La balsa que te guía
Entre la orilla del amor y la orilla del olvido hay todo un caudal de sentimientos, afectos y acontecimientos que son lo que, a veces, nos desbordan, dejándonos malparados por los sucesos que provocan tales riadas. Pareces un naufrago en medio del caudal de tu vida, aferrada a tu balsa, construida a base de muchos fracasos y alguna que otra alegría; siempre indecisa por no saber a que lado del río de la vida debes dirigir tu trémula existencia.
En la orilla del amor te esperan los imprevistos, algunas lágrimas acompañadas de alguna sonrisa que otra, algún amargo trago y tal vez la repetición de lo que no quieres que vuelva a repetirse; en la orilla del olvido te espera la amargura de la soledad, el retiro del espíritu que se aleja de todo y de todos, el poso del dolor a solas – tal acompañada de una taza de café, pero a solas – el vértigo de los perdedores, las lágrimas de los débiles de corazón.
Y no te decides, porque las indecisiones marcan tu vida desde que eras una adolescente con una vida de sonrisa amplia y pasiones frenéticas, inteligente, pero indecisa; es esa indecisión la que te ata a tu tabla de naufrago de mil envites aciagos y te amordaza el corazón, que de tanto latir te dará algún disgusto un día de estos.
El río de la vida te empuja hacia el horizonte y tú remas contra corriente, atada a tus miedos pasados y futuros, con la mirada alerta y el salvavidas a punto, por lo que pudiera pasar; lo malo es que en medio de la corriente es donde más peligro se corre, donde más peligra la integridad de los sentimientos y donde todo pasa sin dejar arraigo ninguno.
En una orilla una mano tendida te invita al reposo, te llama mientras te aguarda con una caricia que temple tu ánimo, te quiere porque te ama, te ofrece cobijo porque desea tu mirada tranquila; entretanto en la otra, el vacío del olvido grita tu nombre – porque lo sabe todo – invitándote a abandonarte en el inhóspito paraje de la soledad.
Y el río corre sin detenerse, mientras tu figura, frágil y perdida, se aferra a esa balsa construida a base de dolores propios y ajenos, a base de sombras en los ojos; tus únicos víveres son un amor que llena tu vida y te protege de toda tentación, un amor fruto de tu vientre y parido con mucho dolor, eso y los pasajes que alguna vez te ayudaron a ser feliz.
Antaño eran otros los que manejaban el timón y lo que se tornó en esa frágil balsa, antaño era un barco de amplia eslora y mejor interior; pero la vida te dejó en medio de las aguas turbulentas y tuviste que aferrarte a los remos de tu indecisión, sin libro de bitácora, sin norte, ni brújula que te guiara y te lanzaste a esa corriente que no sabes donde te lleva, pero te lleva.
Eres valiente y audaz - indecisa también – y no te amedrentaste ante el reto, más si tenemos en cuenta que nadie te advirtió de los peligros que encierran los meandros del río, esos que ocultan mil peligrosos imprevistos con sus correspondientes sinsabores, nadie te enseñó, aprendiste sola a defenderte de tanta orgullosa maldad y eso te hizo fuerte, independiente, un poco arrogante también y atrevidamente egoísta, pero al fin y al cabo sobrevives y brillas con luz propia, son depender de ningún faro que te diga donde ir, donde recalar.
Lo malo es que hay que ir a alguna parte – siempre hay que ir a alguna parte – hay que atracar en algún embarcadero y descansar, reponer fuerzas para seguir, porque las necesitas para ti y para ella; además la corriente, que tiene un comienzo, también tiene un final y es mejor no llegar a él con las fuerzas justas y más sola que la una.
No te vendría mal un pequeño descanso, un beso que te dé calor, una caricia que te empuje a seguir, un abrazo que te llene las carnes y el espíritu de sensaciones placenteras, un generoso almuerzo de cariño que llene tus ojos de sonrisas y tus labios de nuevos suspiros que sustituyan a los viejos, una canción que te regale los oídos con viejas y nuevas vivencias que te acompañen en el largo viaje y una piel que abrigue la tuya, cuando el frío de la noche aprieta.
Pero esa balsa que te guía es tuya, como tuyos son los remos que la mueven y las indecisiones que la hacen avanzar y retroceder, tuyos son los miedos y los temores, tuya es tu vida y tuyo es el destino que tienes asignado; si aciertas acertarás tú, si te equivocas tuyas serán esas equivocaciones; esa es tu ventaja, que eres dueña de tu vida y tuya será la decisión última que te lleve a una u otra orilla.
Sea como fuere estoy seguro que acertarás en el tino, estoy seguro que encontrarás las respuestas y que tu brazo guiará el timón con el rumbo adecuado, sea como fuere, estoy seguro que al final del trayecto te aguardará una sonrisa que ilumine tu corazón y te llene de dicha; sea como fuere, al final, tu balsa resistirá los envites del tiempo y las desdichas, porque está construida con la sólida convicción de todo lo que aprendiste; porque pusiste mucho amor en ella el día que decidiste ser dueña del destino que te aguarde.
En algún lugar encontrarás un pequeño embarcadero, en algún hermoso lugar de este ancho mundo, en algún paraje recóndito, encontrarás el rincón que tantas veces soñaste encontrar y si la suerte y el tiempo me acompañan, yo estaré allí para darte la bienvenida con unas flores y una pequeña cesta de frutas y un beso en mi corazón; si hay suerte y ninguna tormenta desvía tu curso. podré disfrutar del regalo de tu sonrisa antes de partir yo.
Jose ( Nuberu )