Por
Julio Fernández
Díez, psicopedagogo del
Equipo de Orientación Educativa de Logroño Zona Oeste y
responsable en éste de la atención a los alumnos
superdotados. Cuadernos de Pedagogía / N.0
267 / Marzo (ESCUELA Y SOCIEDAD)
El autor defiende la
detección de los alumnos superdotados como punto de partida
para cualquier tipo de intervención con este colectivo y
reclama un sistema generalizado, y científico, para llevarla
a cabo. Una vez identificados estos alumnos, las medidas de
atención pueden ser de tres tipos: de aceleración, de
agrupamiento y de enriquecimiento.
La Ley
14/1970,de 4 de agosto (Ley General de Educación y
Financiamiento de la Reforma Educativa), contemplaba, dentro
de sus disposiciones relativas a la educación especial, la
atención a los alumnos superdotados, e indicaba que la
educación de estos alumnos se desarrollaría en los centros
docentes de régimen ordinario, procurando que su programa de
trabajo (con métodos de enseñanza individualizada) les
facilitase obtener provecho de sus mayores posibilidades
individuales.
Hasta la
fecha y salvo honrosas excepciones, poco o nada se ha hecho
por atender adecuadamente a los alumnos superdotados en los
centros educativos.
Tras
veinticinco años de olvido, la publicación del Real Decreto
696/1995, de 28 de abril (Ley de Ordenación de la Educación
de los Alumnos con Necesidades Educativas Especiales),
vuelve a poner en el primer plano de la actualidad educativa
la atención a. los alumnos superdotados, con varias
consideraciones sobre atención educativa, evaluación y
medidas y flexibilización del período de
escolarización.
La experiencia nos dice
que, para que estas loables declaraciones de intenciones
puedan ponerse en práctica, han de vencer una serie de
resistencias y solucionar una serie de interrogantes. De no
ser así, estas disposiciones estarán nuevamente condenadas a
dormir un largo sueño en el cajón de los asuntos por
resolver. Para llevar a la práctica una atención efectiva a
los alumnos superdotados es necesario dar respuesta a tres
interrogantes especiales: ¿Debe detectarse a los alumnos
superdotados?. ¿Cómo hay que identificarlos?. ¿Qué hacer con
ellos?.
¿Se debe
detectar a los alumnos superdotados?
Los defensores de la no
identificación parten del supuesto de que estos alumnos
pueden desarrollar sus capacidades en un entorno educativo
diversificado, sin necesidad de etiquetados ni distinciones
respecto al grupo de iguales, algo que casi siempre conlleva
una carga social negativa. Esta idea, plenamente válida en
cuanto a su formulación teórica, choca con la realidad de
los centros educativos, que en su mayoría no disponen de una
oferta educativa lo suficientemente diversificada como para
dar respuesta a los alumnos superdotados. En general los
centros disponen de una oferta educativa uniforme y pensada
para el alumno medio. Quizás, y dando la vuelta al anterior
argumento, más bien habría primero que detectar a los
alumnos superdotados, para una vez reconocida su existencia,
conseguir en los centros una verdadera oferta educativa
diversificada. Actuaría así la detección como un elemento de
cambio educativo.
Otro de los
argumentos manejados por los defensores de la
no-identificación es que las altas capacidades intelectuales
suponen una facultad de autoformación y que, por tanto, este
grupo de alumnos no necesitarla apoyo especializado. Se
trata de una idea simplista, que se basa en una imagen poco
rigurosa del concepto de superdotado. La constatación, por
parte de la mayoría de las investigaciones al respecto, de
que un significativo número de alumnos superdotados fracasan
en la escuela serviría para refutar por completo esta
idea.
Los que defienden la
identificación se basan en dos tipos de razones. Por un lado
están los que justifican la identificación de alumnos
superdotados por los beneficios que habría de reportar a la
sociedad en el terreno económico, científico, educativo y
político (razones materialistas): y. por otro lado, los que
consideran que la identificación debe realizarse para
diseñar la intervención educativa más adecuada para el
sujeto, de forma que se planteen las adaptaciones
curriculares oportunas a lo largo de su escolaridad,
logrando así un desarrollo óptimo de su potencialidad
cognitiva.
Esta
polémica científica entre la identificación y la
no-identificación, de difícil solución en el terreno teórico
y de la que hasta ahora la Administración educativa se ha
mantenido al margen, está siendo ya resuelta por la
comunidad educativa. Podemos afirmar que ya existe la
identificación de alumnos superdotados. Desde luego, no se
trata de una identificación planificada por las autoridades
educativas, sino de una identificación errática y en
ocasiones acientífica proveniente principalmente de los
padres, los profesores y asociaciones o investigadores
privados.
En mi
opinión, debe existir una identificación de alumnos
superdotados como paso previo a una adecuada atención; no se
pueden diseñar medidas de atención si antes no se ha
detectado a la población sobre la que hay que
actuar.
Puesto que,
nos guste o no, ya existe una identificación y probablemente
va a existir siempre, ¿no sería más provechoso debatir cómo
llevarla a cabo en lugar de si es o no conveniente
hacerlo?.
¿Cómo
identificar a los alumnos superdotados?
¿Qué es
mejor: identificarlos de un modo asistemático, como hasta la
fecha. o de una forma más planificada? ¿Hay que ceder el
protagonismo a esa red informal de detección (padres,
asociaciones privadas...) o, por el contrario, las
Administraciones educativas deben asumir un papel más
activo?.
De momento,
en España no disponemos de un sistema general de detección
de alumnos superdotados planificado por parte de las
Administraciones educativas, que actúan con una gran
prudencia en el tema: impera el laissez faire y,
probablemente, se espera que con el tiempo se vaya
clarificando el debate entre padres, profesores,
investigadores y técnicos educativos. Podríamos considerar
una excepción a esta tendencia general: la existencia del
bachillerato internacional; sin embargo, en este caso el
sistema de reclutamiento son las notas y. por lo tanto, se
identifica a alumnos con un gran talento académico mas que a
auténticos alumnos superdotados. Por otra parte, sólo supone
una alternativa en un tramo muy limitado del periodo de
escolarización.
No
obstante, como decíamos, sí que existe una red informal de
detección al margen de la Administración educativa. Y
empieza a ser importante el número de alumnos superdotados
que se detecta en los centros escolares, bien sea por una u
otra vía. En mi experiencia profesional corno orientador
escolar, he podido constatar que los principales canales por
los que un alumno llega a ser considerado superdotado y
merecedor de una atención educativa especial son la
observación por parte del profesorado, la observación por
parte de los padres y la observación por parte de
asociaciones privadas o profesionales aislados (véase
Cuadro).
A mi
entender, todos los actuales canales de detección presentan
importantes inconvenientes. Aunque, siendo optimistas, hay
que considerar que son los primeros pasos y la manera de que
la comunidad educativa vaya tomando conciencia del
problema.
Creo que es
urgente empezar a trabajar en el diseño de un sistema
general de identificación planificado, científico,
consensuado entre los distintos componentes de la comunidad
educativa y que responda únicamente al interés de conseguir,
tal como propugna la LOGSE, "proporcionar a los niños y a
las niñas, a los jóvenes de uno y otro sexo, una formación
plena que les permita conformar su propia y esencial
identidad, así como construir una concepción de la realidad
que integre a la vez el conocimiento y la valoración ética y
moral de la misma. Tal formación plena ha de ir dirigida al
desarrollo de sur capacidad para ejercer, de manera crítica
y en una sociedad axiológicamente plural, la libertad, la
tolerancia y la solidaridad".
Cuadro vías de
detección de alumnos
superdotados
¿Qué
hacer con los alumnos superdotados?
Podernos
considerar que la respuesta oficiosa a esta pregunta ha sido
expresada por parte del Ministerio dc Educación en dos
documentos: “La respuesta educativa a los alumnos
superdotados y/o con talentos específicos”, de E.
Arocas Sánchez, P. Martínez Coves e I. Samper Cayuelas
(publicado por el MEC y la Generalitat Valenciana) y
“Educación de alumnos superdotados”, de P.R.
Verhaaren (publicado en la serie de documentos del extinto
Centro Nacional de Recursos para la Educación Especial).
Ambos documentos, plenamente coincidentes, contemplan la
posibilidad de utilizar los tres tipos generales de
estrategias de intervención educativa, a saber, aceleración,
agrupamiento y enriquecimiento. Aunque esta respuesta es
impecable desde el punto de vista teórico, sin embargo, en
la práctica, con los medios de que disponemos en los centros
educativos, las tres medidas de atención educativa resultan
de muy difícil aplicación, tal como trataré de
demostrar.
La
aceleración
Pocas medidas
de atención educativa han resultado tan controvertidas como
la aceleración educativa, que ha sido la forma más utilizada
de responder a las necesidades educativas de los alumnos
superdotados. El nuevo Real Decreto 696/1995 permite el uso
de esta estrategia de intervención. Consiste en adelantar
uno o más cursos al alumno hasta situarlo en el nivel de
competencia curricular acorde con sus conocimientos. El
dominio en las distintas materias es el criterio para
efectuar los adelantamientos.
Es una
manera de solucionar el problema de manera rápida y
económica y permite aprovechar los recursos e
infraestructura escolar existentes. Puede representar una
estrategia adecuada para los alumnos que requieren mayor
cantidad de información o contenidos más
complejos.
Sin
embargo, presenta dos graves inconvenientes que hacen que
sea de dudosa utilidad. Por un lado, y según Castelló,
avanzar de curso puede ocasionar lagunas en los
aprendizajes. Para dar un salto de curso seria conveniente
diseñar un proceso previo de “compactar el currículo”, tal
como propone Renzulli en su modelo de enriquecimiento
triádico / puerta giratoria. Este proceso supondría
garantizar el dominio del currículo básico y “ganar tiempo”
para actividades de aceleración. Con nuestros limitados
medios seria bastante difícil diseñar un proceso semejante,
que supondría importantes cambios organizativos en los
centros y seguramente nuevos recursos humanos.
El segundo
inconveniente, según Terrassier, es la falta de sincronía
que existe entre su inteligencia y su desarrollo afectivo,
físico y social. Los alumnos más pequeños no pueden
compararse con los mayores en muchos aspectos, porque su
bagaje de experiencias es distinto. La superioridad
intelectual no tiene por qué estar asociada a otros aspectos
del desarrollo, como son la madurez física o social.
Relacionarse con compañeros más maduros emocionalmente, le
permite el acceso a unas informaciones que generan ansiedad
y confusión. Sólo en cl caso de alumnos superdotados con un
alto grado de madurez social podríamos plantearnos esta
medida.
El
agrupamiento
Consiste en
formar grupos, de manera flexible o fija, con
un
currículo enriquecido y
diferenciado. El agrupamiento puede llevarse a cabo de
distintos modos, desde la creación de centros especiales
para estos alumnos a la formación de grupos de aprendizaje
dentro de la propia aula, pasando también por la creación de
grupos interniveles dentro del centro educativo.
• La
agrupación total: centros especiales. En
algunos países (EEUU, Canadá y recientemente Alemania)
existe tradición en educar a los alumnos superdotados o
talentosos en escuelas reservadas exclusivamente para ellos.
Estos centros suelen caracterizarse por un funcionamiento
semejante al universitario, con una gran flexibilidad de
horarios y una amplia variedad de disciplinas, buscando
potenciar al máximo su motivación y rendimiento
escolar.
En España,
que sepamos, no existen centros de este tipo, al menos
formalmente. Presentan además el grave inconveniente de que
se trata de universos cerrados y artificiales, que no
preparan a los alumnos para la pluralidad de la vida que van
a encontrar en el exterior.
• La
agrupación parcial. Es la atención a los alumnos
superdotados o talentosos en clases especiales durante
algunas horas del horario lectivo. El resto del tiempo estos
alumnos permanecen con su grupo-clase.
Durante el
tiempo en que los alumnos son atendidos fuera del aula, se
pueden trabajar con mas amplitud y profundidad aspectos de
su propuesta curricular que presenten más dificultad para
ser abordados dentro del aula.
Según
Freeman, las investigaciones realizadas han demostrado que
una agrupación parcial, que no se planifique rigurosamente
considerando los tiempos, las áreas y el profesorado
responsable, no sólo no reportará beneficios a los alumnos
superdotados o talentosos, sino que puede generar
conflictos, de índole relacional, en el grupo—clase y entre
el propio profesorado.
En España,
además, contamos con la dificultad añadida de la falta de
tradición en la adopción de disposiciones de este tipo, lo
que dificulta la puesta en práctica de esta clase de
medidas, que suelen ser mal acogidas por padres, profesores
y el grupo de iguales.
El
enriquecimiento
Se basa en
la individualización de la enseñanza y consiste en diseñar
programas ajustados a las características de cada alumno o
alumna. Tiene la ventaja de permitir trabajar a los alumnos
superdotados y talentosos con sus compañeros de clase sin
producir consecuencias negativas en su
socialización.
Puede
suponer la elaboración de programas paralelos a los
ordinarios que se aplican de forma simultánea a éstos, sin
que exista conexión entre las actividades que realizan los
alumnos superdotados y talentosos y las que realizan sus
compañeros de clase. Puede tratarse también de una
estrategia de enriquecimiento. Mediante la adaptación no se
pretende confeccionar programas individuales paralelos, sino
efectuar diversas adaptaciones y ajustes en el programa
ordinario dirigidos a atender las necesidades concretas de
aprendizaje de los alumnos superdotados y
talentosos.
Ajustes
necesarios
Todas las
decisiones que toman profesores y otros profesionales
(equipos de orientación educativa, profesorado de apoyo,
etc.) para dar respuesta a las necesidades de aprendizaje de
los alumnos más capacitados, puestas de manifiesto a través
de la evaluación, constituyen adaptaciones o modificaciones
de los diversos elementos que configuran la práctica
educativa.
Estos
diversos elementos o ajustes pueden establecerse en los
siguientes aspectos:
-
Objetivos: mejora de las habilidades sociales y de las
estrategias cognitivas de aprendizaje y
metacognición.
-
Contenidos: ampliación vertical y horizontal de los
contenidos; introducción de contenidos diferentes a los que
trabaja el grupo.
- Actividades:
propuestas amplias que tengan diferentes grados de
dificultad y realización; diversas actividades para trabajar
un mismo contenido; tareas que permitan distintas
posibilidades de ejecución y expresión; enseñanza tutorada
al proponer distintas opciones de trabajo; actividades de
libre elección por los alumnos; actividades extraescolares
adecuadas a los intereses de los alumnos; actividades
individuales para el alumno muy
capacitado.
-
Evaluación: de dos tipos, inicial y por
criterios.
-
Adaptaciones en los elementos materiales de la programación:
espacios del aula, materiales didácticos, distribución del
tiempo y registro de las decisiones tomadas al efectuar la
adaptación.
Dado que
existe una relación de interdependencia entre los distintos
elementos curriculares, las adaptaciones que se efectúan en
determinados elementos suelen ir ligadas a cambios y
modificaciones simultáneos en otros. Así, por ejemplo,
modificar la metodología puede suponer efectuar, a la vez,
cambios en el tipo de actividades que se programan o en los
materiales que se utilizan. También, en ocasiones, una
organización flexible del grupo-clase o del ciclo, según las
arcas y niveles de competencia curricular, reduce la
necesidad de introducir nuevos objetivos o contenidos, de
manera individual, para un alumno o alumna.
Nuevamente
nos encontramos con que la realidad educativa dificulta la
puesta en práctica de medidas tan complejas. En primer
lugar, en los centros se tendría que tomar conciencia del
problema: muchos profesores tratan de adaptar su
programación a los alumnos con dificultades de aprendizaje,
pero son reticentes a adaptar programaciones para los
alumnos que destacan, una medida que consideran incluso
perjudicial. En segundo lugar, debería producirse una labor
de formación en los centros que propiciara cambios
organizativos y metodológicos sin los cuales resulta difícil
tomar medidas de atención a la diversidad de los alumnos. Y,
en tercer lugar, habría que mejorar la motivación de los
docentes hacia su trabajo, diseñando estrategias de mejora,
adaptación continua y la calidad total en el
trabajo.