El ángel guardián

 

Quién te lo iba a decir, tu primer día de vacaciones, tu primer viaje a lo desconocido, con una ilusión en la mirada y a las primeras de cambio, en plena noche y mas perdida que la una, en una desconocida ciudad, te topas con la figura de un ángel guardián de todas las tumbas habidas y por haber.

Sabiendo el yuyu que te dan esas cosas, me imagino que tu primer pensamiento sería que los presagios de lo que hubiera que acontecer no eran halagüeños del todo; sabiendo como eres, estaría por apostar que puedo adivinar el pequeño grito que salió de tu boca y lo dolorido que quedaría el brazo de tu acompañante ante tamaño agarrón y es que lo tuyo no son las apariciones.

Porque vamos a ver, tienes una cita con un desconocido, en una desconocida ciudad, a las primeras de cambio resulta que os perdéis sin encontrar bicho viviente y va el tío y no se lo ocurre otra cosa que aparecer en la carretera que da al cementerio de la ciudad y lo primero que se divisa es la figura de un diabólico ángel emergiendo de sus lóbregas paredes; para cubrirse de gloria vamos.

Lo que me extraña es que no le dejaras con la palabra en la boca y echaras a correr en dirección del primer tren que pasara por allí, aunque pensándolo bien y dada la sonrisa de felicidad que tenías puesta cuando me lo contaste, se ve que mereció la pena aguantar el tirón de tamaño descalabro. ¿Mereció la pena verdad? ¡Seguro que sí!

Por lo poco que sé, porque poco me cuentas, a partir de ese primer día, siguieron otros días con sus correspondientes noches y más de una vez volvisteis a pasar por delante de tu “susto bautismal” pero seguro que la cosa era diferente, ya hasta te resultaría familiar tu dichoso ángel guardián; porque una cosa es encontrar tamaña criatura en mitad de una noche perdida y otra muy diferente hacerlo a plena luz del día y después de haber dormido en unos brazos que te cobijan.

De todas formas y después de mis primeras sonrisas ante tamaña “aventura” me remitiré a darte un consejo; dado que tu acompañante es proclive a perderse ante la primera curva, la próxima vez que os veáis regálale un buen mapa del lugar, eso te evitará más de un sobresalto, teniendo en cuenta que el sentido de la orientación de tu cómplice viajero es de muy andar por casa.

Pero bueno, pongámonos serios, en realidad sólo me estás contando esas pequeñas anécdotas que te interesan y que son muy divertidas – tenías que verte la cara cuando me describiste el lugar – por lo que me dice tu aspecto y tu sonrisa lo del ángel fue el comienzo de algo esperado que con el transcurso de los días se convirtió en algo hermoso y si es así – que creo que lo es – mereció la pena el susto.

Pensándolo bien y si ese es el desenlace de la aventura yo me apuntaría a tamañas apariciones – te lo juro, a mi también me dan yuyo esas apariciones en mitad de la noche - y si además sirven para refugiarse en los brazos que tanto deseaste abrazar, si eso te colma de las caricias con las que soñabas en tus melancólicas noches de invierno, si el ángel fue el preludio de todas las emociones que vendrían después, a mi que se me aparezca un ángel, que uno está necesitado de tantas cosas que un ángel más o menos en su vida nunca viene mal.

Hay un trocito de una canción de uno de tus cantantes fetiche que dice mas o menos “al lugar donde fuiste feliz, no debieras tratar de volver “pero yo cambiaría la letra “si fui feliz quiero volver a perderme en cualquier ciudad en la que un ángel me acerque a aquello que amo y deseo con el corazón” Yo desde luego lo haría.

Dado tu deseo de repetir tamaña experiencia, me dedicaré a buscar ángeles perdidos en perdidas ciudades que te sirvan de estímulo y recuerdo; creo recordar que en una hermosa ciudad de un antiguo país hay un lugar parecido, si quieres te busco alguna guía y te la remito para que hagas planes con él, pero por si acaso llevaros un buen mapa, por favor.

Lo importante es el contenido no el continente, lo hermoso es como acabó la historia, no como comenzó – aunque pensándolo bien comenzó divinamente, haber si el tipo no lo hizo a propósito para parecer un héroe – lo importante es que la felicidad presidió tus días y supongo que también los suyos, lo hermoso de la aparición del ángel es que se convirtiera en el preludio de todo lo bello y bueno que pudiera pasar después.

Si es así y creo que lo fue, te daría un título para un anuncio de esos de Internet para buscar pareja “Ponga un ángel en su primera cita y si está en un cementerio mejor, que eso acaba uniendo mucho” que mola mucho y además, en tu caso, parece ser cierto.

En serio, si fue la primera noche de muchas otras noches, si fue el preludio de un sueño al que le seguirán otros sueños, si sirvió para acercarte a quién te ama y al que tú puedas llegar a amar, si ese beso del primer susto fue la antesala de todos los besos que te dieron y que diste – sin contar lo que quedan por dar aún – si es así, si que podrías decir que viste a tu ángel guardián, al guardián de tu felicidad.

Jose ( Nuberu)

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