Si somos capaces de superar ¨el vértigo de la nada¨, imaginemos como del oscuro silencio, en un universo infinitesimalmente pequeño e infinitamente denso, ocurre hace 15.000 millones de años una gran explosión producida por una gran concentración de energía que, provoca una expansión de la materia que irá enfriándose lentamente, los gases condensarán, se formarán las estrellas, y éstas constituirán las galaxias.
Hace 5.000 millones de años se forma el Sol, y a su alrededor se agrupan los elementos más pesados formando los planetas.
En nuestro planeta, en un principio toda la tierra se agrupa en un solo continente llamado Pangea, hace 180 millones de años, éste se divide en dos debido a la colisión y amalgamamiento de placas, y hace 60 millones de años los dos se dividen en los cinco de la actualidad.
Durante estos procesos geológicos ya tenía lugar la vida sobre la Tierra.
Todo comenzó en el fondo del mar, donde durante más de 3.000 millones de años se localizó el único tipo de vida sobre la Tierra. Estos organismos prepararán la vida sobre la superficie llenando el planeta de oxígeno.
Hace 500 millones de años aparecen los primeros seres complejos. Éstos se rodean de caparazones y conchas, al absorber las sales minerales.
Seres vertebrados, pisciformes, sin mandíbulas, y que evolucionan hacia peces, aparecen hace 450 millones de años.
Aparecerá flora en las orillas, y hace 360 millones de años los anfibios comienzan a vivir fuera del agua, y su metamorfosis propiciada por un clima cálido, hace que surjan especies liberadas de la vida acuática.
Con lo cual, hace 250 millones de años nos encontramos en la ¨era de los reptiles¨.
Los dinosaurios conquistan la Tierra en todas sus áreas, y son testigos de la división de la porción sólida del planeta en dos continentes, pero no de la de cinco.
Dominaron el planeta durante 150 millones de años. La Península Ibérica, cuenta con una gran cantidad de yacimientos de estos seres.
Las causas de su desaparición son un misterio, ¿cambio climático?, ¿un gran meteorito?.
El final de los grandes reptiles da lugar a la supremacía de los mamíferos, entre ellos, el mono.
Hace 6 millones y medio de años en África, unos primates se desarrollan en la sabana después de abandonar el bosque. Se vuelven bípedos y evolucionan. La evolución no es lineal sino diversificada.
Es el caminar erguido sobre las extremidades inferiores, el principal rasgo distintivo para incluir un primate en la familia de los homínidos, o bien, dejarlo fuera en el grupo de los monos.
Hace más de 4 millones de años, debió producirse la separación evolutiva de las ramas de los ancestros humanos, y el resto de los primates.
De alguna de las formas más evolucionadas de Homo habilis, ¨el habilidoso¨, surgió Homo ergaster, ¨el trabajador¨.
El Homo ergaster ha sido datado entre hace 1.8 y 1.4 millones de años; restos suyos fueron localizados en Kenia en los alrededores del lago Turkana, siendo el esqueleto del ¨Niño de Turkana¨ el fósil más significativo de esta especie. Homo ergaster fue el primer homínido que abandonó la cuna africana para extenderse por Próximo Oriente (Georgia e Israel) y Asia (Java y China).
En el continente asiático estas poblaciones de Homo ergaster evolucionaron hacia un tipo humano, el Homo erectus, ¨el que camina con dos piernas¨. El Homo erectus asiático engloba al Hombre de Java y al Hombre de Pekín. Este Homo erectus vivió en Asia hasta hace menos de 100.000 años, y puede que llegara a encontrarse con el Homo sapiens. En cualquier caso, Homo erectus vivió más de un millón de años en Asia de forma independiente, y a pesar de ello, apenas varió su estructura física.
En África, Homo ergaster debió dar origen hace 1 millón de años a Homo antecessor, ¨el pionero¨. Algunas de estas poblaciones de Homo antecessor, abandonarían África para dirigirse a otras zonas del planeta.
Al llegar a Europa evolucionaron a Homo heidelbergensis, quien vivió entre hace 500.000 y 200.000 años. El Homo heidelbergensis a su vez evolucionó y dió lugar a Homo neanderthalensis.
Las poblaciones de Homo antecessor que quedaron en África, evolucionarían para dar lugar finalmente a Homo sapiens, ¨el que piensa¨, por lo tanto, la cuna del hombre moderno debemos de situarla en ese continente.
El Homo sapiens debió aparecer en África hace unos 160.000 años, según la datación de los últimos restos encontrados en Etiopía. Estos fósiles han sido encontrados en el poblado de Herto, en Awash, y han sido bautizados como ¨Hombre de Herto¨.
Hace unos 40.000 años, se produce la llegada de estos sapiens a Europa desde África, pasando previamente por el Oriente Medio.
Europa en aquellos momentos estaba habitada por el Homo neanderthalensis que, llevaban unos 190.000 años evolucionando en este continente.
El proceso de divergencia iniciado a partir de Homo antecessor para dar finalmente neandertales y sapiens, debemos situarlo hace unos 500.000 años, según datos aportados por los restos encontrados en las excavaciones que se llevan a cabo en Atapuerca, provincia de Burgos.
Ambas especies, el Homo sapiens y el Homo neandhertalensis tienen según todo lo anteriormente expuesto un ancestro común, el Homo antecessor, cuyo fósil más representativo es el llamado ¨Chico de la Gran Dolina¨, aparecido en las excavaciones que se realizan en Atapuerca.
Sapiens y neandertales convivieron en Europa durante un tiempo, hasta que hace unos 25.000 años estos últimos terminaran por extinguirse.
Nosotros somos descendientes de aquellos sapiens (a los que también llamamos cromañones) llegados desde África, y no existe ninguna evidencia de que se haya producido mestizaje entre Homo sapiens y Homo neandhertalensis. Se sabe que las secuencias mitocondriales de los neandertales difieren enormemente de las secuencias europeas modernas, y de hecho, de todas las secuencias humanas modernas. Esto sugiere que los neandertales no dejaron descendientes modernos.
Dentro del Paleolítico Superior, durante el último periodo glacial, hace 18.000 años atrás, cuando el neandertal ya había desaparecido y los únicos pobladores eran nuestros ancestros, las regiones centrales y norteñas de Europa fueron cubiertas por glaciales. La presencia humana se restringió a las regiones más cálidas o refugios glaciales, y los humanos solo reaparecieron en el norte cuando los hielos desaparecieron. La Península fue uno de esos refugios glaciales, por lo cual, posibles migraciones ibéricas hacia el Centro y Norte de Europa, pudieron producirse hacia el final del periodo glacial.
De alguna de las lenguas preindoeuropeas de esos sapiens, pudiese proceder según algunos investigadores el idioma vasco, y con ello, algunos de los apellidos de nuestra familia, como es el caso de, Zamboráin, y otros más. Pero esto es un tema en estudio y sobre el cual no hay ninguna conclusión definitiva.
En este periodo veremos la aparición del arte como elemento característico de la cultura. Éste va a representar en buena medida la objetivación de aspectos de tipo religioso o social.
Como ejemplo el arte rupestre Franco-Cantábrico, representado en España en las cuevas de Altamira cuyos dibujos tienen unos 14.000 años de antigüedad.
El hombre se dedica a la caza y a la recolección, hace uso del arco y la flecha. En cuanto a la pesca, aparecerán arpones y anzuelos como prueba de la extensión de esta actividad. También en esta fase aparecerá el marisqueo y la captura de moluscos como complementos a la dieta alimenticia.
Otra característica del Paleolítico Superior es el uso de materias duras animales, como el hueso o el asta, utilizados como materia prima para la realización de instrumentos. Ahora se preparan núcleos de sílex alargados de los que se obtienen hojas largas, estrechas y delgadas con los bordes paralelos.
El grupo de individuos debía seguir el itinerario de trashumancia de los animales, y trasladarse en busca de las condiciones medioambientales más favorables en cada momento. Hay cabañas de forma cónica, muy fáciles de desmontar y trasladar. En lugares situados en las regiones del norte de Europa, las cabañas tienden a ser más robustas y a ser fabricadas con un sistema de pies derechos y cubierta de pieles, o bien de ramas de árboles. Más al norte, aparecen muchos hábitats construidos con restos de huesos de mamut cazados por el grupo, también se emplean huesos de otros animales muertos. Son estructuras muy complejas y sólidas. También aparecen yacimientos en cuevas y refugios.
En el Paleolítico Superior, debemos pues considerar dos procesos migratorios:
En su inicio, llegada del Homo sapiens a Europa hace unos 40.000 años.
En su final, dispersión desde refugios glaciales, hacia el Centro y Norte de
Europa.
Desde hace 10.000 años estamos en una época cálida. Vivimos en un espacio
interglacial, entre dos glaciaciones. Cuando una glaciación finaliza, se
producen migraciones humanas a gran escala por todo el planeta. Aumenta la
población, se desarrolla la agricultura, la ganadería, y el comercio.
Al finalizar el Paleolítico Superior, surge el periodo denominado
Epipaleolítico-Mesolítico, entre el 10.000 y 5.000 a. C., es el periodo
postglacial, dan comienzo las migraciones desde Oriente Medio que se irán
intensificando durante el Neolítico. En este tiempo se produce el arte rupestre
Levantino.
Al iniciarse el Neolítico, 5.000 a.C., se desarrolla la agricultura con el
cultivo de trigo y cebada; la ganadería con la cría de ovejas, cabras y cerdos.
La domesticación implica la modificación genética de las especies domesticables,
se produce el fenómeno darwiniano de selección natural mediante el proceso de
adaptación.
En el Neolítico surgirán los primeros oficios. Las personas se especializarán
en determinadas técnicas y utilizarán determinadas materias primas para fabricar
objetos o prendas de uso cotidiano. De esta manera, aparecerá como una de sus
novedades características la cerámica, y junto a ésta, el tejido y la cestería.
Es característica la cerámica cardial que presenta incisiones realizadas por
medio de moluscos marinos como el cardium adule.
El ser humano se convierte en productor de alimentos, y al mismo tiempo en
transformador de su medio natural.
Aparición de poblados, con casas construidas de piedra, adobe o troncos. En
general, las cubiertas de las casas estaban hechas de troncos y ramajes,
enlucidos con barro.
Gradualmente, los pobladores portadores de la nueva tecnología se dispersan
hacia el oeste y el norte desde Oriente Medio, a través de las mismas rutas
seguidas por la primera colonización Paleolítica.
No han sido documentados otros cambios demográficos posteriores que hayan
afectado a Europa entera. Así que, el patrón de diversidad genética europea
probablemente refleja los efectos de la primera colonización Paleolítica, de las
expansiones Epipaleolíticas-Mesolíticas, y de la difusión poblacional Neolítica,
aunque la historia de cada población local parece haber sido algo más complicada
que esto, por lo cual, en nuestro caso la trataremos con más detalle.
Este proceso migratorio queda reflejado en el modelo de difusión démica o
poblacional neolítica que tiene dos importantes implicaciones. La primera es que
las tecnologías para la producción de alimentos no fueron adquiridas por
contactos culturales, los cuales no habrían tenido efecto genético, sino a
través de la migración de poblaciones, es decir, la agricultura se difundió
porque los agricultores lo hicieron. La segunda es que una gran fracción de los
ancestros de los actuales europeos, vivieron en Oriente Medio, no en Europa,
hace 10.000 años atrás.
Este modelo que el genetista italiano Cavalli-Sforza denominó démico (nombre
derivado de demos, o pueblo en griego) parece acomodarse bien a los resultados
de la arqueología.
Estudiando el mapa genético de Europa y Próximo Oriente, Cavalli-Sforza
observó que había un gradiente genético entre el Próximo Oriente y los puntos
más alejados de Europa, como la Península Ibérica, es decir, un cambio gradual
de las frecuencias de genes de este a oeste. A partir de ahí dedujo que se había
producido un flujo de genes desde el Próximo Oriente en todas las direcciones, o
dicho de otro modo, los pueblos neolíticos se habían expandido como resultado
de la explosión demográfica que la revolución económica había producido en el
centro de origen de la agricultura y la ganadería.
El cromosoma Y nos indica que alrededor de un 20-25% de los linajes
masculinos provendría de la migración neolítica, el resto ahora se asigna al
Paleolitico Superior, y antes se asignaba a otros mecanismos como por ejemplo la
selección natural y otros. Aún así, este resultado (más del 70% de efecto del
Paleolítico Superior) no cuadra con la existencia de correlación entre datos
genéticos y lingüísticos, por lo cual, hay cierta controversia al respecto. O
sea que, el origen mayoritariamente indoeuropeo de las lenguas habladas en
Europa, no refleja ese gran substrato Paleolítico. A espera de
nuevos datos debemos suponer que ese porcentaje puede resultar excesivo.
Podemos decir que el Neolítico tuvo gran importancia a nivel genético, y que
en los primeros estadios de la entrada en Europa de los agricultores, hubo
procesos de mezcla muy importantes con los cazadores-recolectores autóctonos.
No debe pensarse no obstante, en grandes migraciones de pueblos, sino en
una muy lenta expansión de las poblaciones que, iban adoptando una detrás de
otra la nueva economía, fruto de la cual se producíría un gran aumento demográfico.
Según los datos arqueológicos, la llegada del Neolítico a los rincones más
alejados de Europa tardó unos cuatro mil años, lo que representa una expansión
de tan solo un quilómetro al año. La expansión neolítica habría sido lenta, pero
muy constante.
Del Epipaleolítico al Neolítico debemos considerar procesos migratorios
que abarcan un largo periodo, y que se realizan de forma constante.
Los estudios que se pueden hacer de nuestra historia antes de la invasión de
las legiones romanas, deben basarse en todo aquello que nos puede proporcionar
la investigación arqueológica, como pueden ser, los hallazgos de restos humanos,
de instrumentos, manifestaciones artísticas, inscripciones y monedas en lenguas
desconocidas. Los documentos de autores griegos y romanos con los que se cuenta,
son imprecisos y algo contradictorios, ellos nos han legado nombres de tribus y
topónimos de distinto origen.
En los Millares, poblado de Almería, sus habitantes hicieron uso del cobre,
constituyendo uno de los poblados más asombrosos de la Edad del Cobre. La
cultura creada en los Millares se extendió durante el tercer milenio por
amplias zonas de Andalucía y del Levante español, llegando hasta Portugal.
Tenía este asentamiento un complejo sistema defensivo, cuatro líneas de murallas; vivían en
cabañas de planta circular, con zócalos de piedra, la cubierta vegetal y el piso
de tierra apisonada; una enorme necrópolis, con presencia de tumbas en corredor,
y enterramientos colectivos. Han aparecido reliquias de cerámica, piezas de
cobre, y restos de telares. Dada la escasa resistencia del cobre la mayoría de
las herramientas seguían siendo de piedra, de ahí que a la Edad del Cobre
también se le llame Calcolítico, periodo de cobre y piedra.
Destaca la cultura de El Argar, desarrollada por pueblos del sureste de la
península. La explotación minera y los objetos de oro y plata relegaron la
industria de piedra y hueso. De la aleación de nueve partes de cobre y una de
estaño surgió el bronce, metal de gran resistencia.
Aparece la espada que va a ser un elemento que característico del carácter
guerrero de esta etapa. Además, quien lleva una espada se distingue socialmente,
pertenece a un grupo social diferente al de los simples campesinos, es un
guerrero o un jefe. Otras armas que surgirán serán las dagas, los puñales, las
corazas, los cascos, las puntas de lanza y los escudos.
Surge la cerámica de tipo campaniforme. Su nombre proviene de la forma de
campana invertida que tienen las vasijas. Se trata de una cerámica hecha a mano,
con mucha decoración, realizada mediante incisiones en las que se aplicaba como
relleno una pasta blanca, con el objeto de resaltar los adornos, generalmente de
tipo geométrico. Algunos sugieren que el vaso campaniforme surge en la Península
Ibérica, al amparo de la cultura de los Millares o de la cultura de El Argar, y
que de allí se extendería este peculiar tipo de cerámica por amplias regiones
que van desde Portugal hasta Centroeuropa, llegando incluso a las Islas
Británicas.
Enterramientos dentro del poblado, ya sea bajo el suelo de las viviendas o
fuera de las mismas. Se trata siempre de tumbas individuales, dobles o incluso
triples que presentan tres formas diferenciadas como son los enterramientos en
urnas (tinajas, también llamadas "pithoi"), en cistas (pequeñas tumbas
realizadas en un foso revestido de grandes lajas rectas a modo de caja, por lo
que a veces se les ha llamado tumbas planas), y en covachas artificiales
excavadas en la roca. Estas últimas son las más antiguas junto a las cistas,
mientras que los pithoi son las más recientes.
Muchas comunidades cubren de megalitos, ¨piedra grande¨, buena parte de la
Península Ibérica, se utilizaban para expresar el poder más allá de la muerte,
marcar los territorios y las rutas de desplazamiento de los rebaños.
A partir del segundo milenio, la Península Ibérica se integra dentro de las
rutas marítimas de comerciantes y aventureros que recorren el Mediterráneo,
estos venidos de Oriente llegan a nuestras costas, se estrechan lazos con los
indígenas y se fundan colonias.
Mientras tanto la meseta se encerraba en la tradición y el norte era visitado
por gentes que llegaban desde la Europa continental.
Este trasiego de gentes debe hacernos imaginar la Península en su conjunto,
como un territorio habitado por gentes diferentes que hablaban lenguas
distintas entre sí.
Fenicios, indoeuropeos, griegos y cartagineses:
Los fenicios pueblo semita, vivía en la costa septentrional Sirio-Libanesa,
dos de las ciudades más importantes de los fenicios eran, Tiro y Sidón.
Estos fundaron muchas colonias y factorías en el sur de España, algunas
crecieron hasta convertirse en ciudades, otras más modestas fueron pequeños
poblados situados en la costa o junto a un río. Entre las colonias más
importantes que fundaron figuran, Málaga, Ibiza, Almuñécar, Adra, pero la más
importante de todas fue sin duda Cádiz. Utilizáron el término ¨Spn¨ para
designar a la Península; hoy en día hay debate entre dos de sus posibles
acepciones, una sería, ¨tierra de conejos¨, y la otra ¨tierra del norte¨.
Entre sus aportaciones figuran la introducción del torno de alfarería, el
cultivo de la vid y el olivo.
En el sur llegaron a haber núcleos de población púnico-fenicia que
conservaron su lengua hasta la llegada del Imperio Romano. Establecieron
contacto con una cultura perdida establecida en el sureste de la península, la
de Tartessos, situada en el valle del Guadalquivir. Los tartesios constituyeron
el primer estado organizado de la Península Ibérica y adquirieron una
extraordinaria personalidad política y cultural.
Los tartesios contaban con su propia lengua que era hablada desde el Algarve
al Bajo Guadalquivir. Se encargaban de la explotación de las minas circundantes,
y además controlaban el estaño del noroeste peninsular, minerales todos ellos
demandados por los comerciantes fenicios establecidos en las costas, y más
adelante, por los griegos en dura competencia. Para la leyenda ha quedado el
nombre de su mítico rey Argantonio. Entre los objetos encontrados destacan los
más de 400 objetos de bronce hallados en la ría del Odiel en Huelva. De la Edad
del Hierro quedan verdaderos tesoros como el del Carambolo (siglo VII-VI a.C.).
En la misma época, allá por el año 1.100 a.C., tribus de indoeuropeos con
armas de hierro, empezaron a cruzar los Pirineos procedentes de Centroeuropa y
se asentaron progresivamente en zonas de Cataluña, del Valle del Ebro, de la
Submeseta Norte y de Galicia.
Trajeron consigo novedades como es la introducción del hierro, dando así
comienzo la Edad del Hierro peninsular, también el ritual de la incineración de
los cadáveres, y los extensos campos de sepulturas. El ritual funerario
comprendía la cremación de los cuerpos de los fallecidos, cuyas cenizas se
depositaban en contenedores o urnas de barro cocido de forma bicónica o de
cuello cilíndrico que a veces pulimentaban o decoraban con incisiones.
Las migraciones indoeuropeas trajeron consigo lenguas precélticas y célticas.
Entre las que se han podido distinguir variedades como el lusitano y el
celtíbero.
En este punto cabe la pregunta, ¿cuál era el origen de los indoeuropeos
parlantes?. Pues según la teoría Kurgan, los indoeuropeos parlantes sobre el
4.300-2.800 a.C. fueron desplazándose desde el sur de Ucrania. Por tanto estamos
ante una expansión démica desde las estepas del norte de los mares Negro y
Caspio hacia otras regiones de Europa. Una de sus características era el uso del
caballo junto con el carro.
Heredera de la colonización fenicia, a mediados del siglo VII a.C. comienza
la cartaginesa, como consecuencia de la caída de Fenicia a manos de los asirios
de Nabuconodosor (573 a.C.). La ciudad de Cartago que se encontraba en la costa
tunecina era la capital fenicia del oeste, y es la que se encarga de tomar el
relevo a partir de ese momento, desde ésta se fundan ciudades y factorías en la
costa ibérica como es el caso de Cartagena y Mahón, haciendo de la Península su
principal proveedor de materias primas.
Desde finales de ese siglo llegan los griegos, favorecidos por la caída de
las ciudades fenicias. Llegan desde su colonia de Marsella que había
experimentado un gran auge, y compiten con los cartagineses, fundan factorías
como Rodas y Ampurias. Las denominaciones de Iberia y Hesperia serán las que
utilizarán para designar las que para ellos eran unas tierras en los confines
del mundo conocido.
Los cartagineses destruirán el reino de Tartessos, y pondrán fin a la
expansión helena hacia el oeste.
Desde el siglo VI al I a.C. entre el valle medio del Guadalquivir y el
Rosellón, se produce una renovación cultural en las poblaciones autóctonas
peninsulares, herederas de las culturas precedentes y con grandes influencias
orientales que dará lugar a una sociedad de clases y urbana. A esta cultura es
a la que se denomina Ibérica. No consta que los íberos tuvieran una identidad
colectiva. La lengua de estos pueblos, distinta a la de los tartesios, fue en
sus variedades hablada desde el este de Andalucía hasta el sur de Francia;
según algunos investigadores sería de procedencia camítica, lo que les
atribuiría un antiguo origen norteafricano a estas gentes, si bien, aún no es
posible afirmar nada definitivo a este respecto.
Los íberos construyen nuevas ciudades amuralladas a las que los romanos
denominaron oppidum.
Practican la escritura, adaptación de la tartésica, ésta a su vez de origen
fenicio; acuñan moneda; conceden gran importancia a la figura del guerrero y al
jinete; característica es la falcata, su típica espada curva. La figura más
representativa del arte ibérico es la Dama de Elche.
La repercusión que el conjunto de las lenguas prerromanas tiene en el
castellano actual es meramente testimonial, solo han quedado un escaso número de
términos, como pueden ser, barro, barraca, charco, perro, manteca, braga,
etcétera.
Una vez los cartagineses toman posiciones, dos potencias van a competir por
la hegemonía del Mediterráneo, Cartago y Roma; y el resultado de esta
confrontación va a ser la responsable del discurrir histórico de España.
Los latinos, pueblo indoeuropeo, comienza la conquista y colonización de
Hispania (latinización del término fenicio ¨Spn¨) a fines del siglo III a.C. Los
romanos salen victoriosos de sus guerras contra los cartagineses y se convierten
en la potencia hegemónica durante los próximos siglos.
Roma invade Hispania (de la evolución del nombre Hispania surge la actual
denominación de España) en plena segunda Guerra Púnica y no podrá tenerla bajo
su poder hasta el reinado de Augusto, cuando tras dos siglos de sangrientas
luchas, enfrentándose en el campo de batalla los pueblos indígenas a las
legiones, cae bajo el Imperio Romano, salvo los vascones y algunos reductos de
astures y cántabros en el norte.
Para la leyenda han quedado, el caudillo Viriato, sus luchas de guerrillas y
el espíritu indomable de las gentes de Numancia.
La Bética es donde primero se introdujo y más intensa fue la romanización. El
tener una cultura de por sí superior a la de las demás regiones facilitó la
asimilación de las nuevas costumbres, y la instalación de colonos.
Hubo establecimiento de veteranos de la guerra de conquista y de emigrantes
latinos en las fértiles tierras del valle del Guadalquivir, en la costa
mediterránea, y valle del Ebro. Se establecían en las ciudades que iban
surgiendo, tales como: Tarragona, Itálica, Córdoba, Calahorra, Valencia,
Pamplona, Mérida, Zaragoza, Astorga, Lugo y Braga.
Los romanos trajeron la lengua latina, de la que surgirán los romances
peninsulares.
Las distintas lenguas prerromanas tardaron en desaparecer, hubo un periodo de
bilingüismo en el que las lenguas nativas fueron quedando reducidas al ámbito
familiar, hasta llegar a la completa latinización de la sociedad. Este proceso
debió durar siglos. El cristianismo debió ayudar mucho en la imposición del
latín.
La primera división administrativa creó dos provincias: Citerior y Ulterior;
le sucedió la que dió lugar a: Tarraconense (Citerior), Bética y Lusitania;
posteriormente se formó otra provincia aparte: Gallaecia-Astúrica; más tarde, de
la Tarraconense se escindió la Cartaginense; con la Baleárica y la Tingitana
constituirían todas ellas la diócesis de Hispania, dependiente de la prefectura
de las Galias.
Los romanos acercaron a Hispania el mundo clásico, y lo que éste traía
consigo, el derecho, el urbanismo, la arquitectura, las comunicaciones (la vía
Herculea, la vía de la Plata), la agricultura (el arado, los regadíos).
La decadencia del Imperio Romano conlleva las crisis surgidas en los siglos
II y III d.C., provocando la despoblación de las ciudades y la llegada de la
gente a las explotaciones agrícolas. Los terratenientes modestos debían soportar
altas cargas tributarias que les llevaba a vender sus propiedades o a solicitar
la protección de los poderosos por cesión de la propiedad. Surgen los grandes
latifundistas y la sumisión del campesino, al mismo tiempo decae la actividad
mercantil.
A partir de los edictos de Constantino (313 d.C.), la iglesia ve reforzado su
poder político, se compromete con el poder imperial. Comienza el gran poder que
tendrá la iglesia en la historia de España. Los apellidos que proceden del latín
son numerosísimos, como ejemplo dos de los apellidos presentes en nuestra
familia, López (hijo de Lope, evolución del término latino lupus, de significado
lobo); y Antón (derivado del nombre latino Antonius).
A principios del siglo V entran en Hispania tres pueblos germánicos: los
suevos, los alanos y los vándalos; pueblos que emigraban debido a la presión
ejercida sobre ellos por los hunos que entraban en Europa provenientes del Asia
Central. En cuanto a su número una estimación aceptable sería la cifra de
300.000 personas, de los cuales unos 80.000 podrían ser guerreros. Los suevos y
vándalos eran pueblos indoeuropeos, de la familia germánica. Los alanos eran un
pueblo también indoeuropeo pero de familia irania. A todos estos pueblos se les
denomina como germanos, ya que los romanos consideraban así a todos sus enemigos
europeos, salvo excepciones como es el caso de los hunos. De esta cifra el mayor
contingente correspondía a los suevos, que consiguieron formar un reino en
Galicia y el norte de Portugal que subsistió hasta su derrota por el monarca
visigodo Leovigildo el 585 d.C.
Dos años después (411 a.C.), empiezan a entrar también los visigodos (godos
del oeste), aliados de Roma, a quienes se les solicita, a cambio de raciones de
trigo y tierras en el sur de Francia, que combatan a los invasores, y a las
baugadas, bandas de desposeídos y salteadores, que tienen atemorizados a los
habitantes de Hispania. Estos acontecimientos son causa del vacío de poder
dejado por Roma.
Los visigodos serán unos 200.000 entre los 6 millones de habitantes con que
contaría la Península. Vencen a los suevos y aniquilan prácticamente a los
alanos; el 429 d.C. los vándalos instalados en la Bética abandonan la Península
y se asientan en el norte de África, mientras los suevos forman un reino en
Galicia.
Por su parte, los visigodos fundaron otro reino independiente de Roma desde
el 475 d. C., que abarcaba casi todo el resto de Hispania y parte de la Galia,
exceptuando principalmente zonas del sur, sudeste y las Islas Baleares, en poder
del Imperio Bizantino hasta el primer tercio del siglo VII ( caen en poder de
Suintila el año 624 d.C.), y algunos territorios del norte (astures, cántabros y
vascones) mal dominados. Con el tiempo constituyen su capital en Toledo.
Estos desde un principio dictan leyes que mantendrán separadas la comunidad
visigoda de la hispanorromana. Leovigildo derogará las leyes prohibitorias de
matrimonios mixtos. Los visigodos terminan por abandonar el arrianismo y
abrazan el catolicismo tras la conversión de Recaredo en el III Concilio de
Toledo (589 d.C.). Al sellarse la alianza entre el trono y la iglesia, los
obispos pasan a ser grandes autoridades, y la cultura clásica termina por
triunfar sobre la de los invasores germanos, al aprobar éstos una reglamentación
estatal de tradición romana el Liber Iudiciorum (654 d.C.), válida tanto para
visigodos como para hispanorromanos.
El fin del reino llega con la muerte de Vitiza (710 d.C.), los problemas
sucesorios, y la derrota de Rodrigo (711d.C.) ante los nuevos invasores
norteafricanos, en la batalla de Guadalete. Pocos términos han quedado de la
lengua hablada por los visigodos, en cambio su influencia en la onomástica
española es abundante. Algunos de los nombres adaptados al romance son:
Fernando, Gonzalo y Rodrigo. A los godos debemos apellidos de origen germánico
que figuran en nuestra familia como son: Fernández (de Fredenand, hijo de
Fernando), González (de Gundisalvus, hijo de Gonzalo), y Rodríguez (de Hrodric,
hijo de Rodrigo).
A lo largo del siglo VII, los árabes invaden el norte de África (la Mauritania romana
que a partir de ese momento se denomina al-Maghreb, la ¨isla de occidente¨) y la expansión
musulmana continúa en el siglo siguiente, cuando tropas bereberes (conocidos como moros
del latino maurus, habitante de Mauritania) bajo liderazgo
árabe invaden la Península (711 d.C.). Al mando de las tropas norteafricanas se
encontraba Tariq, el gobernador de Tánger en esos momentos.
Los invasores denominarán las nuevas tierras conquistadas con el nombre de
Al-Andalus, cuyo significado es ¨tierra de los vándalos¨. Tanto la introducción
de una nueva religión, como los cambios sociales, lingüísticos, políticos y
económicos que acarrean estas migraciones, fueron rápidamente asimilados por los
habitantes de Al-Andalus.
Posteriores movimientos poblacionales que cruzaron el estrecho fueron las
oleadas bereberes: almorávide y almohade (siglos XI y XII); la expulsión de los
judíos peninsulares en 1492, muchos de los cuales se establecieron en el Magreb;
y la expulsión de los moriscos a principios del siglo XVII. A pesar de tantos
cambios, el impacto demográfico de la conquista fue limitado. En este punto cabe
decir que no he encontrado nada publicado en cuanto a marcadores biológicos de
ascendencia judía en la población española. Tenemos que pensar que la mayor
parte de la población judía de la Península eran prosélitos, es decir,
habitantes peninsulares que abrazaron el judaísmo.
Investigaciones realizadas han permitido establecer las relaciones entre las
poblaciones del norte y del sur del estrecho de Gibraltar, llegando a
cuantificar el intercambio que se ha dado entre ambas en la historia. Así, en
promedio se puede afirmar que un 7% de los linajes masculinos ibéricos son de
origen magrebí. Dicho porcentaje es mayor en Andalucía con un 14%, pero también
es apreciable entre la población vasca con un 3%. Pero dichos intercambios no se
dieron sólo en una dirección, el 5% de los linajes masculinos norteafricanos se
originaron en Europa, muy probablemente en la Península Ibérica.
Es probable que el establecimiento independiente de humanos anatómicamente
modernos durante el Paleolítico en ambos lados del Estrecho de Gibraltar sea la
causa inicial de las diferencias genéticas existentes. Entre los acontecimientos
demográficos posteriores, se debe mencionar el Neolítico, experimentado tanto
por la población ibérica como por la norteafricana, se desarrolló al parecer de
manera independiente por ambas orillas del Mediterráneo, hasta alcanzar su
extremo occidental, donde halló poblaciones establecidas con anterioridad y
diferenciadas entre sí. Posteriores contactos mediterráneos (desde el segundo
milenio a.C. al periodo romano), y las expansiones islámicas parecen haber
tenido poco impacto genético sobre los intercambios norte-sur. Se ha sugerido
que la arabización del Magreb (Norafrica Occidental) fue el resultado de un
reemplazamiento cultural con impacto demográfico (y genético) limitado.
En biología molecular no pueden tomarse los datos como algo definitivo,
estamos a expensas de futuras investigaciones, y debemos pensar que quizás los
datos en el sur peninsular para los linajes masculinos puedan ser algo mayores, y
por supuesto siempre superiores que para los linajes femeninos, esto debido a que
el fenómeno migratorio fue algo esencialmente masculino.
La distancia geográfica entre Noráfrica Occidental y la Península Ibérica en
su parte más estrecha es de menos de 15 km, pero pudo actuar como una fuerte
barrera geográfica, impidiendo el flujo genético entre los dos continentes. El
Mediterráneo en el Estrecho de Gibraltar produce corrientes marítimas que pueden
hacer dificultosa la navegación y restringir el flujo genético. Hoy en día
podemos apreciar la dificultad que presenta para la navegación con el fenómeno
de ¨las pateras¨. Aún cuando las dificultades de navegación fuesen
incuestionables, la distancia es suficientemente pequeña para permitir la
migración. El presente análisis, sin embargo, muestra que el Estrecho de
Gibraltar actuó como una barrera que provocó la discontinuidad genética.
El árabe ha dejado gran influencia en el léxico y la toponimia hispana. Tanto
es así que el léxico hispano-portugués se caracteriza por la gran cantidad de
arabismos que contiene en comparación con el resto de romances.
Dejó su huella en gran número de apellidos hispanos; en nuestra familia
encontramos el apellido Medina, que en árabe significa ¨ciudad¨; era el núcleo
urbano, de trazado apretado y denso.
Los rebeldes cristianos desde el comienzo de la invasión árabe, encuentran
refugio en las zonas montañosas del norte y noreste de la Península, donde
entablan alianza con astures, cántabros y vascones. Allí podrán conservar su
mundo, organizarse y comenzar su expansión, con la ocupación y repoblación de
tierras.
Una escaramuza llevada a cabo contra los musulmanes en Covadonga (722 d.C.),
liderada por Pelayo, pone freno al avance musulmán. Este acontecimiento es
considerado como símbolo del espíritu de resistencia que tendrá lugar durante
los próximos siglos.
En el norte cristiano comienzan a surgir distintos reinos: el de Asturias en
primer lugar, al que sucederá el de León; Navarra; Aragón; Castilla; y los
Condados Catalanes.
Al ir avanzando los reinos cristianos sus fronteras, se extiende con ellos la
toponimia y la antroponimia. La diversidad de nombres propios entre los siglos
VIII y X es grande, y normalmente no se hace necesario el uso del apellido.
Al irse desarrollando e incrementando la complejidad de los reinos
cristianos, comienza el uso de los apellidos para diferenciar a las personas.
Las personas de condición noble van a ser las primeras en utilizarlos.
Utilizando el nombre propio del padre se construyen los apellidos patronímicos,
en la mayor parte de los casos se hará uso del sufijo -ez, muy probablemente de
origen prerromano, que significa, ¨hijo de¨. Otras terminaciones menos
frecuentes serán: -az, -iz, -oz, -uz. Hoy en día este tipo de apellidos siguen
siendo los más frecuentes en España, muy por delante de los toponímicos,
apódicos (Crespo), de oficios (Labrador), etcétera.
Desde mediados del siglo IX hasta inicios del siglo XI, tiene lugar en
Castilla y León un proceso de colonización rural en las zonas reconquistadas,
con la creación de aldeas por cristianos del norte y mozárabes del sur.
La incipiente Castilla se verá poblada por ¨foramontanos¨, habitantes del
norte, cántabros en el centro y vascones en la zona oriental. El valle de Mena,
zona de la que toma nombre nuestra familia, tendrá este tipo de repoblación. La
lengua castellana presentará rasgos de gran individualidad con respecto al resto
de las lenguas romances.
Los territorios reconquistados por el Reino de León, serán repoblados por
gallegos, asturianos y leoneses. El romance astur-leonés es como un estado
intermedio entre el gallego-portugués y el castellano. Apellidos de esta
procedencia figuran en ramas de nuestra familia salmantina y zamorana, ambas
zonas de repoblación leonesa; tal es el caso de: Losada, de origen gallego;
Morán, de origen asturiano; y Robles, de origen leonés.
La superioridad de los reinos cristianos sobre los musulmanes se pone de
manifiesto en el siglo XI, cuando se produce la división del Califato en
pequeños reinos de taifas, y estos comienzan a pagar tributo a los reinos
cristianos.
Desde mediados de este siglo, el Camino de Santiago se convierte en vía de
penetración de muchos inmigrantes ¨francos¨ (franceses y de Europa en general),
y con ellos la entrada de las corrientes religiosas, políticas y artísticas
imperantes al otro lado de los Pirineos.
Navarra y Jaca fueron las dos puertas de entrada de estas gentes, y junto a
ellos dos sucesos señalados de esa época, la reforma cluniacense y el románico.
El Reino de Aragón se encontraría a la hora de repoblar las nuevas tierras
bajo su jurisdicción, con el problema de la falta de pobladores con los que
llevar esta tarea a término, por lo cual, junto a los aragoneses, navarros y
castellanos, llegados al Bajo Aragón y macizo de Teruel, se acordó la
permanencia de casi todos los musulmanes de las zonas rurales y también de los
judíos. Los mudéjares de las regiones ocupadas conservarán sus creencias,
vestimenta, costumbres y lengua. A los mozárabes que ya habitaban estas tierras,
habrá que sumarles los llegados en el siglo XII, provenientes de tierras
murcianas, granadinas y cordobesas. La repoblación de las tierras aragonesas al
igual que ocurrió en las navarras se basó en la creación de aldeas. También
llegaron repobladores catalanes, principalmente a zonas fronterizas del este; de
esta procedencia encontramos apellidos en la familia, como es el caso de:
Catalán y Soler. En el siglo XII entran a tierras aragonesas muchos ¨francos¨,
en especial bearneses, gascones y normandos. Esta inmigración queda reflejada en
nuestra familia con el apellido Franco, y con apellidos de origen bearnés, como
Laborda; o gascón, como Fayet (Gascuña es la zona romanizada de la primitiva
zona vasca francesa).
Navarra presentará bilingüismo en gran parte de su territorio donde se habla
romance navarro-aragonés y vasco; recibe también gran cantidad de francos,
quienes durante un tiempo seguirán hablando su lengua. Gran cantidad de rasgos
navarros impregnarán el castellano, al igual que posteriormente multitud de
castellanismos llegan al vasco. El romance navarro-aragonés es para entenderlo
un intermedio entre el castellano y el catalán.
Algunos de nuestros apellidos familiares de procedencia navarra son: Ripalda,
Torrea, y Cruzat (de origen bretón).
Procedentes del vasco en la onomástica española entran nombres como García y
Gimeno, presentes en nuestra familia.
El imperio Carolingio fijó la Marca Hispánica en Cataluña, dejando a cargo de
estas tierras a Condes que la mantenían ligada en lo cultural y político a
Francia, mientras la lengua catalana recibía gran influencia del provenzal. A
medida que aumentaba el poder de Barcelona y se expandía al sur, las tierras
catalanas se implicaban cada vez más en la política hispana.
El Reino de Valencia se verá repoblado en su mayor parte por catalanes, y
también por aragoneses. Una rama de nuestra familia proveniente de Alicante, se
apellida Clemente, apellido de origen aragonés.
El repoblamiento de Murcia se llevará a cabo por castellanos, catalanes y
aragoneses.
De la repoblación de la Mancha se van a encargar en su mayor parte gentes
castellanas.
Con posterioridad a la introducción del apellido patronímico, como forma de
diferenciación de las personas, aparece el apellido toponímico, el cual tomará el
nombre de las aldeas que en gran número iban aumentando durante la reconquista.
Los apellidos a partir del siglo XII, para ratificar el linaje, se van
haciendo estables entre los nobles, y un siglo después se irá consolidando su
transmisión hereditaria entre el estado llano. Será un proceso lento que se
reafirma en el siglo XV, y sobre todo en el siglo XVI.
Tras casi ocho siglos de permanencia musulmana, y de años esplendorosos como
los del califato de Abd-al-Rahman III, la reconquista llegará a su fin con la
rendición de Granada en 1492, cuando el último rey nazarí, Boabdil, entregue la
ciudad a los Reyes Católicos. Ese mismo año serán expulsados los judíos; los
moriscos aún podrán permanecer hasta principios del siglo XVII, cuando bajo el
reinado de Felipe III se proceda a su expulsión. Este acontecimiento no
representó para Castilla un golpe demográfico importante, en cambio sí lo fue para Aragón
y Valencia.
A partir de este momento habrá que esperar hasta finales del siglo XX, cuando se producen movimientos de gentes de más allá de nuestras fronteras que llegan para establecerse en la Península Ibérica. Sus lugares de procedencia serán: Sudamérica, África y Europa del Este.
Llegarán por millones, y a partir de este momento se inicia un nuevo capítulo que aún es pronto para poder desarrollar.