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La bandera roja que prohíbe el baño ondea en numerosa playas del itoral mediterráneo este año, y es debido a la presencia de medusas o al mal estado de la mar causado en algunos casos por el oleaje que no cesa en el comienzo de esta campaña veraniega, según informó la Cruz Roja. Además, son numerosas tambien las playas tienen bandera amarilla, que advierte del riesgo, por mal estado de la mar, no apta para el baño. Como viene siendo habitual en los últimos años la temperatura del agua del mediterráneo está en aumento, unido a la considerable desaparición de los depredadores naturales de las medusas que como sabemos son las tortugas, las medusas van en aumento y empiza a ser habitual estar mas preocupado por las picaduras de las medusas que por el disfrute del baño cuando estamos dentro del agua. Empresas de cosmética y farmacéuticas han realizado estudios para poner en el mercado determinadas cremas que repelen el contacto con la piel de las medusas, no deja de ser una opción bienvenida por todos los que gustan del baño en la playa.
El Cambio climático y el peso de la política.
Es de relevancia la importancia económica, social y mediombiental del tan traido y llevado cambio climático y las distintas técnicas para tratar de mitigar sus peores consecuencias que segun los expertos nos esperan, ya han sido ampliamente discutidos en los últimos meses y en diferentes foros. No obstante, se ha debatido mucho menos sobre un aspecto igualmente importante y que se refiere a cuán preparados estamos para enfrentar el reto. La sociedad actual parte de un modelo de crecimiento poco sostenible que, según la evidencia científica más consensuada, ha sido el principal responsable del cambio climático. Como señaló hace medio siglo Seymour Lipset y han confirmado sucesivos estudios empíricos, el crecimiento económico incrementa las demandas de derechos sociales y políticos. Las sociedades liberales se fundamentan en gran parte en el crecimiento sostenido de la renta y el consumo de las generaciones presentes, lo que permite aumentar los bienes, servicios y los empleos disponibles, y mejorar así progresivamente el nivel de vida de las personas. Siguiendo esta lógica, una primera deducción es que la democratización de muchos países en vías de desarrollo no parece ninguna solución a los problemas del cambio climático.
Adultos ya, y ante el cambio climático.
De las conductas aprendidas tomamos la de que cuando un niño ve cómo su padre saca dinero de un cajero automático, cree que el fondo es ilimitado, y no entiende que su padre a veces se niegue a sacar más dinero. El padre, como adulto, sabe muy bien que ese dinero no se da gratuitamente, sino que está siendo extraído de su cuenta corriente, por lo que, cuanto más saque, menos le quedará. Ante el cambio climático, y ante los temas ecológicos en general, nos comportamos como niños, especialmente en nuestras sociedades opulentas. No vemos que nuestro ecosistema es limitado, que la mayor parte de las fuentes de energía que utilizamos actualmente se van a agotar, que su reposición, cuando puede darse, es lentísima. Estamos empezando a estar acostumbrados a oir en las noticias y leer en los periódicos acerca del cambio climático pero no estamos preparados para de verdad afrontar ninguna responsabilidad o acción que nos comprometa con ello. Es por lo que se está generalizando aquello de que cuando oimos hablar de este fenómeno que nos afecta directamente y que va a afectar a nuestras siguientes generaciones, pensamos en otra cosa o simplemente pensamos en la frase de "Otra vez hablan de lo mismo". Es una realidad que ya no tenemos vuelta atrás en algunos aspectos importantes relacionados con el cambio climático, pero si todos pùsiéramos más atención en comportamientos sencillos y cotidianos, podríamos mejorar o corregir en parte los efectos que se preveen siempre según los expertos. Algunos simplemente ignoran esta realidad; otros pretenden superarla únicamente con desarrollo tecnológico: "A mayor peligro ecológico, mayor renovación tecnológica", dicen. Nuestra sociedad parece haber puesto toda su esperanza en la renovación tecnológica, pero no podemos huir siempre hacia delante. No olvidemos que la introducción de una nueva tecnología de menor gasto energético suele producir el denominado efecto rebote: felices de ahorrar energía con una nueva tecnología, empezamos a gastar más (viajamos más, compramos más, dejamos las luces encendidas).