
A
ti, que bien los sabes y mucho
escondes,
de
labios de fresa, turgentes senos y recónditos amantes
visitante
de camas baratas, en oscuras pensiones,
rebosante
de sentidos y apasionadamente entregada;
a
ti que bebes la vida en trago largo y sabor amargo
que
retozas desnuda entre sudorosos cuerpos
mientras
entregas tu sexo oculta tras tu hermética coraza
abandonando
a su suerte cualquier atisbo de sentimiento
y
dejándote arrastrar por el tumulto del vértigo a ciegas
mientras
otros dejan secar su corazón en tu cama.
A
ti, habitante de la desértica planicie de nacarada escarcha,
senos
firmes, cuerpo esbelto e inquietante mirada
esposa
culta, amante en horas tardías y entregadas
es
tiempo que te diga cuanto vives, cuanto sientes, cuanto vales;
mientras
sueñas con el suave tacto de alguna perdida sábana,
entre
copas de alcohol caro, en calientes y oscuras madrugadas
se
te van las horas sin un suspiro que llevar a tu garganta
sin
un apasionado beso que dejar en tu recuerdo,
ningún
aroma abandonado en las curvas de tu espalda.
Dejándote
llevar por las sombras de la presurosa nada
rodeada
de inacabados escritos y desarboladas nostalgias
restando
silencios a las pasadas y lánguidas palabras
entre
algodones espúreos y plácidas tardes arrebatadas
con
la tranquilidad que da el esquivo rincón que en tu casa guardas
para
sorber a grandes tragos todo lo que la vida te depara;
con
tu desmadejada sonrisa y tu secreta vida a tus espaldas.