RETAZOS DE HISTORIA

 Por Celso

Fotos Feria Franca de Pontevedra (Rafa Gil y Antonio José)

    

 

    Tarde del 26 de agosto del año del señor de 1346. Eduardo III de Inglaterra  se atrinchera en el altozano de Crécy, al noroeste de Francia, esperando el ataque del ejercito de Felipe VI de Francia. Mientras los soldados ingleses comen, estalla una tormenta que descarga un fuerte aguacero. Cuando el sol vuelve a brillar, Eduardo III puede ver al ejército francés desplegado: 40.000 hombres avanzando hacia las líneas inglesas en largas y compactas líneas erizadas de armas que centellean al sol. Ahí esta la mejor caballería pesada del siglo, flor y nata de la nobleza de Francia y centenares de famosas lanzas llegadas de media Europa. Ahí también, la reputada infantería francesa y 6.000 mercenarios genoveses, los mejores BALLESTEROS de la época, que marchan al frente.

    El avance marcado por el redoble de los tambores y las fanfarrias de la tromperia infunde pavor, pero los ingleses, aunque apenas suman 17.000 hombres, tienen preparado minuciosamente la batalla, disponen de un terreno favorable y de un ARMA SECRETA: 9.000 ARQUEROS ESPECIALES.

    Eduardo III coloca en el centro a su caballería desmontada, 4.000 lanzas, oponiendo al enemigo una muralla de puntas de hierro; a su lado, unos 4.000 peones y en las alas, los ARQUEROS, protegidos por filas de estacas hincadas oblicuamente en la tierra y terminadas en afiladas puntas.

    Cuando ambas formaciones se hallaban a unos 250 metros, el Rey ingles ordena a sus ARQUEROS que disparen contra los ballesteros enemigos. Un silbido siniestro rasga el aire y una nueve de flechas se precipita sobre los ballesteros genoveses, que no esperan el ataque a distancia tan larga (¡¡ 250 metros !!) ni semejante ritmo de disparo ( ¡¡diez disparos por minuto!!): "El cielo se oscureció y parecía que granizaba", dice la Crónica de Froissart. Las ballestas, con las cuerdas mojadas por la reciente lluvia, carecen de fuerza para alcanzar a los arqueros, que durante la tormenta han tenido el arma en sus fundas y bien protegidas sus cuerdas. Los mercenarios genoveses quedan desbaratados y en fuga en apenas tres o cuatro minutos, estorbando en su desorganización a los caballeros, que son el siguiente blanco. Bestias y hombres -algunos clavados a sus monturas por las flechas- caen en confuso desorden ante las líneas inglesas. De nada valen los  intentos de reorganizarse, ni las dieciséis cargas sucesivas de unos caballeros que se niegan a reconocer su impotencia. En el campo verde de Crécy quedan tendidos, cosidos por las flechas, los primeros caballeros de Francia, uno 1.800, junto con 4.000 escuderos procedentes de casa nobiliarias. En ese día no hay casa importante de Francia que no se vea de luto, dice un cronista de la época; aquí comienza el declive de la caballería nobiliaria, tan valerosa como indisciplinada e ineficaz ante formaciones profesionales de ARQUEROS.

    Los ingleses quedan dueños del campo de batalla, el ARCO LARGO dictará su ley también en Maupertuis (1356) y Azincourt (1415).

    EL ARCO LARGO.

    El arco que manejaban los ingleses era una arma peculiar. La habían descubierto a finales del siglo XIII, cuando Eduardo I de Inglaterra conquistó Gales a costa de graves pérdidas, ocasionadas por un arco singular: era de madera de olmo, podía medir incluso 1.85 metros de longitud, pesaba unos 5 kilos y lanzaba flechas a una distancia que oscilaba entre los 250 y los 340 metros, con una cadencia útil de hasta diez disparos por minuto. La fuerza del proyectil era tal que podía traspasar una cota de malla doble, una armadura de acero o una tabla de roble de 25 mm de grueso.

    Su eficacia era tan extraordinaria que los reyes ingleses centraron sobre ella el peso de la táctica de combate, empleando los ARQUEROS en grandes concentraciones que rompieran el centro neurálgico del dispositivo enemigo. Para disponer de grandes masas de ARQUEROS bien adiestrados, Eduardo I ordenó que las competiciones de arco fuesen "el único pasatiempo de todos sus súbditos", salvo que padecieran algún defecto físico grave. Desde finales del siglo XIII hasta el primer tercio del XV, las competiciones de arco fueron el primer deporte de los plebeyos ingleses: había competiciones de alcance, de precisión e incluso de "campo a través" en el que los arqueros debían correr por el campo disparando sobre blancos diversos a diferentes distancias, computándose, al final, la rapidez y la puntería (os suena).

    A comienzo de la Guerra de los Cien Años, en 1339, a causa de la disputa por el trono de Francia entre Eduardo III Plantagenet y Felipe VI de Valois, el ARCO LARGO O GALÉS, era desconocido en el continente, aunque ya había sido decisivo en varias batallas libradas en las islas Británicas. Quedaba por ver si su resultado era tan satisfactorio cuando se midiera con la BALLESTA, una arma más precisa, de similar potencia aunque más lenta, favorita de los ejércitos continentales. En Crécy se iba a comprobar la eficacia de uno y otra, para desdicha de los ballesteros mercenarios de Felipe VI.

 

    EL ARCO LARGO EN LA PENÍNSULA IBÉRICA.

    En la Península Ibérica los proyectores de flechas más empleados era el arco compuesto traído por los árabes -arma de extraordinario alcance, aunque de escasa precisión a larga distancia- y la ballesta, originaria, probablemente de Bizáncio, delicada y con doble peso que el arco.

    El arco largó llego aquí en el curso de la guerra civil castellana, de la mano de los arqueros del Príncipe Negro, que apoyó a Pedro I el Cruel contra Enrique de Tras támara. También aquí el arco largo demostró su poderío -como en la batalla de Nájera (1367)- aunque la caballería y la infantería ligera habituales en la Península Ibérica resultasen menos vulnerables a las concentraciones de flechas que las grandes formaciones acorazadas que se usaban en Francia. Con todo, el ARCO LARGO fue el arma decisiva en la batalla de Aljubarrota (1385), donde los portugueses, reforzados por un cuerpo expedicionario inglés de ARQUEROS enviado por Ricardo II, destrozaron a los castellanos y terminaron con sus aspiraciones sobre los territorios lusitanos.

  

    ANÉCDOTA PINTORESCA.

    Un siglo después de Crécy, la artillería francesa destrozaría a los ingleses en la batalla de Castillon (1453), cerrando a favor de la dinastía Valois la Guerra de los Cien Años. Con todo, el ARCO LARGO pervivirá en las formaciones militares inglesas hasta su abolición definitiva en 1595.

    Puede añadirse que en la Cámara Alta Británica hubo un Lor que promovió su recuperación durante las guerras napoleónicas. Que pena, no le hicieron caso, sería de los más interesante.

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