La bruma de tus recuerdos
Entre la bruma de tus recuerdos aparece, durante un leve instante, aquél tiempo en que fuiste feliz – que no sé cuál, ni cuando – aunque bien es cierto que pronto se desvanece de nuevo y el clamor de la vida te devuelve a la realidad, pero esos recordados segundos, hacen que en tus labios florezca algo parecido a una de tus sonrisas y eso te ayuda a seguir con la pelea cotidiana.
Yo me pregunto cuándo fue aquél tiempo, qué o quién o quienes, consiguieron el milagro de que tu espíritu anduviera revoloteando y tus “mariposas” se pusieran a bailar y me entra una sana envidia, al pensar que algo o alguien, te hizo feliz sin más.
A veces, cuando callas, dices mucho más de lo que crees o te parece, a veces, entre el borbotón de tus palabras hay una escondida caricia que se queda en suspenso, porque no quieres que tenga dueño, a veces, cuando duermes sin dormir, algún sueño se cruza en tu camino que no quieres reconocer por temor a que se quede y se haga realidad.
Hubo un tiempo, no sé si lejano o cercano, que tu alma estaba en calma y tu felicidad era tuya y de nadie más, hubo una época – estoy seguro – en que las preocupaciones eran amar más, pero no dejar de hacerlo, hubo una época en algún lugar de tu escondida vida, en que la primavera no hacía vigilia en tus ojos y la sombra de una lágrima era eso, un ligera sombra.
Créeme si te digo que mientras mis ojos te miran a hurtadillas – no tengo otra forma de poder mirarte - que me gustaría, mejor dicho, que desearía con todo mi corazón, que tus labios volvieran a sonreír, a besar, a desear esa caricia que no se parece a ninguna otra, aunque esa sonrisa no me sea dedicada.
Algunas veces, no muchas, algún que otro deseo mío se ve cumplido, bien es verdad que son pequeñas cosas cotidianas y sin mucha importancia, vagos quereres de cositas que uno desea ver cumplidas, pero ahora, en este invierno que precede a alguna primavera por caer, todos mis deseos se resumen en uno, ver esa sonrisa en tu rostro.
Porqué, te preguntarás tú; por varias razones, porque me permitiría saber como fue tu felicidad antaño, porque me dejaría constancia de que tus lágrimas fueron secadas con amor en tus mejillas y porque estás muy hermosa cuando sonríes ¿Te parecen pocas razones?
Puede que alguien me llame cursi si es que llega a leer estas líneas – tu me llamarías romántico, lo sé – pero me da igual, al fin y al cabo uno es como es, es decir, como lo parió su madre y su vida – que todos tenemos una vida por ahí perdida – yo me limito a decir lo que piensa mi corazón, que no es mío, pero tampoco sé si es de nadie, porque nadie me lo dice; él habla por mi, aunque a veces hable demasiado.
Todo se resume en algo tan simple como es querer, pero no para que te quieran, si no querer sin más pretensiones; ya sé que me dirás – todo el mundo me lo dice, así que a lo mejor estoy equivocado – que no debe de ser así, que no se puede querer así, que no se debería querer de esa manera, pero uno adquiere vicios que de mayor ya son difíciles de erradicar – y sé que soy mayor, no hace falta que me lo recuerdes – así que uno se llega a acostumbrar a caminar por ahí con sus vicios a cuestas y sin pedir perdón por ello.
Algún día me gustaría estar entre la bruma de esos recuerdos tuyos, aunque a decir verdad lo que me gustaría en realidad, es estar en otra parte de tu vida que no se parezca a ninguna bruma, al contrario, me gustaría formar parte de esa sonrisa que mi corazón me dice que es cautivadora; algún día, ojalá reciba la noticia de que en tu corazón brotó una flor sin espinas y que tus manos encontraron esa caricia que perdiste en algún lugar.
Ese día llegará, estoy seguro, entre el leve soplo de alguna brisa perdida, entre el olor de algún jazmín dejado en mi vida por el azar, entre el colorido de alguna turquesa depositada en algún lugar, me llegará el rumor de que has vuelto a sonreír como antaño sonreías y de que has vuelto a amar como en algún tiempo amaste y que volverás a ser amada como en algún momento de tu vida soñaste que te amaran a ti.
Será entonces la hora de recoger mis bártulos, esconder algún que otro poema desperdigado por ahí, calzarme las botas del caminar sin rumbo, adornar mi pelo con la cinta de tu recuerdo y dirigirme hacia donde tengo que dirigirme sin pensar en retornar lo andado; tal vez parezcan palabras de desánimo, pero yo sé que no es así, porque no quiero que así sea.
Al contrario, espero llevarme en el zurrón de mis sueños la vaga imagen de tus labios sonriéndole a tu corazón, de tus manos acariciando unas mariposas escondidas en tu vientre, y si puedo y te descuidas, una te robaré para llevarla en la solapa de mi camisa de viajar hacia ninguna parte y ella me musitará al oído, en alguna de mis solitarias noches, una canción que me diga que eres feliz.
Si tengo suerte – que no lo creo, nunca me toca la primitiva – llegaré a algún paisaje frente a alguna escondida playa, mientras mi vista acaricia las olas que queden en la mar, te dedicaré una sonrisa y un beso que te lleve el viento y depositaré un poema en alguna caracola, que algún día llegue hasta donde tú estás.
Jose (Nuberu)