Las mil dudas

 

Se avecina la noche y con ella se apagarán las últimas luces y llegarán, con su ausencia, los fantasmas que logras desterrar cuando el día te regala su luz y su calor, es hora de colgar ese artilugio que te mantiene cerca de tus queridas ausencias y oír el silencio a tu alrededor, rodeándote como si quisiera abrazarte, cuando en realidad estas deseando el abrazo de otras manos que echas de menos.

Es entonces cuando te asaltan las mil dudas, los mil temores, esos que logras arrinconar durante el trajín del ir y venir por la ciudad, es ese momento maldito en el que los recuerdos se acumulan, las añoranzas se hacen fuertes en el corazón y los sueños parece que se hagan realidad – al menos durante los breves momentos en que te pones a soñar despierta – es cuando por fin consigues sonreír levemente antes de que los párpados se cierren, aunque la mayor parte de los días les cueste cerrarse, es el antes de que vengan los que no quieres ver, los retazos de esa vida que te obligaron a llevar.

Tal vez te acurruques entre tus recuerdos, dejes tu mano reposar sobre el peluche que te regalaron una vez y con un cigarrillo entre los dedos, contemples el humo que intenta decirte algo; lo que no sé es si en tus labios latirá un susurro, una llamada de ausencia, un deseo de que aquél o este otro sueño se materialicen y te hagan compañía.

Sea como fuera el trabajo de cerrar los ojos y abandonarse en brazos del dios del sueño te agota e incluso deseas que amanezca sin ni siquiera haber anochecido del todo. Morfeo no acude a visitarte y tus sentidos siguen alerta por si se presenta el abanderado de las dudas, el portavoz de los secretos que quieres desterrar de tu vida; tu cuerpo se relaja, pero tu cabeza no te deja pensar en aquello que quieres pensar.

Es la maldita hora de las mil dudas, esas que se cocinan entre los fogones de las desconfianzas fruto de las decepciones, esas dudas que son hijas de tantas cosas pasadas, de tantos miedos por venir, esas que atenazan cualquier rescoldo de sentimiento porque los sentimientos te duelen, como te duelen las dudas; pero tus ojos delatan un resquicio de esperanza, se alegran con un recuerdo que te hizo feliz, te dicen -  a mi me lo  dicen – que detrás de cada lágrima hay un corazón latiendo a mil por hora.

Le pides a la noche que te deje dormir, al menos unas horas, esas que te permiten no tener pesadillas, las que le regalan al cuerpo el descanso que el alma no tiene y lo intentas una vez más, tal vez agarrada a ese osito de peluche que no sustituye a nadie pero que a veces sustituye muchas cosas, muchas caricias que no te dieron, muchas miradas que nadie te regaló, muchos besos que quisiste robar pero la vida no te dejó.

Estoy seguro que te envolverás entre el rebozo de tus sábanas, agarrando con fuerza uno de los extremos de esa ropa que te cubre y te salva de los visitantes inoportunos de la noche y al calor de un cuerpo – tu hermoso cuerpo – dejarás que la melancolía invada tus ojos y que la caricia de la cama te permita sentir, al menos, un amago de ternura en los poros de tu piel.

No hay nada que añores tanto como aquello que nunca te dieron, no hay nada que desees tanto como aquello que siempre te negaron, de ahí las mil dudas a tu alrededor, esas molestas vecinas que se te presentan cuando menos deseas que se presenten, esas malditas dudas que no te dejan ser feliz, al menos en la forma que tú quieres serlo y encima sabiendo que solamente está en tu mano mandarlas al destierro del olvido.

Tal vez algún día una mirada que te acaricie las obligue a irse de tu vida, tal vez esos labios que siempre quisiste que se posaran en los tuyos, despejen el camino hacia tu dicha, es posible que alguna voz que te diga las palabras que tus oídos no estaban acostumbrados a escuchar – ese te quiero que sale del corazón – te liberen de tus mil dudas y de tantos quebrantos, pero hasta entonces vivirás con ellas y ellas vivirán contigo.

Seguro que en algún lugar de tu corazón queda una sonrisa que te gusta dedicar a quién no te ve pero te presiente, así con la complicidad que te da la noche y su oscuridad, le dedicas una mirada complaciente antes de abandonarte en brazos de tus mil dudas y algún reproche a la vida, te diría que me gustaría ver como tu mano se detiene en tus labios para dejar en el viento un beso perdido que a buen seguro tendrá destinatario.

Te miro, a la vez que te veo, envuelta en las sábanas de tus noches solitarias, acurrucada contra tu propio pecho, a falta de otro pecho que te acaricie, con los ojos fijos en alguna de las nadas que suelen salir a pasear aprovechando la noche y con el corazón latiendo sin saber por quién; te miro y me apetece acercarme para decirte eso que quiero decirte y no me atrevo, te veo y se me van las manos para regalarte esa caricia que te permita dormir, te veo hermosamente desnuda de todo el ropaje de las apariencias y pienso en lo bello que es quererte.

Pero me contengo ante las mil dudas que son tus dueñas, esas que no me permiten acercarme a tus momentos, se contiene mi aliento nocturno, se contienen mis manos atadas por tantas cosas, pero no puedo contener lo que me dicta el corazón.

“Se van las últimas luces y acaba la función………se van y tu estás ausente…….se van pero a pesar de todo …siento que te extraño……”

Jose ( Nuberu)

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