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                La trata de los San Bernardos del Este de Europa   Huellas de perro.jpg (12614 bytes)

    Establecimientos que venden perros con esta procedencia

El Problema de la invasión de cachorros para vender procedentes del Este de Europa representa desgraciadamente una niñas dibujo.gif (65012 bytes)consolidada realidad en muchos más países occidentales. Este fenómeno, que tiene como protagonistas negativos exclusivamente a comerciantes sin escrúpulos, ha llegado a ser desde hace algunos años una verdadera revolución, habiéndose extendido a todas las razas caninas reconocidas. El San Bernardo es desgraciadamente uno de los perros más involucrados.

   Así, verdaderas armadas de Pastores Alemanes, Alanos, Doberman, Boxer, Terranova, Perros Nórdicos, Perros de Aguas, Yorkshire, Terrier, San Bernardo, etc. (por sólo citar algunos), todos rigurosamente hijos de famosos campeones húngaros, han empezado a dar bellas muestras de ellos mismos (perdonen el eufemismo) en los escaparates o en las perreras de los comerciantes de animales de nuestro país.

   Por lo que respecta a los San Bernardo de procedencia húngara o del Este de Europa, debe replicarse de una vez por todas que tienen un valor de cero desde el punto de vista genético y morfológico.

   Generalmente, nacen entre pequeños comerciantes de los países de origen o, más raramente, entre aislados criadores sin medios. Son arrancados de los cuidados de sus madres a las pocas semanas de vida, embalados como pastillas de jabón dentro de cajas de cartón o de madera y enviados como si fueran cualquier mercancía a los revendedores quienes, después de extraerlos de sus contenedores, con gran espíritu cinófilo, los exponen en sus escaparates, exaltando quizá su extraordinaria morfología. Naturalmente, muchos de estos pobres animales, por su jovencísima edad, o por la carencia o ausencia de una correcta alimentación, o por la absoluta falta de vacunas, desparasitaciones y de las más elementales reglas higiénicas y sanitarias, sucumben antes de llegar a su destino. Los viajes, a menudo larguísimos, se llevan a cabo en la más absoluta promiscuidad en camiones y trenes de mercancías sin calefacción en invierno y ardientes en verano, con poco aire, en la oscuridad. Los supervivientes llegan generalmente enfermos, extenuados y totalmente destruidos desde el punto de vista psíquico justamente en la fase más difícil: la del "imprinting" y de la socialización.Cabeza dibujada.gif (47128 bytes)

   Y justamente en este aspecto penoso y necesitado de afecto juegan los comerciantes más hábiles, explotando la vulnerabilidad psicológica y la no preparación y desinformación de base que se confía a una tienda para la adquisición de un perro . Un tierno cachorro de pocos días que aúlla encerrado dentro de una pequeña jaula en un escaparate (quizá la vigilia de Navidad, con el niño que lo espera en casa como si fuera un peluche) tiene un efecto quebradizo y decisivo desde el punto de vista emotivo, mucho más que el pequeño cachorro exhibido en una perrera dotada de todo confort, con amplios recintos e higiene adecuada. El impulso , a menudo irrefrenable, de entrar en seguida en la tienda para comprar aquel perro es de esta manera liberarlo y liberar a la propia conciencia de una situación poco agradable. Por ello, entrar en la tienda y comprar aquel sucedáneo de perro de raza significa firmar la propia condena. De hecho, el perro se mostrará en seguida enfermo, atemorizado y necesitado de los cuidados médicos más asiduos y costosos, consecuencia directa de la falta de vacunación, desparasitación, etc. La carente o equivocada alimentación recibida hasta aquel momento (quien comercializa  con cualquier tipo de perro por motivos prácticos y económicos no piensa en variar la dienta según la raza o al menos según las dimensiones) hará que el perro, sobre todo si es de gran talla como un San Bernardo o un Alano, esté raquítico y desnutrido, con deficiente desarrollo no sólo del esqueleto, sino también de la musculatura. En otras palabras, estos perros son casi siempre un desastre no sólo desde el punto de vista morfológico (consecuencia lógica de la falta más total de selección en el origen) sino también desde el punto de vista sanitario, lo cual es inadmisible. Por otro lado, si no se puede pretender que un comerciante o un negociante de animales vendan perros de campeonato en cuanto a su belleza (aunque a menudo los precios lo presupondrían), al menos se debería exigir que fueran indiscutibles desde el punto de vista sanitario. Desgraciadamente, la mayoría de veces esto no sucede, con consecuencias gravísimas no sólo para el desdichado perro, que empezará a ir y venir de veterinario en veterinario, sino también y sobre todo para los demás animales, expuestos inútilmente a un posible contagio de enfermedades a menudo poco conocidas. También corren graves riesgos de contagio (formas eccematosas, dermatitis y alergias de diverso tipo) los niños que tienen continuos contactos con los cachorros.

   El tema de la moralidad no debe olvidarse de ninguna forma. Los perro húngaros, checos, eslovacos, etc., son comprados en los países de origen como verdaderas mercancías por nuestros comerciantes por unos 60 euros cada uno, sumas muy exiguas si se comparan con nuestro nivel de vida y nuestra economía, pero que en aquellos países representan el salario de un mes de un funcionario o de un obrero. Me decía un amigo húngaro, el único criador de aquel país de San Bernardo DOC, que Hungría es desde hace algún tiempo uno de los productores más grandes de peros de Europa y que existen verdaderas fábricas en donde los perros están como pollos en criaderos, a la espera de que los comerciantes vayan a llenar el depósito. Estos perros se vuelven a vender después a un precio que normalmente varía de cuatro a ocho veces del original. Lo que significa que, por ejemplo, un perro que en Hungría ha costado 60 euros, en España puede costar entre 700 y 900 euros. Por lo demás, para verificarlo, basta dirigirse a la tienda de animales más cercana y pedir un perro de cualquier raza. Casualmente casi siempre habrá un perro de estos, provendrá de famosos criaderos húngaros, checos o eslovacos, será hijo de campeones de estos países y, naturalmente, tendrá un pedigrí en regla. Y así,  el comprador desinformado e ignorante, ya enternecido por el aspecto indefenso y necesitado de ayuda del cachorro, trastornado por las palabras del comerciante que se decanta por las fantásticas virtudes, leyendo el nombre más o menos exótico del perro, pondrá su mano en la cartera sin dudarlo un minuto más.Puma dibujo.gif (47711 bytes)

   Asimismo cabe añadir que Hungría es un país adherido a la FCI y por ello los pedigríes emitidos por el Kennel Club húngaro deben ser reconocidos en la oficina, sin ningún examen morfológico del ejemplar, así como en otros países de la misma FCI. De esta forma, nuestros comerciantes llegan a poseer certificados de origen aparentemente regulares y sobre los cuales los organismos competentes no pueden ejercer ningún tipo de control. Nadie puede decir si efectivamente a aquel perro le corresponde aquel pedigrí. Es necesario aceptarlo por lo que es, también porque los perros provenientes de los países del Este no son tatuados. Por lo demás, también el mismo examen del pedigrí generalmente no es clarificador porque en él hay nombres de peros totalmente desconocidos cuyo origen no es verificable.. Sin embargo casi siempre es suficiente ver en persona o hacer valorar por un verdadero experto el perro al que corresponde el certificado para entender lo que se tiene entre manos. De todas formas, el comerciante con el pedigrí húngaro, checo, eslovaco o polaco ha resuelto su problema: tener un trozo de papel oficial que nadie puede impugnarle y que ya no hace necesario, como sucedía hace años, recurrir a expedientes o trucos más o menos lícitos con el fin de obtener un certificado que pudiera demostrar la nobleza de perros que de aristocrático tenían bien poco. Lo más increíble es que mientras los perros nacidos y criados en España son controlados regularmente por grupos cinófilos de la RSCFRCE, nadie controla a los perros importados por los comerciantes y son vendidos a continuación como si fueran patatas en vergonzosas exhibiciones comerciales.

   De esta manera, tantos mestizos camuflados de perros de raza seleccionados son introducidos en nuestro país. Además de esto, con la frase "perro dotado de pedigrí internacional" (es decir, húngaro, checo o eslovaco) el astuto comerciante los hace más apetecibles a los desconocidos en cinofilia de nuestro país... De hecho, según estos profanos a ultranza, los perros dotados de un pedigrí nacional son ciertamente menos apreciados que los que adjuntan su excelente certificado húngaro, polaco, checo o eslovaco (y por ello, internacional). Por lo demás, basta abrir cualquier periódico de anuncios económicos y hojear las rúbricas de anuncios de pago de los periódicos cinófilos especializados para encontrar numerosas inserciones de comerciantes que venden perros de todas las razas importados y dotados de "pedigrí internacional". Estos pobres perros (que al final son los únicos que pagan las consecuencias de la vergonzosa especulación hecha en su propia piel) para algunos se convierten automáticamente en más bellos sólo por el hecho de que provienen de Hungría y porque tienen nombres casi indescifrables que llenan la boca.

   También cabe añadir que hay personas que, cuando toman la decisión de comprar un perro de una determinada raza, lo quieren en seguida, a toda costa, aunque quizá no dispongan de la cifra suficiente para encontrar uno con los mínimos requisitos de raza. En este caso interviene el comerciante, que siempre dispone de perros de todos los precios aunque en el ámbito (se dice siempre) de una misma raza. Es algo como hablar de coches nuevos y usados: hay quien cree que puede comprar un Ferrari al precio de un Panda. Si por casualidad lo encuentra a aquel precio sólo hay una posibilidad: aquel coche no es un Ferrari, sino un coche camuflado de Ferrari, quizá sin motor ni documentación... Sin embargo, ¡hay quien también se contenta con ilusiones!Ale y Yuca dibujo2.gif (77766 bytes)

   El problema puede llegar a ser insuperable cuando estos perros, llamémosles "ilusorios", cogen el muermo, la leptospirosis, el parvovirus, etc., porque nadie, antes de venderlos se ha tomado la molestia de vacunarlos (descuido imperdonable que,  por poco dinero, pone en peligro la vida del perro y traumatiza al ignorante e incauto comprador). Parece imposible, pero todavía hay personas que consideran que la vida de un perro cuesta menos de 6 euros (coste medio de una vacuna).

  Otro gravísimo problema unido al inundante tráfico de perros desde el Este europeo es el de la absoluta incapacidad de muchas personas de entender que un perro adquirido en un negocio no puede compararse cualitativamente de ninguna manera con un perro nacido en un criadero especializado en una sola raza. Desgraciadamente, aún son muchos los que consideran que los perros de raza son todos iguales, sin pensar que la selección llevada a cabo, a veces durante décadas, por a menudo pocos pero competentes criadores por afición, ha salvado a muchas razas caninas de la extinción o de la degeneración. El trabajo de los criadores especializados es fundamentalmente el de difundir y dar a conocer la mejor imagen posible de su raza en el mundo. En este sentido, sus esfuerzos se enfocan en una selección morfogenética constante en el tiempo, que tiene en cuenta la evolución natural de las razas, en el respeto de las leyes de la genética, de la cinología y de la zootecnia, todo ello fundido armoniosamente con aquella dosis de creatividad artística que todo seleccionador de perros debería tener. Esto significa que el criador serio y competente es antes que nada un estudioso de su raza. Debe conocer a la perfección las líneas de sangre y la evolución o decadencia que han sufrido en el tiempo, después los troncos privilegiados y los prototipos que han constituido la historia de la raza. Por ello debe saber seleccionar a los propios ejemplares con método científico, utilizando las mejores técnicas de cría que obviamente varían muchísimo de raza a raza. Naturalmente, todo ello comporta una sólida preparación sobre bases científicas y técnicas, además de disponibilidad económica que le consientan trabajar en la cría a menudo sin tener en cuenta los gastos y a vasta escala.

   Así pues, el producto del criador especializado representa lo mejor y aporta a toda raza la mejor imagen posible. Desgraciadamente, el comerciante, explotando el éxito y la popularidad adquirida de las varias razas por el mérito de los criadores aficionados, con sus pseudoperros de raza o aún peor, sus pesudocampeones, puede crear una idea equivocada de la raza en el gran público y en los cinófilos incompetentes.

Fuente: "El San Bernardo" Giovanni Morsiani Edit. De Vecchi

 

ESTABLECIMIENTOS ESPAÑOLES QUE VENDEN PERROS DE LOS PAÍSES DEL ESTE

 

LA BOUTIQUE DEL PERRO - C./ Galileo, 94. (Madrid)

    Santiago Pulido Galán compró en este establecimiento a su perrita San Bernardo húngara, le costó 900 euros y tendrá que pagar 90 euros más si quiere tener el pedigrí de la perra a su nombre.

 

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