Despedida al filo de un telediario

 

Esperaste a la hora del telediario para decirle adiós por teléfono – parece que sabes de siempre que le incomoda que le distraigan cuando está viendo el telediario – y se lo soltaste así, de forma escueta ¡Adiós mamón, ahí te las den todas! Me imagino la cara que pondría.

La verdad es que creo que esperaste demasiado, yo lo hubiera echo a las primeras de cambio –ya sé que las mujeres, a pesar de presumir de ser mas racionales, asumís mas riesgos -  pero sabiendo el trasfondo de tu historia, creo que el tío tiene un morro que se lo pisa.

No tomes esto como un reproche ni como un consejo, ya sabes que no me gusta dar consejos y reprocharte a ti algo es asumir demasiados riesgos; pero sabiendo como eres, aún no me explico como te dejaste embaucar por ese encantador de serpientes, fácil de palabra – yo diría que prestidigitador de palabras ensayadas – que lo único que buscaba era un ligue fácil para los fines de semana, para algunos diría yo, que otros los tenía ocupados.

Me recuerdas otra historia – ya sabes que mi vida, últimamente, está llena de historias, de otras gentes claro – parecida con final parecido y es que todas las historias iguales tienen, a lo que se ve, los mismos finales; despedidas mas o menos explosivas o desgarradas. En tu caso la llamaría una despedida original y divertida, al menos yo la pasé genial cuando me contaste la escena y me imaginé el resto.

Digo yo que algo le verías que no le vieron los y las demás, porque su fama llegaba lejos y su currículum estaba lleno de conquistas, hasta el punto que ya iba por la tercera libreta de teléfonos; es cierto que es guapo, atractivo dirías tu, inteligente, con don de gentes y unos ojos azules que enamoran, según vosotras, pero también es cierto que la que más y la que menos sabíais de sus andanzas, de sus conquistas, de sus “trofeos” como el os definía –sólo por usar esa palabreja merecía un buen escarmiento -  pero tú, tan inteligente, brillante, experimentada; la verdad nunca pensé que caerías en sus redes.

Me dices que te tomarás un respiro –y tus respiros siempre te salen caros, que siempre coges aviones con destino a lugares rarísimos – pero mirándote a los ojos se ve claramente que  el tipo te hizo mucho daño; tus ojos están enfadados, con la mirada dura –cualquiera se acerca a pedirte fuego – y eso me indica que el dolor que te causó es mucho; espero que las palmeras, los chiriguitos de las playas caribeñas y los nativos, te ayuden a dulcificar unos ojos tan hermosos como los tuyos.

Yo creo que él aun estará gritando pestes – supongo que siendo tan corto de ideas, las pestes serán por joderle el telediario – y pensando cual fue el resorte que te empujó a soltarle aquella frase, en aquél momento y encima por teléfono; un tipo así, acostumbrado a ser él,  el que se despida a la francesa, estará meditando que pecado cometió contigo para tratarle de esa manera. Si es que en el fondo, estos chicos de palabra fácil y bragueta rápida son todos iguales o sea, incapaces de darse cuenta que las mujeres se enamoran, pero encima son inteligentes y cuando tienen que tomar una decisión, la toman sin más.

Me gustaría encontrarme con él en cualquier lugar de esos en los que los hombres van a divisar a sus “presas” –difícil lo tengo, porque me dan pavor – y observarle al acercarse a alguna mujer con aspecto de desvalida pidiendo fuego; me encantaría saber si aún queda en su expresión algún rasgo del pasmo que le supondría la llamadita y la despedida. En nombre de nuestra amistad te prometo que si tal cosa ocurre, me chivaré a su próxima víctima y lo haré en sus narices: es fácil. sólo tengo que decirle que tú le envías recuerdos desde Pernambuco -  si quieres añado unas gotas de maldad en el asunto y le digo que puede vender el chaqué de la boda – la verdad es que me encantaría hacer algo así.

A ti te diría que aproveches para resucitar tus instintos de devoradora de hombres, te lo pases genial y si tienes tiempo entre copa y copa, entre juerga y juerga – el resto ni lo menciono – me mandes una postal, que ya sabes que las tuyas me hacen ilusión, por lo originales  y  por lo exótico de tus “respiros”.

Yo aprovecharé para hacerme una composición de lugar; esperando tu regreso, vuestro próximo encuentro, preparando pañuelos y demás aditamentos – a él le reservaré la árnica – y la libreta donde voy anotando tus experimentos; los llamo así porque se adecua más el término, que si utilizara el más común de experiencias.

En todo caso tengo que reconocer que contigo  aprendo más de la condición de unas y otros, que en cualquier master de sicología – y mira que me gustan poco los psicólogos, las psicólogas me gustan un poco más – y que en mi libreta, que ya es tuya mas que mía, tengo media vida de tantos y tantas, que más diría que es todo un tratado del ser humano.

Lo que tengo que preguntarte a tu vuelta es si la idea de soltarle aquello a la hora del telediario fue meditado o al contrario te salió de forma espontánea; te lo digo porque si fue premeditado es que le conocías bien y sabías como y de que manera hacerle mas daño, y eso es un mérito que habrá que reconocerte ¿Tal vez  con una cena y una de esas copas que tanto te gustan?

En fin, creo que yo también me voy a tomar un respiro – en algún lugar menos exótico claro, que mi vida no está para dispendios – lo que si es seguro es que pensaré en ti y sonreiré, que ya es mucho para los tiempos que corren.

Jose (Nuberu)

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