Nuestra lengua, la
lengua castellana o española
, surge a partir del latín vulgar,
traído a Hispania por las legiones romanas a finales del siglo III a.C.
Este latín fue impregnándose de elementos autóctonos en sus inicios, procedentes de las distintas lenguas
habladas en la península ibérica por aquel entonces.
Por lo cual, la lengua castellana presenta en su vocabulario un gran número de palabras de origen prerromano.
Hemos de tener presente que la imposición del latín fue un proceso que llevó gran cantidad de tiempo, al principio coexistió con las demás lenguas, se fue imponiendo paulatinamente y dejando relegadas al resto, hasta terminar por la desaparición de ellas con la excepción del vasco.
Abundantes son las palabras españolas que no encuentran etimología adecuada en el latín ni en otras lenguas conocidas, lo cual nos permite suponerlas anteriores a la llegada de la romanización: barraca, barro, charco, manteca, perro, rebeco, silo, sima, etc.
A éstas no se les puede asignar una procedencia concreta.
Otra serie de palabras castellanas son semejantes a otras vascas, lo cual, sugiere un étimo común.
Otras parecen ibéricas, mediterráneas o acaso ilirico-ligures:barranco, carrasca, etc.
El léxico de origen pre-celta o celta comprende:berrueco, serna, abedul, álamo, berro, garza, puerco, toro, colmena, etc.Todos términos de una significación concreta.
Es importante señalar la gran cantidad de celtismos procedentes de la Galia, tomados por los romanos de los galos y que llegaron a las lenguas romances. Algunos ejemplos de ello: camisa, cabaña, cerveza, carro, brío, vasallo, etc.
El vasco a proporcionado vocablos a la lengua castellana como: izquierdo, socarrar, pizarra, chaparro, boina, zamarra, etc.
Importantes son los helenismos presentes en el latín, esto debido a la influencia cultural que ejerció Grecia sobre Roma. Estos ampliaron enormemente el léxico latino.
Unos pocos ejemplos: idea, fantasía, filosofía, música, poesía, matemáticas, tragedia, comedia, etc.
La llegada del Cristianismo ayudó a la penetración plena del latín en todas las capas de la sociedad hispanorromana, y también, a la entrada de los últimos términos griegos en el latín, ya que en esta lengua estaban escritos los textos del Nuevo Testamento.
A lo largo de la dominación romana el latín peninsular debió ser bastante uniforme, aunque caben suponer unas ciertas diferencias regionales debidas al substrato lingüístico anterior. El fraccionamiento del latín en diversos dialectos románicos se produjo entre los siglos VI y X.
Ya desde el siglo I los germanos comenzaron su alistamiento en las legiones romanas y otros se establecían como colonos. Todo esto dió lugar a un gran intercambio de palabras: jabón, tejón, guerra, robar, guarnecer, etc.
A lo largo del siglo V penetran en España una serie de pueblos germánicos.
Entre los germanos que penetraron en la península los que dejaron una mayor influencia fueron los visigodos. Pese a ello su influencia no fue muy grande. Algunos términos de ésta procedencia son: sacar, escanciar, guardia, espía, ropa, etc.
Mayor fue su influencia en la onomástica española , adaptándose a la morfología y fonética latina y romance: Álvaro, Fernando, Rodrigo, etc.
Los patronímicos españoles en -ez, -iz, de origen prerromano, se propagaron y consolidaron junto con los genitivos góticos latinizados.
Estas invasiones provocaron el aislamiento peninsular del resto de la Romania, con lo cual el latín vulgar quedó abandonado a su propia evolución, comenzando a manifestarse las variantes regionales.
En el siglo VIII penetran desde el norte de África los musulmanes y con ellos la lengua árabe. Unas cuatro mil formas entre el léxico propiamente dicho y los topónimos, impregnan la lengua castellana.
Sirvan unos pocos ejemplos:aceifa, alfanje, alazán, alcachofa, berenjena, aceituna, alfarero, aldea, azulejo, azar, alcalde, algoritmo, alcohol, baldío, mezquino, alborozo, etc.
Al mismo tiempo transmitieron voces que ellos habían tomado de otras lenguas, del sánscrito (ajedrez, alcanfor), del persa (azul, naranja, jazmín, escarlata), del griego(alquimia, alambique).
En los territorios cristianos que quedan al margen de la ocupación árabe, debe distinguirse un latín empleado por los eruditos, un latín avulgarado empleado por los semidoctos, en el cual se amoldaban las formas latinas a la fonética romance, y el romance empleado por el pueblo llano.
Los primeros escritos en romance aparecen en el uso del latín, y son anotaciones que se insertan por descuido o por necesidad de hacerse entender en la lengua vulgar.
Aparece el romance en las Glosas Emilianenses, del monasterio riojano de San Millán de la Cogolla, y en las Glosas Silenses, del monasterio de Silos, en Burgos, probablemente éste sea copia de un original de San Millán de la Cogolla. Son del siglo X o principios del XI, y están en dialecto navarro-aragonés.
Con el apogeo del Camino de Santiago se inicia una gran comunicación con las gentes del otro lado de los Pirineos. Gran cantidad de ¨francos¨ se instalan en España y con ellos se introducen una gran cantidad de voces.
De Francia proceden términos como: homenaje, mensaje, fraile, monje, etc.
Aparición de los dialectos peninsulares:
No era tan fácil la comunicación entre reinos independientes como dentro de un sólo reino. Esto favorecía la diversidad, a partir de las pequeñas diferencias surgidas dentro de la época visigoda, surgen los distintos dialectos.
Castilla es en su origen un conjunto de condados dependientes del Reino de León. Es unificada por Fernán González en el siglo X. El dialecto hablado en Castilla evoluciona más rapidamente que el resto y presenta rasgos de gran individualidad e innovación.
El resto de dialectos peninsulares eran: el gallego-portugués, el leonés, el navarro-aragonés, el catalán y la variedad hablada por los mozárabes.
Castilla por su situación geográfica adoptó influencias de sus regiones vecinas, otorgándoles características propias. En las características del castellano son fundamentales los influjos cántabros y vascones. Sirva como ejemplo el reemplazo de la /f/ por (h) aspirada, o bien, su omisión.
Dentro de la misma Castilla había diferencias zonales en el dialecto. El castellano primitivo carece de cualquier fijeza, coinciden formas en diferente grado de evolución.
La aparición del castellano en la escritura fue lenta, en el siglo X sólo se traslucen algunos rasgos. Los escribanos trataron de evitar con su latinismo la aparición de los rasgos castellanos.
Será a partir de mediados del siglo XI cuando empiecen a registrarse los rasgos más característicos de nuestra lengua.
Bibliografía: Historia de la Lengua Española, de Rafael Lapesa.