Clavado en la barra de un bar

Tenías los ojos clavados en el vaso – más bien diría yo que los tenías clavados en la barra - que te acompañaba en aquél bar que más bien parecía un tugurio de las películas del Bogart, mientras a tu lado retozaban fantasmales seres de la vida noctámbula.

A lo lejos el bullicio del ambiente, te indicaba que la maldita fiesta no había concluido aún, así que te decidiste a pedir otra copa sin pararte a mirar que la última estaba aún sin apurar; música estruendosa, seres estruendosos, ambiente estruendoso y tú, clavado en la barra,  que sólo tenías ojos para aquel vaso a medio apurar, repleta de consumiciones a  medias y llena de restos de vete a saber tu que mezclas malditas.

El pensamiento divagante, los ojos vidriosos de tanto tabaco y tanto alcohol, los oídos a punto de estallarte y el ánimo por los suelos, como siempre tenías el ánimo cuando te encontrabas así – o sea, solo, aburrido y medio lloroso ante alguna ausencia o ante alguna despedida – en fin que estabas de foto de concurso.

Y me pregunto porqué, al fin y al cabo durante estos días tu vida no fue muy diferente a la que tienes habitualmente, sin embargo algo te vi a la hora de mirar, que me dejó un regusto preocupante. Tantas noches a tu lado de chiringuito en chiringuito me daban un pequeño master en el conocimiento de tus entresijos.

Pero cuando me soltaste aquello de ¡Creo que me estoy enamorando tronco! La cosa empezó a preocuparme de veras, porque tú, enamorado, eres sumamente peligroso para el descanso de los que se atreven a ser tus amigos; en el fondo de tus ojos vi reflejada la verdad de tal aseveración, así que armándome de valor me dispuse a pasar otra noche en blanco.

¡Colega, esta vez me ha dado fuerte, te lo aseguro! Pensé yo, que a ti siempre te dan fuertes estas cosas, así que sin más prolegómenos te pregunté quién era ella y tú como siempre, en vez de describirme a la mujer que se suponía era objeto de tu culto, me hiciste un resumen que más parecía uno de tus informes económicos en la empresa.

¡Alta, delgada, estilizada y elegante, culta, con una melena sobre sus hombros tan llena de rizos que subyuga nada más verla, ojos para perderse en ellos y un cuerpo que quita los sentidos! ¡Coño, me dije, la mujer perfecta! ¿Donde está el problema esta vez? ¡En su voz tronco, el problema está en su voz!

¿Su voz, que le pasa a su voz? Pues que no me gusta colega……..no acaba de convencerme. ¡Con cara de pasmo me dejas, como no te expliques mejor!…..a ver tronco tiene una voz que cuando te dice ¡Te quiero! parece que está dando una orden y eso me mosquea. ¿Y por eso estás clavado en la barra de un bar a las tantas de la madrugada y con todas las copas del mundo en tu sesera, por su voz?

Amigo, se ve que no entiendes nada; es hermosa y subyugante y hace el amor como si no hubiera otro hombre en la tierra, pero cuando te dice algo cariñoso – ya me entiendes esas palabras que se suelen dictar en voz baja y al oído –  es como si te hablara un sargento del séptimo de caballería y eso, tronco, te corta la inspiración…………¿Entiendes colega?

Así que estoy preocupado, si me enamoro del todo de una mujer así y luego me pone la vida en ¡Firmes, aquí no se mueve nadie, pues ya me contarás! Sabes de siempre que es algo que me asusta tronco, yo soy un espíritu libre, pero los años no pasan en balde y a uno le empieza a apetecer sentar sus reales en algún lugar pacífico y acogedor donde los días transcurran plácidamente y esa voz me dice que de pacífico tendrá poco el susodicho rincón.

Entonces lo entendí todo, estaba claro como el agua; a ti siempre te gustó manejar las situaciones cuando se trataba de mujeres y el peligro venía en que esta era lo suficientemente inteligente y con las ideas lo suficientemente claras como para mantenerte a raya y eso era algo espantoso desde tu punto de vista.

Si es que conociéndote y sabiendo lo que te esperaría de seguir con esa relación, comprendí el porqué te apoyabas en aquella barra como si fuera tu tabla de salvación; una mujer que mandaría en tu vida y en tu corazón, en lugar de ser como hasta ahora, que el que mandabas eras tú en el  corazón de las mujeres que te amaron ¡Amigo si que tienes un grave problema!

Me fui de tu lado, aquella noche, con una larga sonrisilla en mi comisura y una musiquilla de Sabina en los oídos…………” lo nuestro duró lo que duran dos peces de hielo.......tenían razón mis amantes en eso de que antes el malo era yo” aunque pensándolo bien,  en realidad no se porqué, creo que esta vez te han pillado bien pillado, el tiempo lo dirá  “ tanto la quería que tardé en olvidarla diecinueve días y quinientas noches......”

Jose (Nuberu)

1