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En
la enfermería de Zafra
Aquella feria de San Miguel no toreé en Sevilla, y ya una de las
corridas últimas que iba a torear antes de casarme iba a ser la de la
feria de Zafra.
Y allí en Zafra, el 5 de octubre, que la boda estaba puesta para el 22,
con las invitaciones repartidas por Concha Piquer y por Antonio Márquez
y todo, en Los Jerónimos que era la boda, viene la otra cornada.
Era una corrida de Saltillo, que eso entonces era de Félix Moreno de la
Cova, con José Julio el portugués. Me cogió el toro en la ingle
derecha, toreando con la muleta. Era un toro difícil, que quería yo
ahí por cojones torearlo... Hasta que me echó mano, claro. Y en el
quite que vinieron a hacerme los banderilleros, a Almensilla también lo
cogió, le dio un puntazo, y fuimos los dos para la enfermería.
Lo de Almensilla no era nada, pero lo mío sí era gordo. Me llevaron a
la enfermería, y cómo eran las cosas en aquella época.
Me llevan a la enfermería y me echan en la camilla que había allí para
desnudarme y ver lo que tenía y empezar a operarme, y nada más que
echarme en la camilla, le faltaba una pata y, pum, me caí al suelo con
la camilla encima y con la cornada encima, pum, la camilla.
Me llevaba Pepito Camará en esa época, y cuando ya habían compuesto
allí la camilla de cualquier forma para que no se cayera otra vez, me
están desnudando y se me acerca Pepito Camará y me dice:
-Oye, éste no está en condiciones de operarte aquí. Nos deberíamos ir
a Sevilla. Te lo digo para que lo sepas. Yo creo que deberían nada más
que coserte y nos vamos para Sevilla tirados...
-Sí, claro, que me cosan como sea, ahora mismo, ¿cómo me van a operar
con el anestesista en esas condiciones? Sí, venga, ahora mismo...
Y me cosieron en vivo toda la ingle.
En vivo.
Sin anestesia y sin nada.
Y me vine con los puntos aquellos de la costura y con la cornada sin
operar hasta Sevilla. En el mismo coche de cuadrillas, tirado en el
asiento de detrás, echado detrás, como podía, con la cornada dada y
con el costurón sin anestesia.
Ha sido la cornada que yo he sentido más en mi vida.
Y el viaje ese desde Zafra hasta Sevilla. Y ya en la Clínica Virgen de
los Reyes, que habían avisado, me operó Don Antonio Leal Castaño en
condiciones. La Virgen de los Reyes era una clínica magnífica, en la
calle Oriente, que íbamos allí todos los toreros buscando a Leal
Castaño, muy buen médico y muy buen aficionado, siempre con su clavel
en la solapa y con su sombrero de ala ancha...
Aunque aquella cornada de Zafra me dolió especialmente por las
circunstancias aquellas de la enfermería y del anestesista.
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