Ese sueño tuyo

 

En alguna parte has dejado uno de tus sueños y ahora andas revolviendo todos los cajones de tu imaginación, por ver si das con él; y es que tienes la sensación de que va a ser importante para ti, pero no logras recordarlo del todo y eso te enfurece.

Recordando tu manida frase - cuando me acusas de soñador y me sueltas eso de " los sueños, sueños son" - me pregunto porque estás tan alterada con este sueño tuyo; tú, una mujer pragmática, con dos carreras y tres idiomas a la espalda, un sueldo de esos que quita el hipo y una fama de brillante e inaccesible que te hace atractiva a los ojos de todos los "tiburones de traje y corbata" que pululan a tu alrededor, enfadada porque no encuentra un sueño ¡Alucinado me dejas!

¿No será que toda esa parafernalia de la que haces gala cuando hablas, es solo una mera disculpa para esconder tus emociones? Alguna vez te advertí de tal cosa, pero siempre lo negaste con total rotundidad y a mí las rotundidades me hacen sospechar. En el fondo todas las personas que se muestran tan seguras de sí mismas, esconden en su interior todas las dudas y los miedos que los demás tenemos, la única diferencia es que ensayan su cara de "aquí no-pasa nada" usándola como escudo de sus propias inseguridades.

Teniendo en cuenta que coleccionas hombres como el que colecciona cromos, este sueño tuyo debió de remover todos tus mentales esquemas y derrumbar todos los muros que construiste desde que tu ex se largó de casa con tu secretaria - el hombre ni se enteró que te acostabas con su mejor amigo - Algo importante debió de suceder con este sueño, porque nunca te vi remover tantos trastos en tu linda cabecita como esta vez.

Cuándo te miro,  con mí acostumbrada sorna, me dices que no me lo contarás nunca, pero en el fondo sé que más pronto que tarde - mas cerca de la primera copa de madrugada que nos tomemos, diría yo -  acabarás sucumbiendo a mi tradicional facilidad para sonsacarte tus interioridades, y es que lo estás deseando ¡Reconócelo!

En el fondo te gusta saber, pero te cuesta admitir, que al margen de tu acostumbrada frialdad con el género humano, los hombres te gustan mas que un caramelo y si son atractivos, inteligentes, con cultura en abundancia - brillantes vamos - y encima tienen pasta que les permita estar a tu altura, en cuanto a tu nivel de vida se refiere,  entonces es el acabose; me da que este sueño perdido tuyo es uno de estos.

Hurgando en mis archivos mentales - últimamente tengo que formatear el cerebro, que lo tengo un poco abandonado - recuerdo el consejo que le diste a tu amiga del alma, cuando se enamoró de aquél tipo que no tenía donde caerse muerto. Aurora, le soltaste, los tíos son todos carne de cañón y ninguno merece una de nuestras lágrimas; y se lo soltaste mirándome fijamente, como retándome a contradecirte - lo que no sabrás, porque no pienso decírtelo, es que yo nunca contradigo a una mujer, en el fondo suelen tener razón en sus afirmaciones respecto al género masculino - y resulta que ahora andas como loca buscando ese sueño tuyo que te trae de cabeza.

Yo no sé porque te da tanto pánico reconocer que de vez en cuando te enamoras - como todo hijo de vecino - y que cuando no lo estás lo deseas con tantas ganas como los demás; si es que en el fondo eres una cría malacostumbrada que no soporta que la contradigan; yo creo que si nos llevamos tan bien tú y yo, es porque soy el único que tiene el valor de decirte las cosas sin pensar en las consecuencias que eso tendría para mi anárquica vida, es decir, que nunca compartiremos la misma cama.

Seguro que dentro de unos días, cuando te vuelvas a topar con tu sueño y lo amarres bien a tu costado, se te pondrán los ojos de ese color azul intenso - si mujer, ese color que delata que estás como un flan y con hombre nuevo - andarás a uvas todo el día y se te olvidará el portátil en la primera cafetería que te encuentres.

Entonces tendré la certeza que desaparecerás una temporada - lo que tarde tu sueño en despertarte - y no volveremos a verte hasta que el color de tus ojos vuelva a su estado natural, es decir, el color del odio visceral hacia el género masculino en general; menos mal que yo ya estoy acostumbrado a tales menesteres y sé lo que hay que hacer en estos casos. Callar, escucharte fingiendo atención, unas palmaditas en las manos, unas palabras de consuelo y a esperar  a tu próximo sueño.

Pero bueno, no adelantemos acontecimientos; dejemos que tu sueño de tres carreras, cuatro idiomas, un deportivo - porque seguro que tiene uno - y no sé cuantas cosas más, haga de anfitrión de tus debilidades y esperemos que el descalabro sea el acostumbrado, no vaya a ser que esta vez el gasto en pañuelos de papel se nos dispare, que mi bolsillo no está para tanto dispendio.

Por cierto, ahora que caigo en la cuenta yo debo de ser el único hombre en tu vida que no tiene estudios, no tiene un duro en la libreta de ahorros - aún no sé porqué la llaman de "ahorros" -  y no sabe de que color son las sábanas de tu cama. Lo dicho, sabes que te aprecio un montón  - te diría que te quiero, pero no quiero que me mires como si fuera un extraterrestre -  y que en el fondo de mi corazón desearía que algún día encontraras un sueño a la altura de lo que tú esperas de él.

Nunca lo reconocerás - eres tan terca como yo, lo reconozco -  pero lo que te gustaría en realidad es encontrar un sueño que te tratara con cariño, con mimo, con dedicación, que te hiciera sentir la mujer más importante del mundo y que se acercara a ti por tu belleza interior, que la tienes - sólo que muy escondida para que nadie te la vea - y no por tus vestidos de Kevin Klein - se escribe así???? - tus aromas de Gucci, tu cuenta corriente y tu forma de vivir sin preocuparse de lo que acontecerá mañana, sobre todo en lo que respecta a los asuntos de cama.

Mientras tanto, mientras encuentras ese definitivo sueño, te deseo toda la felicidad del mundo junto a este que andas buscando estos días y que seguro tendrás apuntado su número de móvil en alguna servilleta y perdido en cualquier rincón de tu abigarrado bolso de mano.

Digo lo de abigarrado, porque la ultima vez que mis manos se adentraron en él - en tu bolso claro -  encontraron de todo menos lo que andaban buscando, que no era otra cosa que un paquete de cigarrillos a medio acabar.

Jose (Nuberu)

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