historia de Sabiñán

El pueblo de Sabiñán

Por Francisco Tobajas y Gallego


Según se suponga derivado de ''sabinar'' o de ''viña'', según cree GIMÉNEZ SOLER, se escribe Sabiñán o Saviñán, y hay sellos oficiales con las dos denominaciones. En el nomenclator oficial se llama Sabiñán1.

Se debió comenzar edificando a los dos lados de la iglesia de San Pedro y sobre el camino de Calatayud a Aranda de Moncayo, o sea la calle Alta o Somera, llamada después Real y hoy calle Mayor. Luego debió aprovecharse la rambla o barranco de las Eras, dando lugar a las calles del Centro y San Roque, hasta la puentecilla del Maltés, pero al ir aumentando la población se edificarían las casas en las fincas colindantes a este barranco. En el siglo XVI, la calle del Ciprés servía de paso para el huerto de este mismo nombre y para la era de los Muñoz de Pamplona, situada junto a la casa del rentero Pascual Olvés2.

La calle del Charco o de San Ramón creo que es del siglo XV o principios del XVI, urbanizada toda en la misma época, debido a su uniformidad. En esta época debió roturarse y ponerse en cultivo de regadío la parte de las Espartinas. Consta que por entonces se abrió o prolongó la acequia de Juan Forcén en aquel paraje, por lo que es posible que llegaran colonos y se establecieran en las casas de aquella calle. Me induce a creerlo el dato que la casa Muñoz de Pamplona «dio a catorce o más moros, tierra en las Espartinas» y también les facilitaría solar para edificar las viviendas. Pudo ser en la parte baja del huerto del Ciprés, que les pertenecía, o sea en la misma calle de San Ramón. Los nombres de estos catorce moros eran: Ince el Alfaqui, Mahoma Moltacho, Ali Serón, Ali Hechar, Ince Lajarique, Ali el Tejero, Mahoma de Abocaque, Mira Calavera, Mahoma el Morisco, Audalla Hanzary, Mahoma Alvillena, Fátima Alvillena, Brahen de Alberique y Ali de Abenzary. Los nombres de los que habitaban esta calle en el año 1561, son de moriscos (mudéjares convertidos).

La calle Mayor en esta época de mediados del siglo XVI, estaba comprendida entre la casa de Miguel Lafuente Soriano (aun se conoce en la casa de enfrente, el pilar que sostenía el arco de las puertas), viniendo de Morés, hasta la casa de la tienda de Joaquín Aznar, saliendo hacia Paracuellos3. Por el norte y sur debían existir dos pasos de riego a los ojos de la Forcena, que existen al norte y sur de los Camareses. El norte debía ser la calleja de la Anselma y su continuación hasta la acequia de Jumanda. El del otro lado aun se ve, aunque cerrado, entre el jardín del conde de Argillo y la casa de la viuda de José Navarro4, y entre la casa ya citada de Joaquín Aznar y la contigua al lado sur. Ambos pasos eran los límites de lo entonces edificado.

Por tanto el barrio del portal de San Roque, el de Paracuellos y el de los Laureles, son posteriores al siglo XVI. Sospecho si esta calle sería la llamada «barrio verde», a finales del siglo XVII.

El Concejo tenía la herrería y el ruejo, donde está el molino de Juan Lafuente5. Entre éste y la acequia había un paso llamado «el pasillo», por donde se iba al tejar y a unos huertos contiguos, por no dar la vuelta por San Antonio, que era su entrada, ya que por la Señoría no había paso, o sólo lo tenían el huerto o los huertos situados en lo que es la calle del Molino y ruejo de los hijos de Pedro Antonio Gracián6. Los que tenían permiso para pasar por él, excepto el tejero, pagaban la licencia en pollos.

El horno ya debía estar donde está hoy en la plaza7 y de aquella época puede ser el reloj de sol que existe en su fachada. A principios del siglo XVII había en la calleja de la Anselma, una casa dedicada a hospital, con cuatro camas, una de ellas destinada a «los heridos». Supongo que más tarde el Concejo tomaría otra casa para los mismos fines en la calleja de la calle del Centro. De ahí tomaría el nombre de «calleja del Hospital»8.

El molino o molinos de harina debieron estar en lo que hoy es cauce del río, frente al molino de aceite de Pujadas. El Jalón debía ir por las huertas de Carcenique y a mediados del siglo XVII se encauzó por donde va ahora, llevándose los referidos molinos que eran de la propiedad de Juan de Heredia. Como no los reedificó, el Concejo construyó un molino de harinas en un terreno libre de avenidas, con seguridad el que hoy conocemos. Es posible que al comprar a la casa Muñoz de Pamplona el terreno para su construcción, adquiriera también el huerto o huertos necesarios para abrir la calle que va al molino y a la contigua tejería. A la tejería la llamaban «Escudillería» (quizás hacían pucheros) y en 1518 la tenían dos moros, Ali y Juce o Ince Alfaqui, que también tenían arrendado un huerto contiguo y una era9.

Las eras estaban unas en San Roque y otras bajas, junto al pueblo. Cerca de la población estaban las de Pujadas y Heredia, al sur, por el huerto de Crespo. La era de Gascón se situaba por el jardín del conde, que tenía la suya tocando a la calle del Ciprés. Esta orientación pudo obedecer para el aprovechamiento del jumandil para aventar y para buscar el sol del mediodía, al ser destinadas para el zumaque10.

Entre la calleja de la Anselma y las escuelas, entonces «Fosal» o cementerio, había doce casas, como hoy. Al otro lado de la iglesia quizás no hubiera casas, porque el Camarés bajo, que entonces llamaban «Tras San Pedro», confrontaba con la calleja y la calle. Pasada la calleja de las Cruces, seguían las casas hasta el paso de riego que existe donde dobla la calle. En el otro lado de la calle, entrando de Morés, había casas hasta la de Bono y junto a ésta el «granero o graneros de Clérigos». Luego había un vano, tal vez debido por caer frente a la iglesia y cementerio, y no edificarse por superstición, por respeto o por estar allí «el huerto de Damián de Clarés», que de no estar allí, no sé donde se encontraría. Confrontaban con él dos casas. ¿Serían las que hay bajando a la plaza? Seguían luego las edificaciones hasta la salida hacia Paracuellos (casa de Aznar). Por allí vivían los Vacarizos y el notario Gascón. ¿Viviría antes el moro Forcén de la acequia por la casa que fuera de Juan Lafuente?11 La tradición dice que el moro Forcén está enterrado en la esquina de esta casa.

La casa de Juan Lafuente y otras del mismo estilo, que tienen bajo el amplio alero una línea de ventanas, deben ser obra del siglo XVII y comienzos del XVIII. Un autor llama «arquitectura aragonesa del siglo XVI» a la caracterizada por «los aleros salientes, galería de ventanas, grandes portadas de medio punto y enormes rejas». Si en el siglo XVI se construían en las poblaciones, se puede calcular que un siglo después se levantarían en los lugares y aldeas, sin que esto quiera decir que no hubiera excepciones.

Todas las casas debieron edificarse en terrenos de los Muñoz de Pamplona o de sus censantes. En 1561 treudaban a los Muñoz ochenta y siete casas, y seguramente no pasarían de cien las existentes. Las que no pagaban censo, serían seguramente por haberlo redimido.

El marqués de La Vilueña vivió en una casa que pagaba censo a los Muñoz y quizás también lo pagaban los últimos vástagos de la casa de Luna (Diego Martínez de Luna).

Las casas de Heredia y Funes no tributaban, aunque como ambas familias estuvieron entroncadas con los Muñoz de Pamplona, es posible que las mujeres las aportasen al matrimonio, o bien se edificaran en terrenos de su propiedad.

Isabel Pujadas también vivía en una casa que tributaba a los Muñoz. Debía situarse cerca de la posada, cerrando la plaza Muñoza, que se consideraba como propiedad de los Muñoz, aun en el siglo pasado, porque se le dio el nombre de «plaza Muñoza o del juego de pelota».

La casa de los Funes debió ser la que hoy ocupa Elías Cormán12 y tal vez fueran anexos a ella lo que hoy se llama «Corralaz». Frente a esta casa, en la entrada de la calle de San Roque, tenían los Funes un huerto (además del de la casa o del Ciprés), en lo que hoy son corrales de los herederos de Pedro Antonio Gracián.

La casa de los Heredia tenía un huerto contiguo que confrontaba con la casa de los Muñoz de Pamplona. ¿Sería la del rincón de la plaza que hoy posee Lucio Sánchez y la contigua de «El Jarro», cantina?.

La casa del Ayuntamiento o Concejo, sospecho que no estaría hecha antes del siglo XVIII. En documentos antiguos aparece que el Concejo se reunía en el portegado de la iglesia, alguna vez en el cementerio contiguo, previo pregón, señalando el día y la hora y «tañimiento de campana», antes de comenzar el acto. Buena prueba de lo públicas que eran las juntas. En otros pueblos se reunían «en la plaza común».

Cuando se hicieran las escuelas de niños en la iglesia, es probable que los jurados o alcaldes, con un Concejo o Ayuntamiento, se reunieran en ellas, como local propio, pues toda la fábrica de la iglesia se consideraba del pueblo, por estar obligado a su sostenimiento. En aquellos tiempos en los que tanto se materializaba el derecho, los jurados tenían las llaves de la iglesia, como prueba del mismo, y no costó poco trabajo que los obispos la entregaran a los vicarios, o que consintieran hacer una copia para que las autoridades eclesiásticas no tuvieran que ir a pedirla al alcalde con toda urgencia, para administrar los últimos sacramentos a los enfermos.

Tal vez por eso mismo, no se hizo una entrada independiente para las escuelas y más de un siglo se entró a ellas por la entrada principal de la iglesia. A comienzos del siglo XIX, un obispo consiguió que se hiciera otra entrada, por entender «que la manera que acostumbraban a entrar y salir los niños de la escuela, no es la más a propósito para infundirles el respeto que se debe tener a los templos».

Los toques de campana que se hacen a las ocho y media de la mañana y a las dos de la tarde, en invierno, y a las ocho y a las tres en verano, les llamábamos y todavía llaman los chicos «a entrar en la escuela». También han servido para comenzar las dos medias jornadas de trabajo en el campo, pues a dichos toques debían mover los tajos de los portales de San Roque y de San Pedro13, o del olmo, que eran los lugares de reunión y espera. Todos los jornaleros que hubiesen salido de estos lugares, tenían ganado el jarro de vino que el propietario les ofrecía, aunque no hubiesen comenzado los trabajos, por el mal tiempo. Se daban por concluidas las faenas del día, cuando el sol señalaba la parte alta del carrascal, al ponerse.

Las mujeres soltaban ya en 1508 «la fila que Pedro Gascón toma el agua para regar», y «la de la callejuela», y «la de los quiniones». Supongo serían las filas que se abrían por la calle para regar los huertos del pueblo y como las empleaban para «lavar y otras cosas», se multaba con cinco sueldos al responsable y el zabacequias podía acusar «a juramento» a quien tenía sospechas o ciertamente conocía al infractor. Esta medida parece que debió obedecer a la escasez de agua «que se iba a perder a la acequia de Jumanda», y no como medida de higiene. Debe referirse todo esto a las aguas que cruzan el pueblo, porque los Gascón tenían huertos contiguos a la casa de los Muñoz. Podía referirse al riego de «la callejuela», que por la calleja de las Cruces bajaba a la plaza y a la calle de San Roque. «Quiniones» llamaban a unos huertos situados por el portal de San Roque. He visto confrontaciones de un olivar de una hanegada y media en los «esquiniones», finca cerrada lindante con dos calles y con olivar de San Juan. Debe ser el huerto de Sarto en el portal de San Roque o la huerta de Juan Ignacio Gracián, junto al portal.

En un documento de 1591 aparece una finca descrita de esta forma: «(...) pieza sita encima de la fuente, término de Saviñán, que confronta con pieza de Miguel Fuerte, pieza de Juan Calavera y con camino real y con camino de Herederos». Esta fuente creo que debe entenderse como el único o principal manantial de uso general, para el abastecimiento de los vecinos. Si por camino real se entendía el que unía a unos pueblos con otros, hoy conocido como camino vecinal, parece referirse a la finca situada en «Los Bancales» o debajo de la huerta llamada «de Chilindrin». Estas fincas confrontaban con el camino de Embid, por la cuesta de la aldea, y camino de herederos sea el que conduce a las eras de los Calaveras o de Carcenique. En este caso la fuente sería la que mana a orillas del río y junto al puente de hierro, que entonces podía ser más permanente, o salir más alta, si el río estaba más inclinado a la parte de la Aladilla y la orilla del camino estaba más ataluzada que ahora.

En ninguno de los restantes caminos reales que conducen a Paracuellos, a Morés, a El Frasno y a Viver, existen manantiales en las circunstancias que se señalan en estas fincas. En el de las Peñuelas, la finca está encima de la fuente y aunque confronta con camino real, no lo hace con el de herederos. Otro tanto ocurre en los caminos vecinales que nos acercan a los otros pueblos, en los que no encontramos manantiales.

Por esto deduzco que a finales del siglo XVI, la fuente era la que se citaba en el camino de las Fuentes, como ahora se conoce, a causa de los pequeños hilos de agua que brotan entre el puente nuevo y la subida a la vía del ferrocarril, por lo «de Chilindrin». ¿Saldría en 1591 todo el agua junta y por eso empleaban en singular «la fuente»? ¿No sería posible elevar estas aguas a la superficie (que ya se intentó sobre 1870) y utilizarlas, aun con el río crecido? Sería un medio de dotar al vecindario y a todo tiempo de agua clara, sin los inconvenientes que tienen los pozos.

Con el río turbio y crecido he observado la afluencia de este manantial. No sería difícil realizar observaciones y estudios sobre el tema, levantando una pequeña pared, apoyándose en el estribo del puente de hierro, bajo la orma de la finca de los Tejada, hasta el barranco, continuándose por él unos cuantos metros, con objeto de represar el mayor número de hilillos de agua. Solamente que las aguas se elevaran cuarenta o cincuenta centímetros y haciéndose en la pared una o dos salidas, se podían llenar los cántaros, labrando unas escaleras de bajada. El punto más conveniente sería junto al estribo del puente. En este caso sería preciso hacer una bajada desde la misma carretera, con licencia de Obras Públicas.

Si se diera con el agua, sería preferible recogerla más alta que el camino, pero cuando hicieron el sifón de los Tejada no se cree que encontraran agua en los cimientos. Suerte sería que dichos hilos de agua vinieran de la sierra de Embid y se pudieran encontrar por encima de la Somera, para canalizarlos14


Notas:

1. Agustín UBIETO en Historia de Aragón. Los pueblos y los despoblados, III, op. cit., pp. 1087-1088, nombra Sabiñán y lo hace derivar del nombre romano de persona Sabinius o Sabinianus, y señala que se escribió Sabiñán hasta 1834 y Saviñán desde 1857. Lo cierto es que revisando los libros parroquiales antiguos y los documentos del Archivo Gracián, aunque lo encontramos escrito de las dos formas, abunda más la forma Saviñán.
El Ayuntamiento surgido de las elecciones de 1991, presidido por Lola Campos, optó por la forma Saviñán, que se ha impuesto a nivel oficial.

2. Calle del Centro se llamaba a la actual Travesía de las Damas, antes de José Calvo Sotelo. La calle de San Roque era la del estanco viejo, o sea desde la confluencia de las calles del Molino y de Santa María, hacia la calle del Centro. Desde la confluencia de estas dos calles hacia la Señoría, se llamaba de San Miguel, nombre que hoy posee toda la calle, desde la Señoría hasta la calle Mayor.
Pascual Olvés Lafuente fue alcalde en 1931. La casa a la que se hace referencia estaba situada en la actual farmacia. Con la venta del molino de aceite de los herederos del conde de Argillo y parte del jardín, se proyectó la calle de Agustina de Aragón y la avenida de Goya, para dar salida a la carretera de Paracuellos.

3. La casa de Miguel Lafuente Soriano es la que actualmente poseen las hermanas Carmen y Conchita López Cebrián, emparentadas con los Costea, en la entrada de la calleja, que José Gracián llama de la Anselma. Miguel Lafuente era hermano de Félix Lafuente, que vivía un poco más abajo, en la actual calle de San Miguel, en la casa que todavía posee un antiguo portal de ladrillo, que antiguamente fue posada. Félix estaba casado con Joaquina Sarto. Su hermana Teotiste Sarto, estaba casada con un músico apellidado Gimeno, que compuso la música de los Gozos de San Roque. La tienda de Joaquín Aznar abría sus puertas en la acera derecha de la calle Mayor, hacia Paracuellos, antes de doblar un poco la calle.

4. La casa de la viuda de José Navarro es el actual cuartel, en la confluencia de la calle Nueva o conde de Argillo, con la de San Ramón.

5. El molino de aceite de Juan Lafuente se situaba en los actuales almacenes de Francisco Tobajas Gallego. Tenía la entrada por la actual calle de San Miguel, hoy casa de Francisco Claras.
En 1847 Juan Lafuente pagaba al Ayuntamiento un treudo por el molino de aceite.

6. La familia Gracián tenía un molino harinero y otro de aceite. Se conoce un plano para la construcción de un molino de aceite, en una heredad de Pedro Gracián (murió en 1840), padre de Pedro Antonio Gracián, que daba a la acequia de Jumanda y a la calle del Molino. En él ya está situado el molino harinero, con sus canales de agua, junto al proyectado molino de aceite. El molino harinero estuvo en un tiempo al cargo de la familia Pinilla, emparentada con la familia Arenas, oriunda de Villalengua y Velilla de Jiloca, conocida en el pueblo como «los molineros». Miguel MONTERDE, en su Ensayo de 1788, ya daba cuenta de la presa sobre el Jalón que daba agua a este molino harinero y riego a la vega de Jumanda.

7. El horno de la plaza era del Concejo. Se situaba en la actual casa de Sanjuan, junto a la nueva confitería. Para levantar la casa de Sanjuan, esta familia compró una casa de la familia Gracián y el referido local que ocupaba el horno. En el edificio que ocupa la nueva confitería estuvo por un tiempo la farmacia, antes de ser trasladada a la calle Nueva o del conde de Argillo. En 1821 pagaba el arriendo del horno Roque Vincueria, en 1825 Joaquina Calvo, en 1846 Roque Campillo y en 1847 José Verón. Este horno sufrió un incendio.

8. Nada dice José Gracián del hospital del conde situado en el antiguo paseador de San Roque, hoy avenida de San Roque, cerca de la calle de las Cruces, llamada así por ir rezando por ella las estaciones hasta el Calvario, en Semana Santa.

9. La tejería se situaba en el actual horno de Pascual Arenas, junto a la acequia de Jumanda. Había otra en la subida a la Aldehuela, junto a la acequia. 10. El jumandil es un aire que sopla desde el sur, o sea desde la Cocha de Paracuellos, parecido al darocano, aunque éste siempre es más frío. Mosén Vicente Martínez, en su Carta instructiva sobre el cultivo de los olivos, dice que el jumandil se producía cuando las neblinas de la sierra de Vicor se dirigían hacia el norte o hacia el Moncayo. Este aire llegaba a parte de los términos de El Frasno, Aluenda, Paracuellos, Saviñán, Morés, Purroy, Chodes y Morata, donde fenecía.

11. La casa de Juan Lafuente es la casa situada en la calle Mayor, esquina con la actual de la Constitución. Casa de estilo aragonés, en cuyos bajos abrió sus puertas la tienda de Sarto.

12. La casa de Elías Cormán, carpintero, se sitúa en la calle Nueva o del conde de Argillo, esquina con la actual calle de San Miguel, en frente de la casa de los Gracián. En ella estuvo la tienda de Pedro de la Concepción, albañil.

13. Los arcos de San Roque y de San Pedro, se encontraban a ambos lados de la calle Mayor, cerrando el pueblo. José Gracián afirma que entonces aún podía verse el pilar que sostenía el arco de las puertas, en frente de la casa de Miguel Lafuente. Al ensancharse el pueblo, se debió levantar el nuevo arco de San Roque, que derribó un camión en los años setenta. El arco de San Pedro se cita en un libro parroquial, precisamente en un comentario que relata la visita en 1786 de la Santa Cabeza de San Gregorio de Ostia, y en algunos documentos del Archivo Gracián.

14. Nada nos dice José Gracián de la fuente de la Señoría, por ser posterior a sus Notas, hasta la que baja arcaduzada el agua del manantial de Valdegorrón. Se trata de una mina excavada a pico y pala, de no despreciable longitud, por la que el agua se filtra a través de las piedras de las paredes. La fuente de la Señoría se inauguró en presencia del gobernador civil de Zaragoza Sr. Salazar, en 1925, quedando reducida a escombros el 30 y 31 de enero de 1986, colocándose en su lugar otra, de la que hoy en día aún se abastece el vecindario, a pesar de su controvertida potabilidad.


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