La cena
Ese día fue uno de esos días en los que todo puede pasar; la cena no fue copiosa; la ensalada estaba en su punto. el vino invitaba a misterios sin resolver y el orujo de miel decía, con su grado de alcohol, que la vida es bella siempre que uno quiera que lo sea, porque así lo sueña.
Tú le mirabas sabiendo que no era el amor de tu vida - el amor de tu vida seguramente estaba en otra parte – él te miraba sabiendo que eras el amor de su vida, pero que no había vida en ese amor; una pareja extraña la vuestra, una pareja que se necesitaba sin necesitarse, un conjunto de dos que hacíais una especie de multitud, un sentimiento detrás de otro, pero sin llegar a juntarse del todo.
Al final serían días felices sin serlo, jornadas entrañables en las que las manos y los labios se juntaban, se sentían, se necesitaban, pero con el adiós a punto de saltar, y todo porque ninguno de los dos os atrevías a decir lo que realmente querías deciros, por temor a estropearlo todo y había mucho que estropear.
Los silencios inmensos, las miradas hacia el infinito, ese que todo el mundo mira sin saber donde está, eran lánguidas estrofas de todo lo que querías deciros, las caricias se prodigaban pero con prudencia, como si fueran una atadura hacia el futuro – con el pasado de cada uno pesando en el estómago - y con esas frases entrecortadas que quieeren resumir las emociones que no se pueden resumir.
Una cena extraña la vuestra, con un vino que invitaba a decir lo que no queríais decir ninguno de los dos, con una mesa puesta para dos, en la que parecía que uno sobraba porque faltaba alguien, con unas velas ausentes, pero un gran ramo de hermosas flores presidiendo el encuentro y con miles de sensaciones sueltas, traviesas y tiernas, que provocaban mil equívocos y mil sugerencias.
Parecía hermoso el momento , parecía bello el lugar sin que nadie lo notara por la ausencia de lo que en realidad se sentía en aquél momento, parecía mágico el sentir que nadie parecía presentir y los ojos se buscaban y las manos se acariciaban y los labios parecían susurrar palabras de amor nunca dichas, porque nadie se atrevía de decir lo que sentía en realidad.
Y la noche envolviéndolo todo, como un extraño invitado de piedra, como el preámbulo de todo lo que podría suceder – aún sabiendo que casi nada podría suceder – y tus ojos fijos en el infinito de los suyos, como llamando la ausencia que nadie deseaba, pero que parecía presente en todo aquello que sucedía a vuestro alrededor; atípica cena, porque no se parecía a ninguna cena, ni a esa que se celebra para festejar un deseado encuentro; porque no se parecía a esa cena que preside una dolorosa despedida, pero que parecía despedir un cálido momento que ninguno de los dos se quería perder.
Después, con la última copa en la mano, se rompió la desconfianza, los recelos, todos lo sinsabores se rompieron y comenzaron las confidencias, los te quiero apagados por la desconfianza, los deseos reprimidos pero no expresados, las palabras que nadie quería decir, pero que había que decir y se abrieron las heridas que todavía no habían cicatrizado, las compuertas del infinito de la piel, los abismos del desconocido destino que os aguardaba.
Nadie sabrá si fueron días felices los que precedieron a esa cena que no fue cena, nadie sabrá que después de la dicha de las sábanas arrugadas habría una desdicha, nadie podría predecir el futuro de todo lo que supuestamente habría que sentir después de haber sentido tantas cosas con tan pocas palabras, nadie – ninguno de los, dos menos que nadie – sabría predecir lo que sucedería a partir del último brindis.
Sin embargo había mucho amor en cada silencio, mucho cariño en cada caricia que se deslizaba en el aire que había entre los dos, nadie sabrá nunca, que lo que no se dijo se sentía y lo que se sentía nunca se dijo – como si fuera pecado capital – nadie sabrá nunca cuanto se quiso en esa lánguida cena de pocas viandas, pocas palabras, pero muchos sentimientos a flor de piel.
Y había otros invitados en esa cena, invisibles convidados de piedra, que con sus murmullos lo confundían todo, porque todo lo querían confundir, esos invitados que nadie ve, pero que todo el mundo presiente, esas voces que dicen que hagas lo que tienes pensado hacer, pero luego no haces por si te pesa, esos convidados que no están en la cena, pero es como si lo estuvieran y presidiéndolo todo además.
Luego, pasado el tiempo de los brindis y las miradas reflejadas, después de los suspiros entrecortados, después de los abrazos en la oscuridad de tu alcoba o la suya, después de todos los apasionados silencios – esos que preceden a todas las tempestades - alguien se atrevería a pronunciar un ¡te quiero! que cerraría una jornada plagada de cosas nunca dichas pero sentidas, de palabras que no se dejan pronunciar, por si hacen daño, y los últimos besos antes de que claree el alba.
Que pasará después el algo que los dos os preguntáis – aunque uno tenga mas clara la respuesta que el otro, es posible – pero esas cosas no se preguntan en la oscuridad de unas sábanas apartadas con cuidado para refrescar la piel recién cargada de deseo, esas cosas no se las pregunta uno después de haber saboreado los labios con los que se había soñado, después de conocer y saborear el roce de la piel que tanto había pensado y tanto había soñado.
Sea lo que sea lo que los dos habéis soñado vivir, sea lo que sea lo que los dos habéis soñado sentir, sea lo que sea lo que los dos habéis soñado querer o amar, lo cierto es que quedará esa cena a medio acabar, esa botella de vino a medio vaciar, ese beso que se quedó a medio dar, ese te quiero que se quedó a medio decir.
Y como colofón y en nombre de todas las lágrimas que aún os quedan por verter, quedará esa lágrima a un lado de tu rostro y al otro lado del suyo, que os recuerden algo tan sencillo y a la vez tan complicado, a saber, que cuando alguien quiere algo – aunque sea una quimera imposible - debe ir en su busca y enfrentarse al reto de encontrarla, que cuando alguien ama lo hace por encima de todas las cosas posibles e imposibles, que cuando alguien necesita algo, debe pedirlo con la valentía de los cobardes de corazón.
Seguro que alguien os dirá algún día que dejarse querer es fácil y legítimo, que dejarse querer es algo casi tan gratificante como dejarse llevar por los impulsos; yo os diría que lo auténticamente difícil es querer dejándose llevar por el simple deseo de hacerlo – aún sabiendo que eso es algo menos que imposible – y que lo verdaderamente hermoso es querer sin razón y sin destino, porque la generosidad es la mejor y mas hermosa forma de amar.
Quien no es generoso no sabe amar – por muy perfecto que sea - quién no sabe amar no sabe vivir y quién no sabe vivir no merece amar ni ser amado, por mucho que le amen; así que apurad el último trago de vino de la última cena, miraros a los ojos y deciros todo lo que os tengáis que decir, antes que las palabras dejen de decir nada, antes de que los ojos dejen de llorar porque no queda nada que llorar, antes de que los labios dejen de sonreír, porque no hay sonrisas en vuestros corazones.
Siempre quedará el sabor de la última gota de vino en la garganta, el sabor del último te quiero que no se dijo, la sinrazón del último suspiro que quedó abandonado en la noche, siempre quedará el último reflejo de aquella mirada que te regalaron, siempre quedará el último consejo del último amigo, antes de partir hacia la nada.
Tan sólo queda por decir que alguien te amó esa noche, sin que llegaras a amarle, que alguien te dejó todo lo que fue y pudo ser, al lado de aquella copa de vino, que alguien pensará en ti cuando tú no pienses en nada, que alguien te espera donde nadie te esperará jamás, mientras canta una canción ........” no se porqué te quiero........será que tengo alma de bolero, tú siempre buscas lo que no tengo.....Querer como te quiero......no va a caber en ningún bolero.....” es algo que quedará con el sabor de aquella cena que algún día tuvo lugar entre los dos.
Habrá otras primaveras que precedan a otros veranos, pero no habrá una cena igual a la que una noche de algún día, dejó entre los dos un amargo regusto a vino y besos a medio dar.
Jose (Nuberu)