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¡No es tan simple...!
La sobredotación
no es una clase o categoría que se admita con facilidad, tendiéndose
a enjuiciar a la ligera una situación de la que la mayor parte
de la gente tiene una visión anecdótica o deformada que permite
el descrédito o rechazo de tales individuos, y más raramente
la admiración religiosa sin fundamento.
De manera
orientativa, se entiende como superdotado/a a la persona incluida
en el 5% de la población con mayor Cociente Intelectual. Este
5% se sitúa en un C. I. de 130 o superior.
Existen
distintas clases de sobredotación según Howard Gardner, de
la Universidad de Harvard:
Inteligencia lingüística:
Que se manifiesta como fluidez en el habla a edades muy
tempranas. Inteligencia musical: Más conocida y
admirada. Lógico-matemática: Como la de un
Einstein. Inteligencia espacial: Como la de un
Picasso o un arquitecto. Corporal-Kinestésica:
Propia de los atletas y más aceptada
socialmente. Inteligencia Intrapersonal:
Autoestima y confianza para la ejecución de otros
talentos. Inteligencia Interpersonal: Capacidad
para el liderazgo.
A estas siete últimamente
se le ha añadido una octava: la Inteligencia
existencial, como el pensamiento sobre temas morales,
cósmicos y filosóficos.
No todos
los individuos insertos en este 5% de la población son iguales.
Según parece, los individuos con un C. I. por debajo de 150
son los mejor adaptados socialmente. Mientras los que sobrepasan
esa cifra padecen trastornos adaptativos, sin ser esto determinante.
Un problema
característico de los superdotados es el Síndrome de Disincronía.
La evolución intelectual del sujeto se realiza de manera tan
acelerada que origina un desfase entre esta y otras facetas
(por ejemplo la afectiva).
Sin olvidarnos
del Efecto Pigmalión Negativo, que se produce cuando
el entorno le trata como si tuviese un nivel intelectual más
bajo y el superdotado tiende a comportarse según este patrón,
con lo que su capacidad de desarrollo queda mermada o anulada
en aras a su asimilación a un grupo determinado ya sea la
familia o amigos.
La falta
de atención especial a este sector de la población se traduce
en problemas de comportamiento del individuo que van desde
la payasada hasta la conducta agresiva o destructiva, siendo
en ocasiones necesaria la intervención psiquiátrica o psicológica.
Queda pues definitivamente cuestionado el concepto de superdotado
como alguien autosuficiente, superior y por encima del bien
y del mal.
A modo de
conclusión, es de sentido común hacer hincapié en que el reconocimiento,
seguimiento, atención y ayuda al superdotado es una baza que
la sociedad no puede permitirse el lujo de desperdiciar, habida
cuenta de los beneficios que estos pueden reportar a la misma,
para su mejora y progreso.
Detección
Aunque cada persona es diferente se pueden
establecer unos rasgos comunes a la mayoría de niños con un
alto C. I.:
Aprenden
a hablar y leer precozmente
Preguntan
constantemente. Poseen una gran curiosidad.
Comprenden
con rapidez.
Poseen un
vocabulario rico e impropio de su edad.
Tienen gran
facilidad para concentrarse y detestan ser interrumpidos.
Se sienten
más cómodos con adultos o niños mayores que con los de su
edad.
Son muy
críticos consigo mismo y con los demás.
Son hipersensibles
e independientes. Solitarios en ocasiones.
Cambian
de actividad en cuanto se aburren.
Tienen un
fino sentido del humor. Ironía. (Atención a las notas del
gracioso de la clase.)
Son obstinados
y perseverantes. (Rebeldes cuando se aburren).
Poseen mucha
imaginación.
Tienen una
gran memoria.
Hacen gala
de mala caligrafía. (Su mente va más rápido que su mano).
No soportan
las imposiciones no razonadas.
Poseen capacidad
de liderazgo. (Atención al jefe de la pandilla).
Son crédulos
y confiados.
Necesitan
tener éxito y ser reconocidos.
Les molesta
la inactividad y la falta de progreso.
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