¡Avante toda!

 

Me dejas asombrado, la verdad es que nunca esperaba verte así, como lo viejos lobos de mar, que ante la posibilidad de una buena tormenta, en lugar de arriar velas y dar marcha atrás gritan ¡Avante toda, desplegar velas y vamos a por ella!

Estás enfrentándote, como ellos, a la tormenta de tu vida, navegando contra el viento de cara, elevándote en los rizos de las olas, luchando contra la vida en contra, como el que se enfrenta al vendaval, sumergiéndote en la corriente para desafiarla y saber quién ganará esa dura batalla.

¡Avante toda! Te dijiste el día que la conociste y te dejaste llevar por la corriente, arrullado por el canto de las sirenas que te llamaban, mientras mirabas a tu desafío, la retabas y te hundías poco a poco en las mareas de sus ojos, hasta caer agotado en los pérfidos brazos de un amor tan loco como una tormenta.

A partir de ese día se sucedieron las borrascas en tu vida, las lágrimas de tu melancolía se elevaban como olas majestuosas y cada día tenías que sortearlas para sobrevivir; el corazón te latía, te late de forma desbocada, cada vez que contemplas el amanecer de su mirada e incluso cuando alguien, en alguna parte, musita su nombre.

Te estás curtiendo en el difícil arte de navegar por los entresijos de los amores prohibidos, los amores imposibles, que en su viajera derrota nunca sabes donde acabarán y simplemente,  te dejas llevar por las olas de la ternura en cuanto la ves, te abandonas a la caricia tenue de su navegar, sin importarte donde recalarás mañana.

Solo tienes ojos para el mañana mas cercano, sin importarte el futuro sea el que sea, sólo ella, como la mar, existe en tu retina y como un viejo marinero ante un ocaso, dejas que tu cuerpo se abandone al éxtasis del querer, con ojos asombrados ante lo que te sucede, pero sin preguntarte el porqué, simplemente disfrutando  del paisaje que se adivina ante ti.

A veces soplan vientos tenues que embargan tu alma de ternura, otras esos vientos se convierten en huracanadas tormentas que hieren tu corazón, pero es tanto tu afán, tanto amas, que sigues adelante sin importarte nada ¡Avante toda! Sin mirar atrás viviendo el presente como si fuera el futuro y sin importarte que pasará después del ayer.

Y es que una mirada puede obrar el milagro, la magia del reto a lo desconocido y si va acompañada de una tenue caricia, entonces es el acabose, las sensaciones no se pueden comparar a nada conocido y el canto de unos labios se convierte en música de sirenas que te atraen hacia abismos desconocidos.

Sólo hay una forma de huir de tal tormenta, la de utilizar el viejo truco de Ulises, amarrarse al palo mayor de la cobardía y dejar de vivir la aventura de amar sin tregua y sin frontera. Pero tu olvidaste la cuerda, te quedaste sólo y desnudo de defensas ante aquella sonrisa y subiéndote al puente de mando de esa nave llamada “locura de amar” enarbolaste el estandarte de los valientes y gritaste al viento ¡Avante toda! Que el destino y el fragor de su piel, me lleve a los paisajes que deseo conocer, para perderme en ellos.

Es ahora que ya tienes alguna de tus velas rotas por el rugir de sus vientos, sus desplantes te llevan a caer en el ostracismo, pero luego ella vuelve y la mar de tus locuras vuelve a calmarse, sus ojos cautivan de nuevo tu corazón y su desnudo cuerpo hace arder en tu interior la furia del deseo y te dejas llevar de nuevo por el fragor de su aliento a tu lado.

Estás enamorado viejo lobo de mar y eso se nota en tus ojos cuando la miras o ella te mira a ti y su voz te llama y su cuerpo reclama el tuyo; algún día tu nave acabará destrozada contra cualquier acantilado y tu reposarás en cualquier abandonada cala y tus ojos llorarán la angustia de haber perdido el Norte y el Sur y mirarás las estrellas para intentar adivinar donde estás, pero será tarde.

Pero en esa aventura habrás surcado mares desconocidos, mareas eternas de quejidos y gemidos placenteros, habrás llegado a las cumbres de mil tormentas que te aplacarán el hambre de amar sin tregua y habrás tenido en tus brazos tantos sueños, que te darán para sobrevivir en la isla donde la última tormenta te haya abandonado.

Ella seguro que buscará otra nave y se sumergirá en otros brazos, pero algo de su frescura y de su mirada se quedará contigo para siempre, sólo espero que desde aquel día, que por primera vez, gritaste tu ¡Avante toda! Y tu proa se dirigiera hacia sus brazos, tu vida hubiera merecido la pena ser vivida. ¡Yo estoy seguro de que así fue, porque en mi modesto entender, es la mejor forma de viajar por ese mundo del amor y el deseo!

Jose (Nuberu)

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