formación como una correcta atención de estos niños y sus
familias; tarea que no puede realizarse eficazmente, debido a la estructura y
funcionamiento del sistema sanitario español. Además, los pediatras no suelen
estar incorporados en equipos multidisciplinares, lo que dificulta aún más su
labor. Aun así, su papel es clave en todos los pasos.
Durante la fase preadoptiva, el médico debe prevenir
a los futuros padres sobre los problemas de salud que sufren frecuentemente
estos niños, y proporcionarles información para su crianza y supervisión. Es
conveniente también que el profesional se comprometa en el proceso con la
familia. En la fase de asignación, momento en que se produce la selección y
recogida del niño, el pediatra debe comunicar qué datos han de tenerse en
cuenta para estudiar los antecedentes sociosanitarios del menor, con el fin de
conocer su estado de salud. El problema de esta fase es que muchos de los
informes médicos que se envían desde los países de entrega pueden ser
incompletos o falseados. Por lo tanto, estos niños pueden sufrir enfermedades
no reversibles a corto plazo que la familia de acogida no está preparada para
asumir y que pueden derivar en el fracaso de la adopción. Con objeto de mejorar
esta práctica y evitar problemas se creó en 2002 la Comisión Especial sobre
Adopción Internacional del Senado. En ella participó Gonzalo Oliván en 2003
exponiendo los pasos que se han de realizar desde el ámbito sanitario y la
necesidad de crear protocolos médicos, aceptados a nivel internacional, que
garanticen el bienestar físico y psíquico de estos niños.
Para realizar la adopción con éxito se deberá realizar un seguimiento médico y
psicopedagógico que vigile los problemas de salud detectados, los tratamientos
prescritos y, en general, la adaptación del niño a su nuevo medio tanto a nivel
físico como emocional. La evaluación médica inicial recomendada a todos los
niños procedentes de la adopción internacional incluye un reconocimiento médico
completo que evalúe el crecimiento, el estado de nutrición, el desarrollo
psicomotor, el estado de inmunización, de la agudeza visual y auditiva, una
búsqueda de secuelas de posible maltrato físico, sexual y emocional. También se
deben realizar una serie de pruebas de cribado de laboratorio que descarten o
encuentren enfermedades infecciosas, y que contemplen bioquímicas hepáticas y
renales, parásitos y huevos en heces, entre otras. Existen otro tipo de
reconocimientos que sólo se realizarán a aquellos niños procedentes de países
en los que habitualmente no se envían informes fidedignos y que evaluarán la
dentición y el desarrollo puberal. Se deben realizar también exámenes por
subespecialistas pediátricos y otras pruebas de cribado de laboratorio, entre
las que destacan la de raquitismo, plumbemia, endocrino-metabólica y el estudio
de hemoglobinopatías.