A partir de ahora

 

A partir de ahora, apoyado en el quicio de tus noches, vagarás entre los restos de los recuerdos y el amargo apagado de tantos besos dejados en el quicio del azar; entrarás en el club de los poetas muertos, del vagabundo apagado y taciturno, del bohemio a punto de terminar el libro que nunca se atrevió a escribir, en el club de los nostálgicos a punto de dejar de serlo.

Recogerás tus escasos bártulos, tu desgastada pluma, los besos que nunca diste y el poema que se quedó sin final, una olvidada pena, un te quiero que ya nunca te dirán; te irás con rumbo incierto, sin brújula que te guíe, sin sur al que dirigirte y sin sonrisa en tus labios, tan sólo con un leve gesto en tus ojos enamorados, pero sin ninguna amargura que te ate a ningún pasado.

No hay dos sin tres te dijeron, la última vez que te fuiste,

pero tu no hiciste caso y volviste a enamorarte,

y escribiste algunos versos que a nadie dedicaste.

Hermoso epitafio para un tiempo que ya se va, para una etapa de tu vida que más pronto que tarde tenía que acabar, porque el principio era incierto y el final se veía venir, salvo tú, que nunca ves los vientos de la tempestad – siempre estás en la inopia – y es ahora cuando te das cuenta de todas las pistas que el destino te dejaba, sin que llegaras a hacerles caso, porque siempre andas empeñado en hacerle guiños al susodicho.

Esta vez no es una estación de tránsito, ningún enlace hacia el futuro, ningún viaje iniciático que te lleve a alguna parte, esta vez los topes de tu tren te indican que es el último posible, la última vez que te embarcas en la aventura del saber, del sentir, del amar y sufrir, es el regreso a los confines de aquél universo que dejaste cuando eras adolescente, cuando  no sabías si te aguardaba algo, cuando empezaste a tener algunos sueños en tus ojos y algún que otro poema rondando tu recién estrenado cuaderno de suspiros.

Y llegarán a tu vida más horas, más noches al pairo de tus desaires, más madrugadas vacías de cualquier esplendor, te impondrás a ti mismo el silencio de quién no tuvo nada nunca, el amargo sabor de las palabras que dejaste abandonadas en algunos caminos, de los besos que se olvidaron en alguna cama, pero no habrá vuelta atrás, porque no volverás la vista, al fin y al cabo tus ojos están velados por la última mirada que le dedicaste en la estación en que la viste por última vez.

Seguro que seguirás leyendo lo que otros dijeron antes que tú, seguro que podrás leer algún día lo que otros digan después de ti, pero lo aprendido, aprendido queda, lo que dijiste o sentiste alguna vez, quedará escondido entre los entresijos de tu corazón y algún día o alguna noche, volverás a rescatarlo para recordar que alguna vez amaste sin llegar a presentir si alguien te quiso como lo hiciste tú.

Pero ahora eso no importa, ahora es tiempo de silenciar lo que te quedó por decir, de encerrar bajo siete llaves lo bueno que queda de ese tiempo de cerezas que viviste sin llegar a vivirlo del todo, es hora de recoger bártulos, vaciar la papelera de palabras sin pronunciar, es hora de decirle adiós a lo que amaste alguna vez sin llegar a recoger la cosecha de tu esfuerzo, es hora de partir hacia ninguna parte; de todos modos consuela saber que no te llevas las manos vacías, pues siempre queda algo, a poco que se busque y a ti seguro que te quedarán tantas cosas.

A partir de ahora, apoyado en el quicio de esas noches que alguna vez compartiste, dedicarás las horas a sonreír a los vientos alisios, a las madrugadas frías de tus nortes, porque no tienes sur al que mirar, a partir de ahora te harás amigo de los silencios acompasados por tus lágrimas y dedicarás la estrofa de una canción a los ojos que nunca te miraron como querías; casi siempre es así, pero ahora dejará de serlo, porque estás convencido de que nada volverá a ser igual.

Cuando alguien te visite, le abrirás la puerta, cuando alguien se despida, le dirás adiós, pero sin el futuro esperando a ver que pasa, sin la pausa callada del que quiere decir tanto que acaba por no decir nada, sin las esperanzas repartidas por la estancia, sin temor a que se abra ninguna vieja herida; eso si, con los recuerdos a buen recaudo, que siempre vendrán bien en caso de apuro.

Algún día, a partir de ahora, contarás todas las horas que dejaste esparcidas por ahí, todos los sueños que olvidaste en tantos oscuros rincones, a partir de ahora serás tú el que calle y otros hablarán por ti; seguro que dirán lo mismo que tú, porque las palabras son siempre las mismas, la diferencia es que puestas en otras bocas suenan distinto, porque alguien está dispuesto a escucharlas y eso lo cambia todo; otra cosa son los sentimientos, esos si que no son iguales, por mucho que los disfracen los que siempre triunfan.

No estaría mal que allá donde te vayas, lleves contigo un viejo  libro, pero que no tenga las hojas en blanco, que luego tendrás que escribir tú las palabras que falten por poner y no estás por la labor, mejor que sea un libro de sencillo texto, de enseñanzas sin aprender, un libro de relatos que no tengan que ver contigo, un pedazo de la vida de cualquiera que no te haya conocido, porque los que te conocen tienen muchas cosas que decirte, pero no te gustará escucharlas.

A partir de ahora, no sabes lo que te sucederá, pero es posible que no te suceda nada, que ya te sucedieron tantas cosas que no sabes donde meterlas y no estás para cargar con mucho peso, porque el tiempo no pasa en balde, ni siquiera para tu corazón y eso que siempre te dijeron que lo tenías demasiado grande; así están las cosas y tú no puedes cambiar nada de lo acontecido, porque pensándolo bien, nada aconteció que no estuviera previsto.

A partir de ahora no volverás a viajar en viejas furgonetas en busca de cerezas, ni volverás a cantar viejas canciones aprendidas al azar, a partir de ahora no habrá versos dibujados en usadas servilletas de papel, ni mano que abandonar entre las tuyas, ni besos que dejar sobre ninguna piel; a partir de ahora no habrá oscuras alcobas a las que asomarse, ni aventuras compartidas al filo de las madrugadas, ni destino conocido en el que recalar.

A partir de ahora no habrá otoños a tu paso,

ni inviernos de los que resguardarse,

ni primaveras efímeras en espera de veranos,

a partir de ahora ya nada volverá a ser como antes,

cuando todo estuvo a punto de suceder,

pero no importa, porque el caso es haber vivido,

y lo que importa es lo queda por hacer.

Pero no agobies tu infortunio, porque alguien recordará algún día, que pasaste por su lado sin tener que pasar, alguien recordará alguna noche que amaste sin ser amado, sin importarte el porqué; no importa que ya no estés y sin embargo, alguien recordará algún día, que ya nada es como pudo ser, a partir de ahora sólo quedas tú y este viejo trozo de papel.

Jose (Nuberu)

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