La
encrucijada
Hay momentos en que uno se
encuentra ante la difícil disyuntiva de escoger entre algo y algo; como tú
ahora que te encuentras en la encrucijada de elegir entre dos hombres de los
cuales estás enamorada; peligrosa tarea para tu ego y para tus sueños, aunque
yo lo llamaría "tu futuro"
Uno es todo lo que en teoría
sueña una mujer - si mis datos estadísticos no me fallan, desde luego - o sea;
es guapo, con ese atractivo que da la madurez bien llevada y bien tratada,
inteligente, culto, con "don de gentes" una estupenda cuenta corriente
y que se desenvuelve en los círculos donde el éxito se mide en posesiones
terrenales y lugares exóticos de veraneo.
El otro es lo que podríamos
llamar su contrario; a pesar de estar en la misma etapa de madurez, en el fondo
sigue siendo un poco "chaveta" - yo, que lo conozco diría que mucho,
pero eso va en gustos y opiniones - alocado y divertido, pero sin un duro en el
bolsillo y con la cabeza llena de pájaros - tu lo llamas así, él lo llama sueños
- pero con una personalidad que cautiva por la sencilla razón de que es auténtico.
Ardua tarea te espera, con
el agravante de que en este tipo de encrucijadas, los consejos no cuentan,
porque lo que te juegas es tu felicidad y en eso, como en otras muchas cosas, la
que tiene que equivocarse eres tú, no vale que se equivoquen los demás por ti.
Con uno tendrías la
estabilidad económica y tal vez la estabilidad social - de lo que no estoy
seguro es de que tengas la emocional, porque este tipo de hombres renueva sus
amoríos en función de la edad y del glamour de la susodicha de turno - con el
otro solo tendrías una mirada y una sonrisa, pero a eso le acompañaría mucho
amor y mucha ternura y eso, hoy en día, no tiene precio, porque no se cotiza en
el mercado.
Una vez - ya no recuerdo
cuando - me dijiste que no volverías a enamorarte y me lo dijiste con unas
pupilas heridas por una vieja historia que te salió mal; ahora me encuentro con
que estas enamorada y según tú, de dos hombres nada menos. Siempre te gustaron
los retos y las situaciones difíciles, sobre todo en lo que respecta a los
hombres, menos a la hora de tomar decisiones, para eso siempre fuiste un poco
pusilánime.
Ahora piensas, aunque no lo
reconozcas, que es la hora de las decisiones; estás en una edad en la que los
horizontes se estrechan cada vez más, la edad en que una decisión te puede
costar el tren de tu vida, un momento en que te sientes mujer por encima de
todo, pero que no sabe dónde quiere ir, donde recalar; no con quién, sino cómo
y porqué.
Y
ahí estás, indecisa, frente a tu encrucijada, la que determinará lo que serás
y sentirás y vivirás a partir de ahora; difícil decisión diría yo, porque
los dos tienen algo que quieres y que ellos te pueden dar, lo jodido del asunto
es que ninguno de los dos te lo puede dar a la vez y ahí reside el intríngulis de la cuestión.
Lo malo es que tienes poco
tiempo para decidirte; el guaperas te ha puesto en el disparadero, al enterarse
por tu propia boca - en eso sigues siendo un poco ingenua -
de la existencia del "otro" Intentaste disfrazarlo como una
buena amistad que te servía de cobijo en los momentos difíciles, pero este
tipo de hombres no admiten semejantes "idilios fraternales" y se
mosqueó, porque para él, como para todos esos hombres de cartera abultada y
ego sobrevalorado, ellos son lo más importante y el resto del mundo no existe.
¡Que diferencia con el
alocado chaveta! Cuándo se enteró de que cenabas - y en alguna ocasión
compartías cama - con el "ilustre hombre de mundo" sólo te miró y
te dijo algo que aún llevas clavado en el corazón ¡Algún día tendrás que
elegir y no seré yo quien te pida que te quedes! Y a continuación te miró y
depositó en tus labios un beso, con esa dulzura que sólo él sabe
imprimir a sus besos.
Ahora es tu hora, la hora
de enfrentarte a esa encrucijada en que se ha convertido tu vida; en un lado de
la balanza tienes una casa de 400 metros cuadrados - piscina climatizada
incluida - dos coches, unas entradas para la ópera - siempre te aburrió
la ópera, lo sepas - y no sé cuantas cosas más. En el otro sólo hay un corazón,
una mirada, unos poemas abandonados en algún cajón y una especie de cuchitril
- como tú le llamas - revuelto de libros y cargado de historias con sabor a
nostalgia.
Yo sé que en el fondo de
tu interesado corazón, escogerías la casa de tus sueños, para vivirla en
compañía de "tu mirada" pero eso los dos sabemos que es del todo
punto imposible por dos razones; una porque el guaperas no os la regalaría - más
sabiendo que es para que la compartas con otro hombre y encima pobretón - la
otra porque "tu mirada" nunca viviría en un lugar así, yo creo que
le saldrían hasta sarpullidos.
Adivino vagamente cuál será
el camino que elijas - en eso no creo equivocarme - lo que no sé es cuanto
tiempo tardará en llegar la decepción y que precio, en dolor, te costará
volver a equivocarte de nuevo. Me pides, sin decírmelo, pero me lo pides, que
yo te diga algo al respecto, pero me callo aunque en mi interior me diga que yo
eligiría la mirada, porque tiene corazón, aunque cartera no tenga y un corazón
generoso y desprendido no se encuentra todos los días y menos en las cafeterías
de lujo.
Jose
(Nuberu)