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NIÑOS HIPERACTIVOS.
ALGO MÁS QUE PURO NERVIO

 

PSIQUIATRÍA. SÍNDROME DE HIPERACTIVIDAD Y DÉFICIT DE ATENCIÓN

Por Sara MANSO

ABC, MEDICINA, mayo de 1999


El 5 por ciento de los niños en edad escolar sufre síndrome de hiperactividad y déficit de atención, un trastorno que debe diagnosticarse y tratarse a tiempo para evitar el fracaso en los estudios y la inadaptación social.

Son un «manojo de nervios» desde que nacen y, al crecer, se muestran cada vez más impulsivos, exigentes, temerarios e incapaces de tolerar la frustración. Los niños hiperactivos tienen serios problemas para regular su conducta, lo que conlleva de continuo una acción irreflexiva en la que se busca la satisfacción inmediata de los deseos sin acatar las normas sociales ni tener en cuenta el riesgo que tal exigencia comporta. Este conjunto de síntomas, unido a una actividad motriz excesiva ya la falta de atención y continuidad en las tareas, marcan el denominador común del síndrome de hiperactividad y déficit de atención, que afecta al 5 por ciento de los niños, varones en su mayoría, entre seis y dieciséis años.

Generalmente, casi todos los casos se detectan al alcanzar la edad escolar, momento en el que los educadores advierten a las familias sobre el comportamiento anómalo de sus hijos, que se muestran desobedientes, «contestones» y empeñados en molestar continuamente a sus compañeros, a los que distraen en clase justo cuando más atención se requiere. Pero a esta conducta, que aflora en concordancia con los balbuceos académicos del niño, le preceden otras manifestaciones en sus primeros años, cuando el pequeño suele llorar mucho, dormir poco y mover-se incesantemente.

Falta de concentración

La actividad que estos niños derrochan es vertiginosa y desorganizada por demás, lo mismo en quehaceres cotidianos (tienden a lavarse, comer o vestirse de forma rápida y desordenada) como en las tareas escolares, ante las cuales resulta vano todo intento por fijar su atención. A esta falta de concentración achacan los expertos el escaso rendimiento de estos niños y, en consecuencia, el fracaso escolar al que estén abocados muchos de ellos.

Mientras, los hilos de la inadaptación social van tejiendo su infancia y adolescencia hasta derivar, en el peor de los casos, por derroteros de alcoholismo, toxicomanías y conductas antisociales (mentiras, peleas, robos...). «Si no se les pone un tratamiento -advierten desde la Asociación de Niños con Síndrome de Hiperactividad y Déficit de Atención (ANSHDA)- terminan por sentir una baja autoestima, registrándose entre ellos un mayor porcentaje de suicidios».

En su evolución cronológica, la hiperactividad pierde virulencia a medida que avanza la edad del paciente, disminuyendo en considerable medida a los 20 años. El doctor Paulino Uclés, neurofisiólogo del Hospital Miguel Servet, de Zaragoza, subraya que a partir de ese momento «podría persistir la falta de atención, lagunas educativas y problemas de psicopatía si no ha sido convenientemente tratado; así, lo que se manifiesta a esa edad es una gran obstinación y actitud hostil, sobre todo hacia los padres; estos jóvenes suelen encerrarse en sí mismos, hablan poco y no se relacionan. En adultos, lo que se observa, muchas veces, son problemas de marginación, trastornos obsesivos y tendencia a la depresión».

En este aspecto discrepa el doctor Jerónimo Sáiz, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid: «Es bastante discutible que este trastorno se mantenga en la edad adulta aunque, de ser así, se manifestaría fundamentalmente por problemas de conducta». La infancia, según el psiquiatra, es presa predilecta del síndrome de hiperactividad. «La nota característica de estos niños “hipercinéticos", como se les denominaba antes, no es que se muevan mucho sino que lo hacen en momentos inapropiados», apostilla el doctor Sáiz.

Llegado este punto, psicólogos, psiquiatras y neurólogos coinciden en que el diagnóstico precoz es la clave. Los esfuerzos se dirigen a descartar otros procesos o circunstancias que puedan también manifestarse con signos de hiperactividad.

Diagnósticos prudentes

La psicóloga Claudia Mendieta advierte que «hay que ser prudentes para diagnosticar a un niño hiperactivo, máxime cuando en la primera infancia es muy difícil distinguirlo de otros que derrochan la misma actividad; además, no todo el que manifiesta un comportamiento agresivo o antisocial puede considerarse como tal. No hay que confundir este síndrome con los trastornos de atención y sobreactividad que pueden presentarse en niños procedentes de ambientes familiares inadecuados o caóticos o como consecuencia de retraso mental y ciertos trastornos de personalidad o ansiedad».

El origen del trastorno suscita discrepancias: hay quienes lo atribuyen a una disfunción cerebral, en tanto que otros consideran su causa exclusivamente emocional. Artífice y defensor de la tesis que atribuye un origen neurológico a la hiperactividad, el doctor Paulino Uclés asegura que «la teoría predominante es que, bajo este problema, subyace una disfunción cerebral provocada por la falta de desarrollo de los lóbulos frontales, donde se localizan las áreas de la racionalidad, la autoconciencia o la supervisión y planificación de una acción motora o verbal».

Maduración del cerebro

Para probar el retraso en la maduración del cerebro de los niños hiperactivos, el doctor Uclés aplicó la estimulación magnética cerebral. Entre 1993 y 1994 él mismo diseñó un aparato que mide las alteraciones neurológicas en estos pacientes. Los resultados de esta investigación fueron recogidos en la revista «Journal of Child Neurology».

Al margen de la naturaleza de este trastorno, los expertos aseguran que los niños que lo padecen no presentan retraso mental, llegando en ocasiones a superar la media normal de inteligencia. La psicóloga Rosa Serrate subraya que «carecen de problemas afectivos y no tienen doblez ni actúan con saña y sí, en cambio, con buen corazón». El doctor Uclés añade un rasgo esencial: «Básicamente, son imprudentes y este comportamiento les conduce a no calibrar las consecuencias de sus actos». Volviendo a la fisiología del trastorno, remacha el especialista que, tal vez, «no se desarrollen correctamente en ellos los lóbulos frontales porque existe un gen que esté alterado». Así, queda abierta la puerta al origen genético, tesis que ha sido refrendada por diversos estudios.

 

[Terapia psicológica y fármacos]

Es necesario recurrir cuanto antes a un tratamiento integral que combina las terapias neurofisiológicas con la indispensable asistencia psicológica. En ella, según la psicóloga Rosa Serrate, se intenta involucrar a los padres y educadores. Este asesoramiento adquiere especial relevancia cuando se trata de convivir con niños tan problemáticos, que son fuente continua de conflictos familiares. Así lo expresa Alicia Luna, presidenta de la recién creada Asociación de Niños con Síndrome de Hiperactividad y Déficit de Atención (ANSHDA), que reclama el reconocimiento de este trastorno como una enfermedad. «La mitad de los casos -asegura- está sin diagnosticar y, por tanto, no reciben tratamiento. Creemos que es necesario dotar a los colegios de personal cualificado que atienda a estos niños, a los que ahora se cuelga, sin más, el cartelito de “niño malo”... Así, nos hemos encontrado con pequeños que han sido arrastrados de las orejas por su profesor».

«Con estos niños -señala Rosa Serrate-, además de mucha paciencia, hay que tener las cosas muy claras para que ellos, a su vez, puedan cumplir con lo que se les dicta. Entre otras cosas, les damos normas de comportamiento muy concretas, intentando, por ejemplo, que adquieran hábitos de convivencia tan imprescindibles como ducharse o lavarse los dientes». Parte importante de la terapia es enseñarles a estudiar y a mantener un orden en sus cosas y actividades. Frente al estudio, resulta fundamental inculcarles una actitud positiva, para cuya consecución se recomienda evitar las manías hacia determinadas asignaturas o profesores, además de crear el ambiente y las condiciones propicias: estudiar sin sueño, sin hambre, sin cansancio, e un lugar ventilado y con la mesa ordenada. «Hay que insistirles -subraya la psicóloga- en que deben conseguir explicar lo aprendido con sus propias palabras, lo que implica no memorizar nada que n hayan entendido». Los métodos para mejorar la lectura, la pronunciación, la psicomotricidad, la coordinación y la concentración se alternan con técnicas de relajación, que el niño aprende para practicar luego en casa.

«Aunque el peso fundamental del tratamiento recae sobre las terapias psicológicas, también se dispone de fármacos muy eficaces, fundamentalmente psicoestimulantes, como el «metil fenidato», sustancia similar a las anfetaminas con la que más del 75 por ciento de los niños mejoran. Así lo expresan los especialistas españoles y otros, como el norteamericano Thomas Brown, que ha subrayado la eficacia y seguridad de estos medicamentos en el simposio internacional sobre este trastorno que acaba de celebrarse en Salzburgo. La mayor parte de los expertos avalaron esta tesis con los resultados concluyentes de 162 estudios. En estos pacientes, los medicamentos de este tipo tiene efectos «psicosedantes» y, al contrario de lo habitual, les tranquiliza en vez de excitarles. La «emolina» es otro fármaco similar que se utiliza en los que no responden al tratamiento anterior. Pero hay también voces discrepantes, como la del director del departamento de Psiquiatría le la Universidad Clínica de Viena, Max Fríedrich, que advirtió del posible peligro de u «uso indiscriminado».

 

CONSEJOS BÁSICOS

• Los niños con hiperactividad necesitan hacer mucho ejercicio al aire libre, a ser posible por la mañana y por la tarde. El ejercicio debe ser programado y conducido, preferentemente, por un monitor.

• No se les debe castigar en el colegio. Según los expertos, nunca hay que dejarlos en clase sin recreo “porque necesitan moverse como el agua”.

• Hay que restringir el consumo de dulces y de alimentos con muchos conservantes y colorantes, como embutidos y «chucherías».

• Algunos especialistas recomiendan evitar el hábito de comer chocolate, al que atribuyen en la mayor parte de estos niños efectos neurotóxicas.

• La dieta mediterránea es la más recomendable para estos pequeños: legumbres, frutas, verduras, pescados y carne fresca.

 

DÓNDE ACUDIR

• ÁNSHDA: Asociación Niños con Síndrome de Hiperactividad y Déficit de Atención. Teléfono: 917594472 o 607817868. Dirección: Las Pedroñeras, 2. 28043 Madrid.

• ATEDA: Asociación para el Déficit de Atención con Hiperactividad. Teléfono: 932010115 o 4170739. Dirección: París, 189. 08036 Barcelona.

• ADANA: Fundación para el Cuidado de Niños, Adolescentes y Adultos con Déficit de Atención e Hiperactividad. Teléfono: 932037027 o 2037817. Dirección: Cavallers, 76. 08034 Barcelona.

 
 
NUESTRO COMENTARIO

HIPERACTIVIDAD

Se ha acercado a conversar con nosotros uno de los miembros de una asociación madrileña sobre el tema de la hiperactividad. Posiblemente alguno de vosotros ya hayáis tenido noticia de la existencia de esta “enfermedad” y de la similitud de algunos de sus efectos con características del perfil que actualmente se maneja de un superdotado. Desde aquí queremos pedir a todos los profesionales, sobre todo de la Psiquiatría que por favor tengan mucho cuidado a la hora de etiquetar a las personas como enfermas, y más cuando relacionamos conductas y características humanas con la genética y la neurobiología. En un artículo, que está a vuestra disposición y que ya fue repartido en una reunión de la Escuela de Padres, hemos leído que la teoría de algún psiquiatra para explicar estos “trastornos” es la falta de desarrollo de los lóbulos prefrontales del cerebro, donde según parece se localizan las áreas de la racionalidad, la autoconciencia o la supervisión y planificación de una acción motora o verbal. Creemos que una afirmación tal es muy seria y que a cualquiera le erizaría los pelos del cogote, pues supone algo así como que el catalogado como hiperactivo no tiene remedio o que su única salvación son los fármacos. Tampoco es que las “pastillas” sean un medio hacia la esclavitud (“No hay veneno, sino dosis”, decía Paracelso), pudiéndose apoyar en éstas para salir de ciertos pozos, espirales o círculos viciosos; pero hacer depender toda solución de ellas…… Además nos preguntamos ¿es conveniente insistir a alguien que está o, lo que es peor, que ES un enfermo? ; ¿no estaremos de alguna manera retroalimentando ese problema, haciendo que esa persona crea que no tiene salida, restándole energía y autocapacidad de equilibrio? ; ¿nos preguntamos alguna vez cuán a menudo catalogamos lo DIFERENTE de estúpido, tonto, loco, enfermo e incluso inexistente?. Algún doctor afirma que el problema de un hiperactivo “no es que se mueva mucho, sino que lo hace en momentos INAPROPIADOS”, pero ¿cuál es el momento apropiado?, ¿quién o qué ley o qué Institución define lo que es un momento apropiado?, ¿en qué nos basamos para decir que un momento es apropiado o no?, ¿podemos catalogar a alguien de enfermo por la inapropiación de sus momentos?

Ni que digamos que todo esto tiene más enjundia cuando es posible que muchos niños y adultos superdotados pudiesen estar siendo diagnosticados como hiperactivos, y dándoseles la pastilla para “calmarles”. Ciertamente, el tema nos preocupa.

Ya hemos recibido las primeras llamadas de algunas madres de aquella asociación, sin embargo esto no ha hecho más que empezar.

 

 

 

Lucía Galguera y Rubén Ruíz   Sede, ven a vernos a: C/ Puerto de Velate 4, local, Madrid (España)   Sede social: C/ Antonio Arias 11, 7º B, Madrid (España) Teléfono: [+34] 626.53.58.21)  

 Teléfono: [+34] 91.380.57.07

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