La aventura de vivir

 

Alguna vez tendrás que pararte a pensar en todo lo que sucedió a partir de una fecha que tardarás en olvidar – yo creo que nunca la olvidarás – por muy lejana que te parezca, por muchas cosas que hayan sucedido desde entonces, por muchas risas pintadas de lágrimas que tengas en tu cuaderno de los recuerdos.

Y pensar que todo se debió a una frase, una escueta frase que al principio no significaba nada, pero que luego acabó significando tanto que es como si lo significara todo, luego un simple número te sumergió en unos brazos y una voz te acarició y empezó el principio de algo que seguramente tendrá un final – a saber si será feliz o no – que os embarcó en la aventura de vivir.

Dicen que nunca se vive dos veces, lo que no saben los sesudos estudiosos es que hay muchas formas de vivir y que en esa aventura puede pasar lo inesperado, eso que al principio nos da miedo – pánico diría yo – y que luego, una vez metido en el lío, nos importa tres pepinos con tal de seguir viviendo, sobre todo si lo que se vive es lo que siempre se quiso vivir y casi nunca se pudo.

Hubo, antes de esa aventura de vivir lo inesperado, otras vidas, vividas de otra forma, con otro estilo, con otros principios y con otras maneras de entender los sentimientos de la sinrazón, pero esas no cuentan – o sí, que todo es posible – pero la importante es la que está presente, la que nos ocupa ahora, la que vivimos, aunque nadie fuera capaz de adivinarla.

Es la pequeña historia de un suceso inesperado que acaba marcando el tiempo, que nos llena el rostro de esperanzas, de sonrisas pintadas en los labios, de lágrimas decorando los ojos – los tuyos y los otros – un suceso que nos llena las horas de incertidumbres, de preguntas sin contestar, de dudas después de los fracasos, que nos vuelve locos de atar sin que nos demos cuenta, a no ser que aquellos que nos conocen bien nos lo recuerden.

Muñecos de trapo en manos del destino, embarcados en la aventura de vivir, enfrascados en sueños de amores imposibles – los posibles no se sueñan – y sin ofrecer resistencia por si no vuelve a suceder, por si no se vuelve a vivir; porque vivir así dicen que no es vida – yo prefiero vivir así que no vivir de ninguna manera – pero vaya si lo es y si no que te lo pregunten a ti.

Debe de ser duro eso de llevar la misma idea, la misma imagen, en la cabeza a lo largo de todas las horas de todos los días, debe de ser hermoso a la vez, si esa idea, esa imagen, es la que coincide con la que albergamos en el corazón – ese que no distingue si es domingo – tiene que ser agotador explorar todas las posibilidades, esas posibilidades que no existen pero que se barruntan, y diseñar sentimientos sin apenas tener modelo que mirar, porque las miradas escasean.

Y todo por una frase dejada al descuido, por contestar a una pregunta sin importancia, a una tarde sin albedrío y sin perspectiva, una tarde de algún verano que ya pasó; una pregunta que os envolvió en esta aventura de vivir lo que nunca se vislumbró que se iba a vivir, pero que se está viviendo y que te arrastra hacia lo desconocido, aunque ya lo conocieras en labios de otros o en brazos de otros, en historias que ya pasaron, incluso en otra nocturna cama de algún nocturno lugar.

Pero si sois felices – bueno tú lo eres, ella no lo sé – que importa porqué, ni cuando sucedió, ni de que manera se produjo la casualidad, lo importante es que fue y ahora es, una hermosa aventura en la que incluso hay piratas escondidos, corazones dibujados en la espalda, anónimos personajes intentando cambiar los hilos de la trama, ángeles de mentira  y de verdad, sonrisas y muchas más cosas que no se pueden poner aquí, porque hay ciertas cosas que es mejor no escribir.

Igual que un cercano día voló una pájaro de grandes alas en un viaje de ida y vuelta, un ave sin pico y sin trinos, pero con grandes y hermosas alas que os depositó en el estanque de la mutua compañía, puede suceder que vuelva a volar en silencio – bueno esto del silencio es una licencia poética, que ruido mete de narices – para agrandar el estanque de la aventura de la vida y os permita estar juntos de nuevo.

Quién sabe, entretanto a seguir soñando que toca – verdad que toca? – y esperar que el azar, ese incomprendido por todos, devuelva la visita y se puedan reproducir tantas cosas, tantos momentos; así que déjate embrujar de nuevo por aquella pregunta que un día te hicieron, entrégate en brazos de ese aparato que te acerca mientras estás lejos y ten bien dispuestos los oídos del corazón, por si vuelve a sonar la música impía de aquella canción.

Nada es igual cuando cambian tantas cosas que apenas queda nada por cambiar, todo es distinto cuando uno contesta preguntas con las que no contaba, los paisajes se tornan otros paisajes – hasta los del alma – y las palabras brotan porque tiene que brotar, mientras los silencios te rodean de presagios.

Así empezó la aventura de este vivir, por una pregunta que alguien contestó, una llamada que no se esperaba porque nadie llamaba, un suspiro que se presintió cuando nadie creía que se podría presentir nada ya, una expresión que antes no se conocía  ¡¡Jo!! y el arrullo de una noche que se hizo eterna porque aquella eternidad si que era hermosa.

Ahora toca esperar mientras se camina, y toca pensar mientras se descansa y toca soñar mientras se tararea una canción; ahora tocan muchas cosas mientras la espera se hace más o menos larga, ahora toca vivir la aventura de la vida que queda, hasta que algo se apague o las luces de neón se tornen estrellas en algún corazón.

Entretanto se irán pintando poemas en las paredes,  se irán desgranando suspiros sin darle tregua a la respiración, se perderán besos en el vacío de la distancia y se verán miradas que nunca se vieron, porque estaban reservadas a esta aventura de vivir.

El caso es que nadie sabe cómo fue, ni de que manera fue, pero está ahí y nadie podrá cambiar lo que ahora está, tal vez se pueda cambiar lo que es presumible que venga, pero no ahora, no en este momento en que se recuerda el día en el que comenzó la aventura de vivir algo que nadie esperaba, pero que llegó y llegó sin avisar.

Reconócelo, no se vive mejor – tampoco peor – se vive de otra manera, porque el caso es vivir y si es hermoso mejor.

“Vidas que dejé cruzadas.....vienen encendiéndose...vidas que dejé cruzadas vienen persiguiéndome..............”

Jose ( Nuberu )

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