Esperando el mañana

 

Se apagan las luces del día lentamente y se quedan a oscuras los pasillos del alma, miras al techo y mientras tu mirada vaga por las sombras enmarcadas y se perfilan las imágenes de una tele encendida con el sólo propósito de hacerte compañía, te preguntas que te sucederá de nuevo mañana y cual si de una película en blanco y negro se tratara, vas visionando las imágenes de tu pasado, de aquellos tiempos en que fuiste feliz algún día.

Se presentan en tu retina aquellos lugares que dejaron escrito en tus ojos un poema de sensaciones placenteras y  hermosas y piensas en el hombre que un día quisiste y otro día dejaste de querer, en aquel amor perfecto que acabó siendo imperfecto y que no puedo ser porque la vida no te dejó, en las personas que pasaron por tu vida y por tu cama y te preguntas porqué estás tan sola, sin llegar a saber que no eres la única en este mundo que se hace la misma pregunta.

Te investigas en busca de saber que hiciste mal, cuando en realidad no hiciste mal nada, simplemente los sucesos ocurrieron porque tenían que ocurrir  y de tal manera; y ahora, en el ecuador de tu vida y tu hacienda, contemplas las sombras chinescas de esa tu habitación, buscando respuestas que nadie te da, porque nadie las sabe y a buen seguro que más de uno y de una las buscó mucho antes que tú.

Ahogada por las dudas que te atormentan, expoliada por la vida que no elegiste, entristecida por la vorágine de los sucesos, agotada de tanto buscar respuestas donde no las hay y adormecida por el tormento de tu futuro que no te deja vivir en paz, te dejas envolver por el murmullo de una música que no suena y cierras los ojos a la espera de lo que sucederá sin saber que sucederá mañana y todo porque no crees en lo que cree la mayoría, porque no sientes lo que se espera de ti, porque no sueñas, porque los sueños se te agotaron en el alma.

Y así, día tras día, noche tras noche, esperando al mañana por si llega de improviso y no te pilla preparada, además sabiendo que seguramente no te gustará lo que te tiene asignado en la agenda del futuro; a veces – tú sabes, yo sé, que muy a menudo – lloras en silencio porque llorar te ayuda a dejar de llorar algún día y te secas las lágrimas con el paño de la ausencia y lo dejas en al rincón de las cosas que no te gustan que sucedan, aunque sigan sucediendo.

Segundo tras segundo pasan las horas de los días, hora tras hora transcurre el tiempo que no pasa y a buen seguro estarás pensando en abandonar las dudas en algún cajón para que las amarillee el tiempo, entretanto miras con desconfianza todo lo nuevo, porque es nuevo y todo lo antiguo lo abandonas en los estantes de tu indiferencia, para que adornen tu soledad.

Te empeñas en no soñar porque te produce pesadillas y te empeñas en no dormir para no poder soñar y es que los sueños te producen un vacío que nunca logras llenar con nada, por mucho que te propongan, por eso las madrugadas siempre te encuentran esperando el mañana, por eso las recibes siempre con las ojeras del pasado.

Todo te parece poco y la vida te parece demasiado y así no hay manera, ni hay quién duerma, ni hay quién sueñe, por mucho que se empeñe uno en no pensar porque duele; te desvaneces entre las sombras de tu alcoba, te esfuerzas en mirar la pantalla llena de imágenes sin sentido y te abandonas al placer del roce de tus sábanas, porque no hay una maldita mano que se pose en tu espalda y te acaricie el alma.

Si es que por esperar, ya no esperas nada, tan sólo ese mañana que a veces tarda en llegar con las sorpresas acostumbradas, con los desatinos cotidianos, con la amarguras de andar por casa y así no hay quién viva – te lo digo yo, que de no vivir se mucho y de vivir no se casi nada – y eso te enfurece aún más si cabe, porque no ves la salida que te permita respirar a pleno pulmón.

Lo que no sabes es que, el que más y el que menos, todos esperamos a ese mañana a ver que nos trae y tampoco sabes que nunca nos trae aquello que esperamos, que siempre nos sorprende con alguna faena que lo acaba de estropear todo y que el muy puñetero se ríe de nosotros con sus malditas gracias, que no tienen ninguna gracia, por cierto.

Ya sé que eso no consuela a nadie y menos a ti que no hay quién te consuele, pero es lo que hay y mientras no llegue un invento nuevo, a ello habrá que atenerse, mal que nos pese a todos los que como tú, esperamos ese incierto mañana que nunca llega a su hora, que nunca avisa de las buenas o de las malas nuevas y que se va por donde ha venido casi sin avisar.

Estará escrito en alguna parte – a saber donde, que eso nunca lo dicen -  que tendrás tu momento de felicidad reservado, con tu parcela de amor esperando a que la cultives y los aperos para conseguir una medianamente buena cosecha de sentimientos compartidos; a buen seguro que las sonrisas que te corresponden están en alguna parte esperando que recojas el premio y te lleves a casa los besos que alguien te tenía preparados con todo el cariño del mundo.

 Entretanto toca espera el mañana a ver que nos trae, poner buena cara por si se enfada,  e intentar dormir con algún que otro sueño escondido en un rincón de la almohada, por si nos hace falta.

Jose ( Nuberu )

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