Francisca, la duende que jugaba ajedrez

NOTA: Este cuento no pretende constituirse en un clásico infantil ni mucho menos. Sólo quise compartirla con mis amigos los ajedrecistas y si con ello logro entretener a alguno de ustedes, me sentiré enormemente satisfecho. La historia la escribí en el marco de un taller literario que realicé durante el primer semestre del 2000. Si bien he realizado algunas modificaciones en la historia con el objetivo de darla a conocer, su idea central se ha conservado en su totalidad.

Marcelo Jorquera C.

 

La hermosa duende se sentía muy sola a pesar de estar rodeada de la exuberante belleza de la naturaleza y estar junto a sus amigos los animales, que si bien tenían muy buena voluntad con ella; no tenían la capacidad ni la comprensión necesaria para jugar una interesante partida de ajedrez. A pesar de los innumerables intentos de parte del mono y del búho por derrotarla, éstos siempre perdían sus partidas frente a Francisca.

La bella elfa se lamentaba tristemente junto a su abuela, quien hace mucho tiempo se cansó de jugar con ella y le había enseñado el juego cuando era muy pequeña.  Como suele ocurrir en la mayoría de los casos, el alumno terminó superando al maestro.

No se trataba solamente de que los animales tuvieran una inteligencia inferior para practicar el ajedrez; ya que el mono era el campeón indiscutible de la selva, después de Francisca. De hecho, incluso lo habían invitado a participar a los bosques más cercanos, en donde habían otras especies de animales que practicaban muy bien el juego-ciencia. Lo que sucedía era que la hermosa criatura tenía además un talento indiscutido para practicar el juego de los reyes.

Francisca se encontraba lamentándose junto a su abuela, quien le propuso cruzar el bosque más cercano para practicar el noble juego, el cual se había constituido en la pasión de su vida. La tarea no era nada fácil, ya que en otros lugares ella no sería reconocida como la campeona de ajedrez que era y corría el riesgo de ser devorada por las bestias salvajes, o bien, tendría que evitar caer en los innumerables pantanos que probablemente encontraría en su camino.

La abuela le aconsejó - Lleva tu tablero de ajedrez bajo el brazo; y cada vez que se te acerque un animal salvaje con intenciones de devorarte, desafíalo a jugar una partida, de esta forma, le dirás a la bestia que si te derrota, podrá disponer de tu vida; y en caso contrario, te tendrá que dejar continuar tranquilamente tu camino -.

Así lo hizo; y Francisca partió alegremente a través de un largo sendero; atrás fueron quedando el jabalí, el perro salvaje y el león; quienes al no poder derrotar a Francisca, caían en la desesperación y la tenían que dejar en paz. El rey de la selva se lamentaba - ¡Debería haberle hecho caso al mono; y tomar unas clases particulares con él! - cuando su rey cayó en una secuencia forzada de mate.

Lamentablemente la bella elfa ignoraba un pequeño gran detalle; la presencia de un mítico  y extraño animal llamado el “Chupacabras”, que según la leyenda de los bosques había llegado volando en un extraño artefacto causando gran alboroto. Este desconocido transporte, causó bastante impresión, pero mayor fue la batahola al estrellarse fuertemente contra tierra. Los animales se acercaron a la nave, y de ella salió - según cuenta la historia - un extraño y feo personaje, quien al verse rodeado intentó comunicarse con las otras bestias, pero sus intentos fueron en vano, ya que todas huyeron despavoridas ante la presencia de un sorprendido Chupacabras; quien desde entonces vivió como un ermitaño odiando a los habitantes del bosque y sin dejarse ver por nadie. De hecho, existían algunos lugares de la región que los animales evitaban y las criaturas no muy inteligentes, que eran el caso de las gallinas y las cabras, cuando se internaban en esa parte del bosque, se perdían para siempre.

Francisca caminaba tranquilamente sin sospechar que la acechaban un par de temibles ojos; era el Chupacabras quien al ver la belleza de la duende no hizo otra cosa más que seguirla con la mirada boquiabierto. La extraña criatura esperó el momento propicio para atacar hasta que la elfa paso por su lado, y le dijo: - pide tu último deseo, ya que ahora te convertirás en mi cena - Francisca, intentando dominar el terror que le causaba la estrafalaria criatura (¡en realidad era muy feo el Chupacabras!) le respondió - tienes que derrotarme en una partida de ajedrez para que me puedas comer, en caso contrario, me tendrás que dejar ir -. En la bestia brillaron por un momento sus malévolos ojos, y no era para menos, ya que del planeta que venía se jugaba mucho este juego; y él era un gran campeón, el único detalle consistía en que había dejado de practicarlo porque se comía generalmente a sus rivales (mejor dicho, les chupaba la sangre) a mitad de partido.

Así comenzó la partida más curiosa de la historia y el Chupacabras jamás se imaginó caer derrotado ante una mujer (¡además era machista!). Esperaba ganarle al ajedrez, para después chuparle la sangre, pero enorme fue su sorpresa al verse acorralado y al no tener más remedio que inclinar su rey en señal de rendición.

Para que decir que el Chuapacabras dejo en paz a Francisca, sino que además la acompañó en lo que quedaba de camino y desde entonces se convirtió en discípulo de la bella elfa que una vez lo derrotó en el bosque.

FIN

 

Ajedrez Chile http://es.geocities.com/ajedrez_chile Contactar
1