Mi cartera de los descuidos

 

Llevo en la cartera de los descuidos un poema que alguna vez se me olvidó escribir – yo creo que me estoy volviendo olvidadizo – alguna ilusión llevo en la susodicha cartera que no acabó de cuajar en un sueño, un beso que alguna vez me hubiera gustado robar y unos ojos que nunca vi.

De lo que sí puedes estar segura es que está llena de palabras que nunca dije, de besos que no me dejaron dar, de caricias que intenté por todos los medios dejar sobre alguna piel; está llena de recuerdos guardados en mi mirada, de retazos de todas las frases que nunca me dejaron acabar, porque encerraban palabras que no querían oír.

Como podrás comprobar soy un auténtico desastre para guardar cosas que nunca tuve, un descuidado, aficionado a escribir sobre sucesos que nunca llegarán a ser realidades, un pintor de brocha gorda de cuadros que no existen, un ladrón de besos que no me dan y un acopiador de ilusiones que se desvanecen apenas nacen.

Me dirás que me encuentras especialmente pesimista, pero es que a veces creo que soy el inventor del pesimismo, que soy el que pare los misterios que no son misterios, el guardián de las cosas que nunca sucederán, o sea un don nadie de tres al cuarto que no para de inventarse palabras para ocultar que no tiene ideas que vender, sueños que poner en el escaparate, amores que nunca llegan porque soy incapaz de encontrar la ventanilla donde se venden tales cosas.

Si algún día en un descuido te haces con mi cartera de los descuidos comprobarás que soy excesivamente descuidado con todos los descuidos que me acontecen, como si la mala suerte me persiguiera sólo porque le caigo mal, podrás saber – si alguna vez consigues esa rara cartera -  que no soy lo que parece que soy, que no me parezco al que todos parecen conocer, que soy una ilusión más metida en el oscuro rincón de esa cartera que me persigue con tesón.

Y te preguntarás que coño hago aquí descubriendo todas mis debilidades y te lo aclararé; verás mi psicólogo particular, si ese que se presenta por las noches y lo primero que te pregunta es porque estás tan solo y te dice que no es bueno prolongar tal aventura durante mucho tiempo y bla, bla, bla…. fue el que me recomendó comprarme una cartera donde guardar todos mis descuidos y yo tonto de mi, voy y le hago caso.

Lo malo es que una vez en mi poder el mencionado artilugio caí en la cuenta que tenía tantas cosas descuidadas que guardar que a poco que me descuide tengo que comprarme otra y es que nunca pensé que pudiera acumular tantas experiencias no vividas, tantos deseos sin cumplir, tantas emociones sin compartir, tantos besos que no dar, tantas caricias sin recibir, tantas miradas desperdiciadas por falta de interés de la interesada, en el capítulo sin escribir de mi vida.

Ahora y gracias al fatídico consejo, voy con ella a todas partes y a la primera de cambio ya tengo algún descuido nuevo en mi colección, un día de estos tendré que hacer sitio, así que igual vacío mi cartera de los descuidos y me deshago de los más antiguos – que por otra parte se parecen a los más nuevos y es que nunca cambio – pero me temo que en cuanto me descuide un poquito la volveré a tener llena de nuevo.

La verdad es que le estoy cogiendo cariño, va conmigo a todas partes y acabará sabiendo de mi vida más que yo mismo; de vez en cuando me recuerda que soy un descuidado con mis cosas, con mis emociones, con mis sueños baratos – los caros no me los puedo permitir – y que debería pararme en algún banco y pensar seriamente en cambiar de vida, no sea que en un descuido me llegue el turno de largarme de aquí y me tenga que ir con los bolsillos vacíos y la cartera de los descuidos a rebosar.

Alguna que otra vez ella y yo – la cartera no te vayas a pensar otra cosa -  repasamos su contenido y encontramos algún descuidado retazo de mi vida en que fuimos felices, algún momento en que alguien nos miró con interés, algún rincón con nostalgias imborrables, alguna mirada que alguien nos dedicó con una pizca de amor, algún beso que nos dejaron dar como al descuido – como aquél que nos dimos aquella vez, en algún remoto lugar - y te juro que por un momento volvemos a sonreír mi cartera de los descuidos y yo.

Tengo un poco de miedo, porque nos estamos haciendo inseparables, vamos juntos a todas partes y la verdad, a veces llega a ser un agobio eso de que te recuerden que eres un descuidado total con las cosas de tu vida; sobre todo con aquellas que hacen referencia a los aspectos más entrañables de tus emociones, de tus sueños – las pesadillas van aparte – de tus deseos sin cumplir.

Estos días me da por pensar que será de ella cuando no esté conmigo – supongo que nadie estará interesado en algo semejante – que hará sin un descuidado como yo, que todos los días le añadía algún descuido a su colección, me pregunto si no se aburrirá sin la compañía de un alimentador de sueños, de un inventor de emociones sin realizar, de un impenitente viajante de las nubes.

He pensado en acostumbrarla a la idea poco  a poco, pero dada mi tradicional suerte para los asuntos mundanos, me temo que esa idea es un poco descabellada, así que mejor dejar que se haga mayor por si misma, cuando yo no esté y aprenda a buscarse otro coleccionista de descuidos.

También he pensado en dejarla en buenas manos, en donarla a cualquier persona que necesite algo así, pero me temo que sería diferente, que no la trataría con el cariño que yo le doy, que se olvidaría de ella a la primera de cambio, así que igual me la llevo conmigo y en un aparte de lo que estemos haciendo en algún lugar, de esos que dicen que existen, recordemos viejos tiempos revolviendo en los descuidos de su interior.

Jose (Nuberu)

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