Emboscada
estás
¡Emboscados!
Creo que es así como tienes tus sentimientos, emboscados, a la espera de
encontrar y saltar sobre un corazón que lata junto al tuyo. En el fondo es una
contradicción, porque todavía le quieres a él - aunque también es verdad que
en muchas ocasiones desearías que desapareciera de tu vida - y eso te frena a
la hora de sacar a la luz lo que en realidad
sientes, o deseas sentir o esperas que alguien sienta por ti.
Hablando
en lenguaje coloquial ¡Que estás echa un lío, vamos! Así que te mantienes
a resguardo en tu refugio de aparente frialdad, haciéndote la dura,
aunque con la mirada - por cierto……..¿¿¿De que color es tu mirada??? -
estés pidiendo a gritos una caricia que te saque del marasmo y te ayude
a volver a vivir, a reír, a sentir.
Furiosa,
porque te han herido - y ya son muchas heridas - pero a la vez sintiéndote
indefensa, afrontando sola tantas cosas, que algunas veces ya ni te acuerdas de
cuantas son. Y te preguntas porque te caen todas del mismo lado, cosa que a
menudo nos preguntamos todos y todas; la famosa frase de ¡Porqué a mí! Que
tanto pulula por ahí y que nadie sabe contestar.
Te
adivino a veces, mirando a tu móvil, pensativa, dudando si llamarle a él -
supongo que algunas veces para decirle cosas que no puedo reproducir aquí y
otras solo para volver a oír su voz - o por el contrario, en llamar a una de
tus mejores amigas y desahogar todo lo que necesitas desahogar.
Es
duro, lo sé, porque sé cuanto pesan los secretos mezclados con las dudas; lo
malo es que nadie tiene las respuestas, esas sólo están en tu corazón, y en
el mío, y en el de todos y todas, así que sólo te queda aguardar - como a los
demás - que esa víscera que nos
juega tan malas pasadas a veces, nos dé la respuesta acertada.
Entretanto
llegan, seguirás emboscada en todo; en tus sentimientos, en tus vivencias, en
tus deseos más ocultos y en aquellos que todo tu entorno conoce y ocultarás
ciertas miradas a los ojos de nadie, porque a veces tienes la sensación de ser
invisible a los ojos de todos.
Yo
no sé que habrá en ese bosque donde te ocultas; supongo que habrá muchas
cosas, unas buenas y otras no tan
buenas; supongo - y conste que sólo es un suponer - que habrá hermosos
paisajes, árboles con apetecibles frutos cargados de bellos recuerdos, cantos
de hermosas cadencias, noches apacibles a la luz de cualquier luna y alguna que
otra florecilla silvestre; pero también habrá cardos con espinas que producen
heridas, lágrimas perdidas en cualquier riachuelo, amargos tragos de aguas
amargas y noches solitarias de profundas melancolías.
Los
días pasan y pasan lentos o rápidos, según el estado de ánimo o lo que se
espera de él; pasan las horas y desde ese bosque se ven las cosas de una u otra
forma, en función del sol que alumbre en ese instante. Pero tú emboscada
sigues, en el silencio que ampara tu silueta recortada entre la espesura de tus
pensamientos y tus miradas, emitiendo algún grito que espante a los que tu
crees que intentan acercarse y siempre a la espera de que te llegue un poco de
calor, que te haga ponerte en marcha de nuevo.
Tal
vez llegue el día, ojalá, en que puedas abandonar ese bosque que crees que te
protege y puedas volver a respirar con tu rostro recibiendo el calor de los
rayos del sol. Será la hora para ti de desprenderte de todas tus corazas y
vivir a pleno pulmón todo lo bueno que la vida te ofrece, sin mirar atrás, sin
rencores, sin miedos; entonces sonreirás y esa sonrisa iluminará muchas cosas
y muchos sueños que tendrán que venir en tu busca.
Si
algún día me ves cerca, no te preocupes, solo miraré de soslayo buscando tu
mirada escondida en la espesura, porque me gusta tu mirada; y mientras me llega
la hora de todas las horas, tal vez en algún recodo de algún camino, nos
encontremos, seguro que nos miramos y entendemos cada uno la mirada del otro y
si sonríes sabré que habrás abandonado tu bosque para siempre y que nunca más
volverás a estar emboscada, resguardándote de ti misma
y de los demás que pululan por tus alrededores.
Entretanto
yo seguiré mi senda; el camino será mi lecho y las estrellas serán mi techo y
las sábanas que me cubran del frío de todas las primaveras, serán mis sueños
y el último beso que alguien me mandó, será la canción de cuna que me
arrulle.
Jose
(Nuberu)