Dejándote llevar

(J.M.I)

 

A ti, que bien los sabes  y mucho escondes,

de labios de fresa, turgentes senos y recónditos amantes

visitante de camas baratas, en oscuras pensiones,

rebosante de sentidos y apasionadamente entregada;

a ti que bebes la vida en trago largo y sabor amargo

que retozas desnuda entre sudorosos cuerpos

mientras entregas tu sexo oculta tras tu hermética coraza

abandonando a su suerte cualquier atisbo de sentimiento

y dejándote arrastrar por el tumulto del vértigo a ciegas

mientras otros dejan secar su corazón en tu cama.

 

A ti, habitante de la desértica planicie de nacarada escarcha,

senos firmes, cuerpo esbelto e inquietante mirada

esposa culta, amante en horas tardías y entregadas

es tiempo que te diga cuanto vives, cuanto sientes, cuanto vales;

mientras sueñas con el suave tacto de alguna perdida sábana,

entre copas de alcohol caro, en calientes y oscuras madrugadas

se te van las horas sin un suspiro que llevar a tu garganta

sin un apasionado beso que dejar en tu recuerdo,

ningún aroma abandonado en las curvas de tu espalda.

 

Dejándote llevar por las sombras de la presurosa nada

rodeada de inacabados escritos y desarboladas nostalgias

restando silencios a las pasadas y lánguidas palabras

entre algodones espúreos y plácidas tardes arrebatadas

con la tranquilidad que da el esquivo rincón que en tu casa guardas

para sorber a grandes tragos todo lo que la vida te depara;

con tu desmadejada sonrisa y tu secreta vida a tus espaldas.

 

 

 

 

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