El desdichado de Gérard de Nerval

Poesía Selecta

 

 

 

“ Je suis le ténébreux,- la Veuf, - l'inconsolé,
Le Prince d'Aquitaine à la tour abolie:
Ma seule Étoile est morte,- et mon luth constellé
Porte le soleil noir de la Mélancolie.”

Gérard de Nerval

 

 

Mauricio Vega Montt, excelentísimo poeta Chileno de la región de Valparaíso lamentablemente olvidado o más bien poco nombrado, en parte por su extraordinaria modestia y sencillez -en vida nunca quiso recibir homenaje alguno- y a que lamentablemente la poesía ha dejado de ser el arte de la palabra dando paso más a nombres que a una verdadera belleza en el escribir.

Su final triste fue algo que el deseo y al tercer intento cumplió, ¿como supe yo de él? Mi Padre leía en su juventud algunos de sus versos publicados en un diario local ya desaparecido, casi 40 años después mi padre pudo conseguir un libro de él que fue impreso

a mas de 30 años del suicidio del notable poeta acaecido en 1955, por lo tanto su único libro pocos tienen la dicha de poseerlo, dudo bastante que podáis encontrarlo así que me siento orgulloso de presentaros esta selección. G.

 

 

Pero a pesar de todo...me duele tu sonrisa

 

Solo en el retrato tu me perteneces,

y puedo mirarte cuantas veces quiera...

Ha de pasar la vida...Y beses a quien beses,

yo tendré tu sonrisa como a la primavera...

 

Has de estar siempre triste porque pereces

al par de la vida que se va ligera.

La vida es menos vía, cada día, decrece,

disminuye. Y la Muerte en algún punto espera.

 

Pero yo no aguardo ni muerte ni reposo,

ni placer ni alegría, ni martirio ni gozo,

de tu traición me vengo mirando tu sonrisa...

 

Porque se que es tan falsa como tu, y refleja

no lo que tu quisiste, sino una angustia aneja...

Pero, a pesar de todo...me duele tu sonrisa.

 

 

Sinfonía de la Sangre

 

Oh, sangre azul y envenenada,

yo quisiera poseerte,

y tengo que sentir tu grito, en cada

hora que me habla de la muerte.

 

Oh sangre azul iluminada

del resplandor de un cielo inerte,

que siempre me recorres, inundada

de algún hechizo antiguo y fuerte.

Quizás por ti sufrí tan hondo

este tormento ya sin fondo,

y sin final y sin comienzo;

 

Bendita sangre envenenada.

Te siento mia en la jornada,

y po ti vibro, vivo, y pienso.

 

 

Grito

 

Existes, Dios, existes, pero, ¿Donde?

¿En que planeta vives? ¿Que penumbra

te aleja de nosotros y te esconde?

Existes, yo lo se, tu sol me alumbra.

 

Existes, ya lo se, pero, ¿Que nombre

te puedo dar en mis plegarias mustias?

Hacia ti yo camino. Soy el hombre

que cotidianamente siega sus angustias.

 

Podría quejarme en contra tuya.

La vida mata, pero arrulla

también a veces. Se combina

en ella todo; Bien y Mal.

La vida es una golondrina

abandonada en un erial.

 

 

Canción de Amor

 

Te encontré tantas veces amor en mi camino.

Tanto te he conocido, tanto me has embriagado,

que el roció de luna que se nieva en mi vino

lo bebo a la memoria de todo mi pasado.

 

Te encontré, tantas veces, Amor, que mi destino

hacia tu noble faz su brújula ha imantado.

Hoy extravié la ruta y esta lejos tu trino,

pero tu estas conmigo, y eres el bien amado.

 

Amor que has sido muerte, canto, gloria y gemido;

a tu impulso tan solo he podido avanzar;

hoy te evoco y te canto pero nada te pido.

Amor que te fuiste rió, lago, pradera y mar.

Yo quiero definirte diferente al olvido,

y en tu templo de lunas, fervoroso oficiar.

 

 

Canción Otoñal [ 6 de Mayo de 1955]

 

I

Mi suicidio es tan lento,

que no quiero

deciros como muero...

Cambie mi Poesía

por la Filosofía

más honda y más austera.

 

Y aquí me estoy, callado,

lo mismo que un jilguero

que muerde como un fruto la melancolía

del otoño sombrío,

recordando su Enero.

 

Mi suicidio es tan lento, que no quiero

deciros como muero.

 

II

Este morir tan leve me inunda los ocasos;

¿Yo transito en la muerte, o es ella la que corre

como desesperada amante hacia mis brazos?

Aquí estoy esperándola. Siempre solo en mi torre.

 

III

Dejadme aquí llorando. No digo adiós. No digo

plegaria, ni blasfemia, ni maldigo.

Dejadme aquí llorando como el trigo.

 

Dejadme aquí pensando,

que no quiero

deciros de que muero.

 

 

 

 

 

Carlos Pezoa Veliz (1879-1908) gran Poeta Chileno Romántico con gran tendencia Modernista que supo describir muy bien el Alma Popular Chilena, sus obras fueron publicadas luego de su temprana muerte, acá están los poemas que más me gustan, especialmente Nocturno que es sencillamente genial. G.

 

 

Nocturno

 

Ana, la triste amante del poeta, tenía

los grandes ojos negros llenos de poesía,

ojos en cuyas cuencas ahuecadas y oscuras

había muchas penas y monstruosas ternuras.

En otros tiempo hacían de Luz blando derroche;

después en ellos mismos se guarneció la noche

y en ellos voltejearon con graznidos acerbos

bandadas de dolores como nocturnos cuervos.

Las penas como búhos sobre sus madrigueras

se aglomeraban juntas en las negras ojeras

y ahí cantaban todos sus fatídicos dúos,

los búhos con los cuervos, los cuervos con los búhos.

 

!Cuantas sombras perdidas en la jornada eterna

hallaban en sus huecos pavorosa caverna,

las sombras que sabían en su escapada trunca

que luz allí no había, no había nunca !nunca!

Esa era la morada de asombro que hoy no asombra,

donde cantaban su alma sus duelos a la sombra

y donde algunas veces, si la sombra no oía,

con un lenguaje trémulo de luz me lo decía.

!Lámparas de tristeza que oscuras y apagadas

vertían en sus cuencas sus negras llamaradas,

lámparas de tristeza que nadie, nadie nombra!

!Cuantas veces mis alma se guarneció en su sombra!

Los grandes ojos negros, ebrios de poesía,

Ana, la triste amante del poeta, tenia...

 

Ana, la triste amante del poeta, era pálida

como eran su tristeza y su alegría escuálida.

Nunca lloraba; nunca sus ojos entreabiertos

lloraron, eran triste como los ojos de los muertos;

sus párpados bajaban en fúnebre caída

cual si tuvieran miedo de mirar a la vida,

y solo levantándose, trémulos por la angustia,

de sus ojeras negras la sombra mustia,

en sus noches largas pasadas en su pieza

con el recuerdo, el sueno y el sorbo de cerveza

cuando con el, borrachos de honda melancolía,

mirabanse los ojos cerca de la nujia...

 

Pálido crisantemo de pálida belleza

que crecía en el vaso de mi eterna tristeza,

era de sueno y muerte su efluvio como el propio

con que produce eternos sueños de amor el opio;

y es por eso que mi alma lentamente se apaga

el cirio de la vida, cirio de luz aciaga,

que ha goteado sus pálidos y acerbos sentimientos

Como lo hace los mustios cirios amarillentos...

Como eran su tristeza y su alegría escuálida,

Ana, la triste amante del Poeta, era pálida.

 

Ana, la triste amante del poeta, reía

con una risa amarga que mil cosas decía,

como esa de los tristes y errantes organillos

que lloran sus diabólicos y cínicos róndeles

allá en los arrabales y en los sucios burdeles.

Como su pena, amarga fue su risa. Su pena

era como una noche de blanda luna llena,

porque había en el fondo de su alma taciturna

enormes puñaladas de tristeza nocturna

Su pena era una pena de princesa alemana

envuelta en una risa pariesen y profana,

pena de beodo, pena con saber a café,

más grande que la pena de la alegre Gautier.

!Oh, mujer como noche de blanca luna llena,

cuando te fuiste lejos me dejaste tu pena!

 

¿Por que no la llevaste? Yo rezaba en voz baja

y tu risa reía bajo la mortaja.

En esa tarde triste que caía de prisa,

yo sé que se apartaron tu pena y la agria risa,

yo sé que en el sepulcro bajo la noche larga

aún ríe tu cadáver con esa risa amarga;

pero sin esa pena que te hacia tan buena...

porque !ay! aquella tarde me volví con tu pena!

 

 

Nada

 

Era un pobre diablo que siempre venía

cerca de un gran pueblo donde yo vivía;

joven rubio y flaco, sucio y mal vestido,

siempre cabizbajo... ¡Tal vez un perdido!

 

Un día de invierno lo encontramos muerto

dentro de un arroyo próximo a mi huerto,

varios cazadores que con sus lebreles

cantando marchaban... Entre sus papeles

no encontraron nada... los jueces de turno

hicieron preguntas al guardián nocturno:

éste no sabía nada del extinto;

ni el vecino Pérez, ni el vecino Pinto.

Una chica dijo que sería un loco

o algún vagabundo que comía poco,

y un chusco que oía las conversaciones

se tentó de risa... ¡Vaya unos simplones!

Una paletada le echó el panteonero;

luego lió un cigarro; se caló el sombrero

y emprendió la vuelta...

Tras la paletada, nada dijo nada, nadie dijo nada...

 

 

Tarde en el hospital

 

Sobre el campo el agua mustia

cae fina, grácil, leve;

con el agua cae angustia:

llueve.

 

Y pues solo en amplia pieza,

yazgo en cama, yazgo enfermo,

para espantar la tristeza,

duermo.

 

Pero el agua ha lloriqueado

junto a mí, cansada, leve;

despierto sobresaltado:

llueve.

 

Entonces, muerto de angustia

ante el panorama inmenso,

mientras cae el agua mustia,

pienso.

 

 

 

 

 

Luis Ossa Gajardo, Gran Poeta Chileno con libros editados en Chile y en España, estos poemas son extraídos de su último Libro “Versos Ecologistas”, no os deseo decir mas cosas, juzgad vosotros su gran poesía, porque es mi Padre.

 

 

 

BUHO

 

El buho de las sombras

hipnotiza. Su mirada penetra

como un velo siniestro

en las almas dos veces.

 

*********************

Su ojos arrancan

de la torre de horror

un manto único de tristeza.

 

*********************

Mas el hombre oscuro

no comprende

que en sus pupilas

arde la vigilia...

el silencio es un canto.

 

En sus alas la tierra confía.

 

 

 

LA TIERRA LLORA

 

¡ Silencio !

la tierra llora...

sangre vierte

desde las entrañas

de sus anchos mares,

desde los valles en sombras,

desde los fecundos ríos,

desde las cañadas abiertas.

 

Llora el aire, la montaña, el águila,

el peumo, la cigarra, el lirio...

llora el árbol talado,

el búho herido.

 

¡ Pobres campos desolados !

¡ pobres riberas desiertas !

¡ pobres bosques heridos !

 

Sombra o locura de un hombre avaro,

harapos de riquezas que no goza,

sangre de espada a su propia boca.

 

La Araucaria del Sur

ya no canta,

triste el naranjo,

lejos huyó su fragancia.

 

Montes, pájaros, valles, cielos, mares y ríos

trazan la agonía del último lamento.

 

Verde la tierra resplandecía,

tristes campos, hoy desolados,

¡ Silencio !

la tierra llora...

sangre vierte.

 

 

EL BISONTE

 

Lejos en las verdes praderas

del Norte,

allá donde la montaña pura

a refrescar

convida al labio ardiente.

Lejos en la extensa claridad

sobre los perfumados campos,

sobre los claros arroyos

y pródigas riberas,

cruza altivo el gran bisonte

tras

el agua y el sustento.

Hollará la pezuña dura

la marca secreta

donde inclinar pudiera

con el ángulo de sus fuertes quijadas,

su testa de gloria.

Pastos libres ha elegido,

en las tierras nutrientes.

Bajo los cielos azules

tiembla de gozo

la ardilla y el lirón,

el oso y el castor.

 

Duros cuernos...

al profundo silencio

el bisonte da coces.

Músculos de acero

a férreos huesos enlazados,

revelan sus potentes bríos...

Más allá de los montes,

sobre los perfumados campos,

sobre los claros arroyos

y pródigas riberas,

cruza altivo el gran bisonte...

tras

el agua y el sustento...

 

***********************

Sombra tras la huella estremecida,

oscuro estertor...

 

Piel, sangre, latido,

desde las rojas fauces

el último soplo ardiente...

 

Sobre la pradera llueve.

 

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