Mirando una tentación

 

Cuando me miras así, es como si todas las tentaciones del mundo perdido fijaran sus ojos en mi, cuando te miro todas las tentaciones del perdido paraíso están reflejadas en mis pupilas, porque la profundidad de esos ojos son como abismos en los que uno puede dejarse caer.

Así me encuentran algunas difusas noches, mirando una tentación, mirándome en tus ojos, fijos en algún lugar de tus interiorizados sentimientos e insinuando todo lo que desean sentir; y no creas que es moco de pavo resistir tamaño desafío, hacer como si no pasara nada, evitar que los suspiros delaten las sensaciones.

Uno sabe que cuando mira una tentación, acaba cayendo en ella, se deja arrastrar por sus innumerables paisajes, le seduce la idea de perderse para siempre ante la lujuria de su dueña y sin embargo sigue mirando embelesado porque la atracción de tal mirada es para dejarse llevar hacia cualquier parte.

Solamente el raciocinio – si es que aún queda alguno -  hace que acabe desviando la vista y pensando en otro lugar de alguna otra parte, un pequeño truco que te permite respirar y evitar el pecado de decir, de mirar, de sufrir por lo que tienes a tu alcance, aún sabiendo que no hay alcance ninguno y que todo será, seguramente, un bello sueño.

Mirando una tentación, mirándote a ti, a tus ojos, percibo sensaciones que parecían dormidas, rumores extraños en mis pupilas, cosquilleos en mis interiores que incluso llegan a hacerme perder alguna que otra respiración, si es que me queda alguna que perder y eso que nunca los tuve cerca de los míos,  nunca percibí su brillo, pero los adivino en la semioscuridad.

Además uno sabe que esa mirada tentadora es dueña de un tentador cuerpo que todo lo posee, cuando quiere poseer algo, hacerlo suyo, apropiarse de todo los paisajes cercanos y lejanos,  arrastrar el lujo de tener a su alcance aquello que desea – cuando lo desea claro – y también capaz de sugerir mil historias que hagan el soñar placentero y sensual.

Lo que uno no sabe, es donde resguardarse cuando le miran así, no sabe dónde está su penitencia, porque no sabe dónde está el pecado de mirar tentaciones, así que el peligro es permanente  y el riesgo se hace un vecino desconocido, al que ni siquiera tenemos en cuenta.

La llave está en la profundidad de esas pupilas, o quizás en el color de los ojos, tal vez en el sugerente interior de una respiración que los acompaña; puede estar en un gemido lanzado en cualquier oscuridad, en el embeleso de algún rozado beso robado al momento, en una adivinada piel tersa y aromática, con los aromas de todos los pecados del universo.

Mirando tus tentaciones, penetra en mi interior el vértigo de lo desconocido, la ambigüedad de lo prohibido, el sabor del deseo, la nostalgia de unos labios,  el hechizo de un desnudo, la loca idea de que uno posee la llave que abrirá todas las puertas de todas las tentaciones que acompañan a tu tentación, a esa mirada tuya, perdida en algún lugar de algún oscuro rincón.

Me dejo acompasar por el runruneo de las tardes, que son tardes embrujadas por tus ojos y tus palabras, me dejo seducir por el tintineo de tus sueños que alguna vez, sin que lo sepas, son los míos, me dejo llevar por la corriente de tus ríos y el leve parpadear de tus valles, profundos y calientes, me dejo enamorar por tus noches de canciones susurradas al oído.

Así son las tentaciones de tus ojos y tu risa, de tu piel en el espejo de mis días, de tus callados suspiros cuando nadie te ve – aunque yo siga viéndote en la oscuridad que me dejas cuando te vas – así sobrevivo a las mareas de tanta dicha, encajonado entre lo que podrían ser tus brazos, alojado en ti, aún después de nuestras despedidas.

Es cierto que tus ojos serán cambiantes, como cambiante es la vida, es cierto que pasarán de la nostalgia al deseo, del estupor a las lágrimas, de la tristeza a la ternura, del desdén al amor, de la indeferencia a la curiosidad y todo en leves espacios marcados por tu sonrisa que a veces intuyo entre las bambalinas de tu cerrado aposento, es cierto y vive Dios que merece la pena el riesgo.

Mirando una tentación que eres tú, encerrada en el brillo de tus ojos, atrapada en el cuerpo que custodia tu alma, oculta a los ojos de nadie y presa de la furia de todo lo que te aconteció y de todo lo que deseas que te acontezca; mirando la tentación y el cautivador embrujo de todo lo que deseo, porque deseo que a ti te pertenezca, para hacerlo mío.

Es mi espera la que me dice que algún día podré mirarte de cerca y será entonces cuando quede atrapado por la dicha de saber que he alcanzado la cima de un sueño hecho realidad, que he llegado al destino que la tentación de tus ojos me deparaba, que te he encontrado a la vera de mi vida, para recorrer juntos el camino de todas las tentaciones que nos aguardan, sin importar el cuándo, el cómo y el porqué.

Sabes de que te hablo y si no lo sabes lo adivinarán tus ojos, que son el reflejo de todas las tentaciones que la vida depositó en ellos para hacérmelas llegar y aún en el caso de que así no sea, lo percibirás cuando leas todo lo que aquí está dicho y cuando adivines todo lo que mis palabras dejaron de decir.

Jose  (Nuberu)

 

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