La bailarina ( Y gira todo en torno a la estancia..........mientras se danza........ Yo quiero verte danzar - Franco Batiatto)

 

Bailas al son de las danzas que un día tocaron y bailaron tus antepasados y los míos y produces en mi cuerpo un baile de sensaciones que nunca puedo describir.  Bailas danzas antiguas y paganas que transportan a los tiempos en los que amar era pecado pero era hermoso y fascinante.

Los pueblos siempre tuvieron danzas de cortejo, de fiesta, de desconsuelo, de ruegos a sus dioses y a sus hombres y mujeres; y tu tienes la danza del hechizo, esa que cautiva al contemplarte mientras contoneas tu almibarado cuerpo al son de esa música que llevas en el corazón porque te la transmitió el vientre que te acunó.

Entre los pliegues de tu cuerpo se desliza toda la sabiduría de aquellos y aquellas que te precedieron en el uso de la música acompasada al ritmo del cuerpo, para dejar tantas cosas en el aire, tantas emociones y sucesos, que serían su pan de cada día y que ahora son tu pan y tu sal, porque así te lo enseñaron.

Desde las danzas de los derviches girando sobre si mismos, hasta las alocadas y sensualmente eróticas danzas de los carnavales brasileños, desde las serias y a veces tediosas danzas de los bailarines tailandeses a las más emocionales de las mujeres árabes en su danza del vientre o los mágicos bailes de la Andalucía profunda y cargada de duende; todas y cada una de ellas, entrelazan en su movimiento parte de la vida del pueblo que las interpreta.

Y tu, la bailarina, la mujer que expresa con su cuerpo aquello que siente y que quiere hacer sentir, provocar, insinuar, nos haces a todos evocar paisajes envueltos en piel, en una piel que alguna vez amamos, o deseamos, o retuvimos en nuestras manos, o entre las comisuras de nuestros labios, haciéndonos sentir a la vez que palpitar.

Con la tenue luz que desprende tu cuerpo haces que nadie se fije en tus ojos, que a la vez, mientras nos susurras con tu delicada piel los estertores de nuestros deseos, tu diriges hacia el rostro que es el culto de tus íntimos secretos y emociones, hacia aquél que te arrebató el alma y al que quieres enamorar y seducir con tus cadenciosos movimientos.

Y así, mientras los ojos de los demás están fijos y ansiosos en tu delicado cuerpo, tu estás interpretando tu danza, tal y como te la enseñaron, con el sólo objeto de que la visione tu deseo, tu duende, tu dueño y añades a lo aprendido de tus antepasados, la cadencia de tus propios deseos y sentimientos para hacer, si cabe, más patente el amor que te consume y te quema.

Con la música perdida entre tus manos y tus brazos, acariciándote, que giran y estremecen el resto de tu figura, nos haces sentir aquello que tú quieres que sienta él, que también te mira con la desolación de saber que tu cuerpo lo desean otros hombres que no son él y con la desconfianza del enamorado al que le corroen los celos de la duda.

Sin embargo tú estás ajena a todo lo que no sea hacerle llegar tus sentimientos, tus ilusiones y también tu ardiente y explosiva sensualidad; mientras contoneas tus formas y tus pensamientos, la música te envuelve mientras nos envuelve a todos y en el último giro, cuando se adormecen los sonidos de la melodía y el cuerpo se acompasa a la dejadez del ritmo, tú preparas la última explosión de ansiedad y júbilo ante esos ojos que no se apartan ya de ti.

Y ante la última nota del discurso de tu cuerpo, segundos antes de que tu pies desnudos dejen de girar sobre la línea de tu figura, cuando el gemido de tu danza se adentra en tu garganta, antes de que tu cuerpo repose sobre la superficie que sustentó tu baile, dedicas tu última mirada a los ojos de tus anhelos y le provocas un último suspiro que se deja perder entre tus jadeos.

Entonces se hará el silencio y tus antepasados te acompañarán hasta el refugio de tu intimidad y tú mirarás atrás mirándole a él, mientras él te mira y te dice que te quiere y que desea tu cuerpo como antes deseo tu danzar y tu le dirás que sí con la mirada y vuestros los destinos de vuestros ojos, se fundirán en un baile que nunca acabará, mientras la fuerza de vuestro amor y de vuestro deseo habiten en vosotros.

Y se apagarán las luces mientras las almas que te precedieron y te enseñaron recogen los aplausos y los enseres que te acompañaron en tu danza y tu te perderás en unos brazos que te harán bailar el sensual baile del oscuro y clandestino amor que te embarga.

Entonces tu cuerpo y el suyo girarán al unísono fundiéndose en uno sólo; y tus antepasados y los suyos sonreirán satisfechos al saber que sus enseñanzas, ayudaron a propagar una vez más, el pecado del amor prohibido.

Jose (Nuberu)

1