¿Diosa o pantera?

 

Es una pregunta que siempre me hago, que serás en realidad, una diosa hermosa, dulce, ardiente y apasionada o una pantera celosa de su territorio, de sus crías, con las garras siempre dispuestas a defender su entorno de cazadores más o menos furtivos.

Acaso piensas que el mundo gira a tu alrededor, que todo debe de sonreírte y proporcionarte algún que otro pequeño placer, que tu casa es tu castillo y tu vida  tu fortaleza, pero en el fondo de tu corazón necesitas lo que necesitamos todos y todas, un poco de calma para vivir tus momentos, una pizca de ilusión para disfrutar de tus pequeños pecados, una gota de melancolía que añadir al álbum de tus recuerdos y un sentimiento que te haga vivir de nuevo.

Parece ser que tienes doble personalidad y que pasas de una a otra tan rápidamente que uno no se acostumbra a tan precipitados cambios y siempre me pillas desprevenido y con las defensas en horas bajas, que últimamente todo lo tengo en horas bajas, parezco un ascensor a punto de jubilar.

Tú, con tus primaveras a cuestas, te sumerges en tus propios mundos, que son los tuyos – ya me gustaría que fueran los míos también, pero eso es otra historia – y vas por la vida arrasando tus espacios con tu cuerpo joven y hermoso, con tu mirada entre lánguida y desafiante, con tus ideas claras, aunque en el fondo no tengas ni idea de cuales son tus ideas y con un sueño en el corazón que de tanto ocultarlo, a veces ni tú misma sabes donde lo has olvidado.

Y mírame a mi, con todos mis otoños a cuestas, mis historias olvidadas en el fondo del armario que me queda a la izquierda de ese pecho que tanto suspiró cuando los suspiros no estaban de rebajas y con mis olvidados sueños aparcados por falta de uso o por falta de pago, que los sentimientos también vienen etiquetados con el precio correspondiente.

Diosa no sé si serás, a pesar de haber leído mil veces historias de diosas y dioses enzarzados en sus asuntos, para mi que el Olimpo no existe, que todas las aventuras narradas en la Iliada y la Odisea no existen, que Helena de Troya era peluquera  y que la misma Troya sólo fue un sueño en la cabeza de algún poeta de los antiguos – esos si que sabían contar historias de amor – y pantera es posible que lo fueras en alguna de tus otras vidas, que dicen que todos nos reencarnamos alguna que otra vez.

Desde luego a mi me gusta la mezcla de las dos, porque uno podrá presumir de muchas cosas pero si pregono que me ha enamorado una diosa con apariencia de pantera en sus ratos libres, me llamarán loco, que es un título que está de moda y mira tú por donde que este que suscribe, que nunca dio un palo al agua y por no tener no tiene ni el de Bachiller por no ir a recogerlo, se encontrará con el mejor de todos.

“El loco que perseguía los sueños” No suena mal, no es lo mismo que te llamen Sir no se qué, pero para mi que me quedo con este, que es más de mi estilo y además no paga impuestos – me han dicho que los locos con la misma enfermedad que yo no pagan impuestos por estar enamorados – otra cosa es que pagues en especies, que son más caras para el alma.

Alguien, alguna vez, en una de esas noches de copas y confidencias, me dijo que lo mío era de juzgado de guardia, que lo que me pasaba era que mi cobardía me impedía ver el bosque de mis enmarañadas utopías, que era uno de esos soñadores que ya no se llevan y puede que tuviera razón, pero cuando estás a gusto en el papel no importa el desenlace.

Algunas veces me pregunto con cuál de tus dos personalidades me gustaría vivir, pero estoy seguro que si es con una de las dos me faltaría algo, añoraría esa otra faceta que te hace estar en guardia por si acaso te pierdes algo importante, así que con tu permiso, me quedo con las dos.

No sé si me acostumbraré a vivir en esa especie de Olimpo en el que viven las Diosas como tú, tampoco sé si los arañazos de tus garras de pantera me dolerán demasiado, pero me atrae la idea del riesgo de vivir entre dos aguas, entre dos mujeres, entre dos mares presagiando tempestad; al fin y al cabo el que no sufre no sabe que se está perdiendo una parte de su vida.

Todo me dice que es posible que me agote en el intento, que puede pasar que de estas heridas no me recupere nunca – que uno ya no está para muchos trotes, la verdad – que acaso me deje demasiados jirones entre las uñas de una diosa con apariencia de pantera, que estoy loco de atar, pero a mi no me importa, el premio es tan atractivo, que prefiero correr el riesgo a quedarme mirando a las estrellas.

Prefiero mirarte a ti, porque es hermosa la visión, porque una gota de tu mirada recompensa muchos esfuerzos y porque un pequeño latido de tus labios es la mejor medicina para este humilde buscador de sueños.

Jose (Nuberu)

 

 

 

 

 

 

 

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