La memoria de mis sueños
Has reducido a la última expresión la memoria de mis sueños y ahora estoy perdido en un mar de dudas, entre encuentros y desencuentros, entre un marasmo de preguntas y divagaciones, entre mi vida pasada y la vida que no sé si me esperará.
En la memoria tenía alguna esperanza, unas pocas ilusiones, una pizca de melancolía y mucho, mucho amor acumulado a lo largo de mis pocos años – la vida es corta, viva lo que se viva – y ahora divago entre la certeza de haber vivido alguna vez mis sueños y la incertidumbre de no saber donde dejaría mi memoria, la memoria de mis sueños.
Tu llegaste, te instalaste y ahora no sé quién soy, donde estoy y lo que es peor, a dónde diablos voy, sin memoria, sin sueños a los que recurrir cuando la tristeza se empeña en visitarme y sin rumbo en las velas de mi corazón, porque también te quedaste con el timón de esta destartalada nave mía.
Entretanto tú estás confortablemente instalada, sentada en mi sillón favorito, mirándome con desgana y un pequeño rictus de burla en la comisura de tus labios. Y te miro atónito, mientras me digo a mi mismo que estas cosas no pueden estar sucediéndome a mi, que voy por la vida sin cinturón de seguridad que me proteja de tanto accidente emocional.
Nunca me importó entregar lo que soy a cambio de nada, pero con los años aprendí que algunas cosas – por ejemplo el corazón – hay que pensar un rato largo donde le deja uno, a quién entregárselo, que hay mucho atracador suelto por ahí y si te pillan descuidado te dejan el alma en pelota picada.
Sin embargo contigo, me pillaron las alarmas desactivadas y mis ojos mirando al vacío y con tu proverbial inteligencia decidiste quedarte – no sé por cuanto tiempo, nunca me dices nada – y cómodamente ocupaste, sin gran esfuerzo es verdad, todo lo que soy y lo que fui, me dejaste sin memoria a la que recurrir para arreglar tamaño desaguisado en mis emociones.
Y ahora que hago? Donde me dirijo para reclamar mi sitio? Todo lo que soy – bien poco por cierto – lo soy porque tenía una memoria y era portador de unos sueños, mejores o peores, pero sueños al fin y al cabo; ahora solo poseo un rostro que me mira de reojo y con desconfianza y una voz lejana, que lo mismo me regala una caricia que me recrimina por querer, por sentir, por hablar de mis sentimientos, por mirarla con mi mirada.
Eso me desconcierta y me llena de zozobra y preocupación – alguna lágrima que otra me está costando también – porque no sé si quedarme o salir corriendo en busca de mis perdidas emociones, esas con las que tan cómodo me encontraba y tan tranquilo me sentía; esas emociones perdidas, que me dejaban respirar de vez en cuando.
Donde me escondiste la memoria de mis sueños? A que lugar me tengo que dirigir para recuperar ese trozo de mi vida? Porqué me arrebatas lo poco que tengo, si a ti no te sirve de nada, o al menos no quieres que te sirva? Muchas preguntas te dirás, pero es que siempre me dejas la impresión de que me buscas cuando nadie te busca y te alejas cuando yo me acerco.
Espero que al menos la experiencia me sirva para aprender un poco más sobre lo que uno quiere querer y lo que a uno le dejan querer, sobre las miradas que se regalan sin pedir nada a cambio y los ojos que nunca te mirarán como tu estás deseando que te miren; aprender algo más sobre la sinrazón del amor y del desamor, de la entrega y la renuncia, de la vida que nos rodea en suma.
Puede parecer fatuo y superficial mi alegato, pero para alguien como yo, que da lo poco que lleva en sus alforjas, tener memoria de sus emociones es importante - yo diría que imprescindible – porque es lo que le hace levantarse todos los días con sus correspondientes mañanas y sin esa memoria se hace difícil el empezar a caminar sin dirección y sin rumbo.
Me has arrebatado las emociones de mis sueños – en realidad y para que quede entre tú y yo, me las he dejado arrebatar – y ahora no tengo sueños a los que acudir cuando me encuentro solo, o perdido, o cansado de caminar sin saber donde me llevan los pasos que voy dando.
De todas formas puedes quedarte con esas emociones mías, supongo que tampoco valdrán tanto en el mercado de las ilusiones perdidas, de los sueños rotos, de las emociones desaprovechadas; al menos espero que consigas un buen precio por ellas y por los pocos sueños míos susceptibles de vender y te sirva, ese capital, para encontrar la felicidad que tanto te han negado por ahí.
Eso si, te pediría que nos las vendas a cualquier postor y que el que puje por ellas y por tus ojos, se haga merecedor de lo que valen las emociones que me has arrebatado y sea buen guardián de ese amor tuyo que tanto te cuesta entregar porque un día te lo dejaron para el arrastre.
A mi me queda poco tiempo para recomponer nada, para empezar a reconstruir sueños y emociones dispersas, para empezar a recordar como se mira a los ojos de lo que quieres, para volver a querer como supongo que alguna vez quise, así que recogeré las pocas migajas que dejaste dispersas por ahí y me haré la ilusión de que podré a volver a vivir, después de haber vivido.
Jose (Nuberu)