A veces lloras en silencio
A veces, lloras en silencio, a solas, para que nadie te vea las lágrimas y pregunte porqué, para que nadie comparta un dolor que sólo es tuyo porque a ti te pertenece, solamente a ti; tampoco importa mucho el motivo, al fin y al cabo todos tenemos motivos suficientes para llorar.
Son esas lágrimas que escuecen y que por mucho paños que les pongamos no alivian el dolor, no ayudan a descargar las penas, al contrario, el dolor se hace intenso cuando lloras así, porque estás a solas con ellas, con tus lágrimas; son momentos que en la mayoría de los casos te dejan exánime y con cara de derrota.
En la mayoría de las ocasiones son lo más parecido a una derrota, porque obedecen a esa rabieta ante la impotencia y la rabia por ese no puedo hacer nada, en otras ocasiones son producto de esa soledad que nos pesa como una losa y que no sabemos como quitarnos de encima y en algunas – solo en algunas - son el fruto de esa ausencia que te duele, esa falta que añoras, esa melancolía por lo perdido o por lo no encontrado aún.
Pero por lo general son lágrimas solitarias y amargas, que no nos gusta compartir, por eso las escondes – las escondemos - a los ojos del mundillo que nos rodea, porque eso no se comparte o al menos no como esas otras lágrimas mas cotidianas y familiares a los ojos de todos.
A veces, lloras en silencio y a solas, para que no se pierda ninguna de esas lágrimas que vas dejando como surcos efímeros de tu paso por la sensación que en ese momento te invade y te perturba; no te paras a recogerlas en el cuenco de tu mano, no las acaricias con la yema de tus dedos, simplemente las dejas fluir para que se pierdan en los recodos de tus surcos vividos.
Piensas que nadie sabe llorar como tu, que nadie llora como tu, sin embargo, a poco que escarbes en tus alrededores, encontrarás lágrimas como las tuyas; es posible que el caudal sea menor, o tal vez mayor, pero son esas lágrimas solitariamente amargas, esas que te dejan ese sabor agridulce en los labios.
Es entonces cuando te das cuenta que nadie está libre de ese pequeño pecado, por mucho que disimulen, por mucho que sonrían con la boca pequeña; es cierto que eso no te consuela, pero te ayuda a entenderte un poco más y a llorar un poco menos sola.
Hace frío ahí afuera, está el tiempo lloroso como tú y al igual que tus lágrimas calan en el fondo reposado de tu alma, así la lluvia cala en los abrigos de los rezagados y mientras los miras pasar, piensas cuanta gente se dirigirá presurosa a su refugio, para descargar la ración de lágrimas que le haya tocado en el sorteo.
Acaso te preguntes porque hoy escribo sobre tus lágrimas – ojo, no te confundas..........quien te dice que no hablo de las mías?? – porque precisamente hoy y no ayer o mañana y no sabría que contestarte, no hay respuesta a esa pregunta, simplemente habrá sido el eco de una canción musitada por un piano o unos labios canturreando una bella canción de amor.
Ni yo mismo lo sé, en serio, pero al abrir la puerta sentí el presentimiento de una lágrima, busqué un pañuelo de esos de papel de forma instintiva y me pregunté que es lo que vi o que es lo que no vi, pero la presentí y fruto de ese presentimiento es esta confusa teoría sobre tus lágrimas y las mías y las de otros y otras, que al fin y al cabo son como tú y como yo.
En realidad mi intención era escribir un modesto prólogo y tal parece que me ha salido un escabroso epílogo de todas tus lágrimas vertidas, mezcladas con las mías y las suyas y las de aquél o aquella; será mejor pues, encender esa vela con olores cargados de recuerdos, mirar esa llama y pensar en ti, que lo de pensar en mi es muy fatigoso y menos atractivo.
Tal vez esta noche o la otra, alguna de estas noches, aparezca un poema pintado en alguna parte, un poema escrito de lágrimas que se transformen en sonrisas, de un verso a dos engalanado de algún que otro sueño que nos ayude a conciliar el nuestro, tal vez se dibuje una esperanza en tu corazón o en el mío, que yo también tengo mis derechos.
Será entonces el tiempo de enjuagar todas las lágrimas que nos pertenecieron y dejar hablar a los suspiros, esos entrecortados que se nos escapan cuando estamos bien y en paz, esos que regalamos al viento cuando el corazón es feliz porque algo o alguien hace que así sea.
Jose ( Nuberu)