EL TUBO DE ENSAYO

CIENCIA E INVESTIGACION

Jueves, 17 de enero de 2002, pág 29 (nº 437)

Levante-EL MERCANTIL VALENCIANO

Manuel Portolés


 

¿Cáncer telefónico?, señoras ministras

Decía San Agustín que a veces no decir toda la verdad no es mentir, sino una forma superior de verdad. Las

ministras de "poca" Ciencia y "mucha" Tecnología (antenas por millares) y de Sanidad, ninguna de ellas con

formación biomédica, afirman a coro que la radiación electromagnética no supone un riesgo para la salud, según el

"actual consenso científico y médico a nivel nacional" y mundial (tomo la licencia de rescatar mundial de las

comillas).

Sin embargo, a pesar de tener segura su inocuidad deciden enmendar el Real Decreto 1066/2001 del 28 de

septiembre y en el BOE del pasado sábado exponen que las antenas situadas a menos de 100 metros de "centros

sensibles" deberían reducir sus emisiones. Hace unos meses eran centros "sensibles" los colegios, hospitales y

parques, y ahora con el "parche" se añaden los centros de salud, residencias y geriátricos. ¿Sensibles a qué, sin son

inocuas las radiaciones?. En qué quedamos, ¿buenas o malas?, ¿perjudiciales o sanas para la salud?, ¿blanco o

negro?. Además, en este nuevo remiendo no se indican los valores de reducción de la radiación, y por el contrario se

apresuran a "asegurar el servicio y las coberturas" (los euros).

Desde que el doctor Perlmutter diera a conocer en 1993 un primer, y digo posible, caso de cáncer cerebral en

humanos por el uso del teléfono móvil, basándose en las experiencias de laboratorio del doctor Cleary (1990,

Medical College de Virginia, EE.UU), "algo" de literatura "mundial" se ha publicado al respecto. Cleary y

colaboradores habían descubierto que "in vitro", en tubo de ensayo, las células tumorales proliferaban mejor si se

exponían a la radiación de radiofrecuencias.

 

ADN y cromosomas

Estos resultados, junto a otros muchos como las experiencias hoy controvertidas de Lai y Singh de la Universidad de

Washington (EE.UU.), que demostraron en ratones la rotura de la molécula de la vida, el ADN, como resultado de la

exposición a las radiación microondas, indujeron en los EE.UU el desarrollo del Programa de Investigación Wireless

Tecnology Research (WTR, 1994). Con un presupuesto de 27 millones de dólares WTR intentaría en los años

siguientes "dar luz" sobre la influencia del campo electromagnético en la salud humana.

Hoy, después de siete años de trabajo, podemos decir en términos generales que si bien no estamos seguros de

afirmar por segunda vez que la radiación microondas de las antenas de telefonía móvil en animales rompan su ADN,

sí podemos decir que esta misma radiación produce daño genético en las células sanguíneas humanas, induciendo la

aparición de micronúcleos (lesiones cromosómicas inducidas).

Investigadores del programa WTR en Washington, como Carlo y Steffen, comentan en 2000 que el aumento de

mortalidad descrita en pacientes con cáncer cerebral y usuarios de móvil no es significativa, aunque si que hay

diferencias "bendecidas" por la estadística cuando se habla de tumores cerebrales neuroepiteliales, que aumentan

entre los usuarios de teléfonos móviles. Hardel y colaboradores, demostraron recientemente, en Suecia, que los

tumores son cada vez más frecuentes en el lado de la cabeza donde nos acercamos el teléfono móvil. Ya comenté en

otro artículo ("Ojo con el teléfono móvil", 31 de mayo de 2001) la aparición de melanoma intraocular entre usuarios

de teléfonos móviles, descrita por investigadores alemanes (Universidad de Essen, 2001); además del síndrome de

las radiofrecuencias, etcétera.

 

Un mundo inalámbrico

Como ven, las evidencias van saliendo, y no precisamente de debajo de las piedras, unas en contra y otras a favor.

Estamos ante un problema complejo que viene anunciando su eclosión para los próximos años, en un mundo

inalámbrico por excelencia, sin cables, pero plagado de radiaciones electromagnéticas.

Si hubiera una sola verdad, no se podrían hace "cien lienzos" sobre el mismo tema, decía Pablo Ruiz Picasso. La

ciencia no esta segura de la inocuidad de las radiaciones electromagnéticas sobre la salud, y de la microondas en

particular, pero las ministras sí. Mientras discutimos si blanco o negro, la explosión tecnológica de los móviles e

inalámbricos cruzarán todo el planeta.

Por ello, ante la duda razonable, y argumentada científicamente, me inclino por la precaución, y por ello en varias

ocasiones he solicitado la disminución de los niveles de exposición microondas, producidos por las estaciones bases

de la telefonía móvil, a 0,1 microwatios por centímetro cuadrado en nuestras viviendas y "centros sensibles".

Convirtamos las ciudades en radio-saludables.

En mayo de 2000, un grupo de expertos independiente en Gran Bretaña, dirigidos por Sir William Stewart, NO

recomendó el uso de los móviles en niños y niñas de menos de 16 años. Hoy, ¿qué adolescente o pre-adolecente, no

tiene móvil?. Estaremos de acuerdo que un cerebro en desarrollo, lógicamente, es más vulnerable a agentes externos

(drogas, químicos, radiaciones...) que un cerebro adulto. Además, los niños tienen una cabeza más pequeña, cráneos

más delgados y sus tejidos son más conductivos, y por lo tanto pueden absorber más energía de la radiación

electromagnética que los adultos. A los 16 años aproximadamente se completa el desarrollo de la cabeza y del

cerebro, y la densidad sináptica alcanza en la pubertad el nivel adulto; con 14 y 15 años el grosor del cráneo y el

tamaño cerebral adquieren el volumen del adulto. Además, no tenemos ni idea de que pasará con el uso prolongado

de teléfonos móviles durante su vida, ¿se acumularán en los tejidos sus riesgos?.

 

Microondas y cáncer

El National Toxicology Program de los EE.UU., sensibilizado por la posibilidad de cáncer asociado a la telefonía

móvil, ha iniciado por primera vez en 2001 un estudio, a largo plazo, en animales de experimentación sobre

microondas, radiofrecuencias y cáncer. Lo mismo ha hecho en Italia (Bolonia) la Fundación Ramazzini. Estas

nuevas iniciativas se suman a los seis proyectos que en estos momentos están siendo apoyados por la Comunidad

Europea y co-financiados por la industria de la telefonía móvil. Algo pasa, ¿no creen?.

Muchos organismos oficiales, en todo el mundo, "retroceden" y se amparan en el "principio de precaución". Mientras

tanto investigadores australianos en 2001, encabezados por el doctor French en Sydney, han desarrollado una teoría

que explicaría por qué las radiaciones microondas de los móviles pueden inducir cáncer; sería mediante la activación

crónica (continua exposición) de proteínas de choque térmico. Estas proteínas han sido bien caracterizadas como

promotoras de oncogénesis, metástasis e incluso otorgan, las "muy jodidas", a las células donde se expresa

resistencia para con las drogas anticancerígenas.

Señoras Ministras, si van a continuar en bio-política, búsquense mejores compañeros de viaje.

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