No endeudes tus sueños
No endeudes tus sueños ni
tus sentimientos, por algo en lo que no crees, no dejes que un compromiso
perecedero hipoteque la vida que has conseguido llevar a base te tesón y muchos
sacrificios, no dejes que los árboles no te dejen ver el bosque de lo que una
mañana, a solas contigo misma, decidiste que era lo mejor para ti.
No finjas lo que no sientes
para que nadie se sienta dañado en su autoestima, para que nadie vierta lágrimas
que a lo mejor no mereces, no digas aquello que no quieres decir, porque no lo
sientes, porque te da miedo sentirlo, porque no adivinas el futuro de tal
eventualidad; no te endeudes con el amor si es algo en lo que no crees, ni te
atrae, ni te llena.
Llevas encima de ti el peso
de tus dudas y tus planes de futuro no existen porque te preocupa más el
presente que todo lo que pueda venir detrás, llevas contigo todas las
contradicciones posibles e imposibles, como una rémora que no te deja caminar
en paz, llevas a cuestas mil decepciones, unos cuantos desencantos y mas de una
esperanza en el cubo de la basura, así que no te molestes en adivinar el
futuro, él mismo se encargará de comunicarte sus planes.
Al fin y al cabo, cuando
decidiste tomar las riendas de tu vida nadie te explicó nada, nadie te dijo que
había que hacer cuando hubiera que hacer algo, nadie te propuso dejar los
sentimientos a un lado y vivir sin más apoyo que tu propia soledad, por lo
tanto nada debes a nadie y nada te deben a ti que se pueda cobrar con un
te quiero mal dicho y menos sentido, nada que pueda borrar todo aquello que el
tiempo te arrebató sin pedirte permiso.
El que se ha trazado un
camino debe seguirlo, quién se ha elaborado un plan para sobrevivir está
obligado a hacerlo, el que decide que nada importa si no es importante para uno,
debe de cargar con la duda de la decisión; pero no te endeudes con un futuro
que no ves, con un sentimiento que no sientes, no te ates a nada que no te
llene, no sigas rastros que no te lleven a ningún lugar.
Tal vez él derrame alguna
lágrima, tal vez – a buen seguro – se producirá una herida, pero que es
eso comparado con tus lágrimas, a quién le importan tus heridas más que a ti;
tienes algún que otro sueño entre ceja y ceja, algún suspiro dejaste por el
camino que te trajo hasta aquí, alguna cicatriz llevas marcada en la mirada que
no te deja dormir, así que no estás en deuda con nadie.
Es verdad – y tú lo
sabes – que también dejaste alguna lágrima perdida por ahí, que más de una
herida sangró a tu paso, que alguna que otra decepción compartiste antaño,
pero así es el juego que hay que jugar y las reglas son para todos, a todos nos
atañen y todos sabemos el riesgo que implica enamorarse sin pedir permiso,
todos sabemos que todo puede tener un final, aunque nadie quiera un final
amargo.
Es posible que no estés
segura de que obras bien o mal, es posible que no estés segura de que te estás
volviendo a equivocar – todos lo hacemos tantas veces -
es posible que le quieras sin llegar a quererlo o sin llegar a saberlo,
hasta es posible que te guste que él te quiera a ti, pero no lastres tus planes
por una idea equivocada, no ates tu futuro si no sabes si lo hay, no endeudes
tus sueños por un sueño que no llegas a vislumbrar, porque ni siquiera
pensaste en esa posibilidad.
Veo en el pozo de tu
indecisión todas las preguntas que te hiciste alguna vez, todas las preguntas
que te haces a diario, todas las respuestas que te faltan porque nadie te las
da; se adivina en tus ojos el peso amargo del no saber a quién querer, ni cómo
– es cierto que tienes lo más importante que se puede querer y lo tienes a tu
lado – pero tú sabes, como yo sé, como todo el mundo sabe, que a todos nos
sienta bien una caricia a nuestro lado, a todos nos viene bien un beso en las
amarguras, a todos nos sienta de maravilla el regalo de una sonrisa sólo porque
si.
Y te preguntarás quién
soy yo para decirte tantas cosas – y tendrás razón en ello – pero me
apetecía, que aunque todos sepamos que quién da consejos jamás los sigue, no
está demás tener una opinión que no sea la nuestra; por eso me permito esa
licencia, que supongo no te molestará – aunque últimamente suelo suponer mal
- /span>de todos modos, al final, es
seguro que harás lo que tengas que hacer, o lo que creas que debes hacer, o lo
que te apetezca y estimes oportuno para tu bienestar.
Ya puestos en licencias te
diría que persigas el sueño que persigas, te endeudes – menos con los
bancos, que esos no pasan ni una – con lo que te endeudes, si lo haces, hazlo
con el placer que debe de proporcionar hacer las cosas porque uno las decide,
hazlo con el convencimiento de que has hecho lo que has querido, porque has
querido hacerlo, hazlo sabiendo que si te equivocas otros lo hicieron antes que
tu.
Al final quedarás tú y
todo lo que quieres y deseas tener, al final querrás a quien quieras querer –
si es que algún día decides querer a alguien -
al final de las tardes, a solas contigo misma, saborearás el placer de
la soledad escogida, el rum rum del silencio que quieres oír, las palabras, que
sin nadie decírtelas, quieres guardar en tu vida; al final, el sueño que se
instale en tu vida, será el sueño que tú decidas elegir y con el que dormirás
el murmullo de tu abrazo.
En otra parte, ni muy lejos
ni muy cerca, habrá alguien que te añore o no, alguien habrá que soñando
contigo seguirá soñando, en algún lugar alguien dedicará una canción al sueño
que no pudo tener, porque no había un sueño para él y algún día, en algún
lugar, tal vez si o tal vez no, oirás una melodía que alguien te dedicó sin tú
saber que la música eras tú, sin tú saber que la letra no fue cosa de dos,
porque tú decidiste no endeudar tus sueños.
Y cuando las palabras
callen y hablen las lágrimas, cuando se acabe el discurso y ocupe su lugar el
silencio postrero, cuando lata un corazón más deprisa porque algo dejó de
latir, cuando todo eso suceda, si es que sucede alguna vez, recuerda que el tuyo
también latió algún día y también dejó de latir, con la lujuria de lo
imposible en la cabecera de una cama y el desengaño del sueño perdido en la
mirada, que un día dejaste atrás.
Jose
( Nuberu )