No quiero escribir

 

No puedo, en realidad llevo unos días en que no quiero escribir, me da algo parecido al miedo – quién me lo diría – y no puedo por una razón muy sencilla, porque sólo me salen palabras de despedida, muy bonitas eso sí, ¡pero coño! me niego, que luego igual me da por llevarlas a la práctica y a eso si que me niego.

No se porqué, pero estoy instalado en una especia de apatía de las ideas, de desgana intemporal, de falta de ilusión por decir cosas, de dejadez por expresar lo que siento – y siento tantas cosas...si yo te contara – y todo porque tengo la ligera impresión de que a todo el mundo le molesta lo que digo, hago o siento y me pregunto porqué.

En el fondo, reconozcámoslo, yo sé lo que me ocurre, no quiero escribir porque no puedo decir lo que quiero decir, lo que quiero hacer tampoco puedo y encima no me dejan sentir como a mi me gusta, ni siquiera mirar como deseo mirar y así es difícil poner en marcha la pluma y dejar que trace palabras que uno no está seguro que alguien quiera leer o escuchar, o sea que no la haga suyas.

Acaso me llegó la hora de callar, tal vez sea que en realidad no me queda mucho por decir o contar y a quién dedicárselo y cuando eso sucede es mejor quedarse a mirar el paisaje desde el puente; pero me da – si es que soy muy cabezón ya lo sabes – que aún quedan muchas palabras en el tintero de mi vida, lo malo es que no tengo el papel adecuado, el que me exige el guión de la historia que quiero contar.

Pero no quiero, no me da la gana, no me apetece empezar a repetir palabras que tengan algo que ver con un adiós, que seas muy feliz, que te vaya bonito; en fin que no quiero ponerme triste antes de tiempo, no entra en mis planes amargar mis tardes anticipadamente, ni pasar mis noches en blanco – que paradoja, pero si las noches son oscuras verdad? – así que mejor me dedico a leer lo que otros y otras escribieron antes que yo, que seguro que aprenderé muchas cosas.

Es curioso, al hilo de estos enmarañados pensamientos, me doy cuenta de que algo chiflado si que estoy – raro no es la palabra cariño – porque al fin y al cabo en eso estoy, en poner palabras en alguna parte, aunque no sé si en el papel que les corresponde, porque nunca lo sé y es que llevo una temporada que no sé nada.

Y te preguntarás ¡y a este que coño le pasa! pero te fastidias que no te lo pienso decir, no pienso darte ese gustazo; en el fondo ni yo mismo lo sé, bueno seamos sinceros, lo sé pero poco importa lo que me pase, lo cierto es que estoy instalándome en la escuela del escepticismo ¡menudo panorama me espera!

No quiero escribir y sin embargo aquí me tienes soltando el rollo, dejando borrones en un papel sin orden ni concierto, como yo, léase, sin saber muy bien donde estoy colocado en el escenario y soltando un discurso más aburrido que La crítica de la razón  y teniendo al personal bostezando por las esquinas, y todo por no saber que me pasa ¿Por qué me pasa algo, no?

Y digo yo, no será que el invierno es demasiado frío o las tardes demasiado largas o no acompaña el sol o que los árboles no me dejen ver – ya sabes, eso de que los árboles no te dejan ver el bosque, muy manido ello – porque algunos están empeñados en demostrarme que detrás de los árboles hay un bosque muy peligroso, cuando en realidad yo lo único que veo es algo muy hermoso y excitante.

Tal vez es que me estoy haciendo mayor - visto lo visto en el último espejo que me quedaba sano - no me extrañaría nada que fuera eso, o que estoy pasando la famosa crisis de los “tantos” pero para mi que eso no es, porque seguro que me habrá pasado de largo sin enterarme, que todo puede ser dado mi tradicional despiste para las cosas trascendentales y mundanas.

En fin, que no me enrollo más, que en realidad lo que me gustaría de verdad es escribir para decirte que te quiero, que te echo de menos, que me gusta tu risa y tu miedo a las tormentas y que incluso me gustan tus defectos – yo soy así cariño, ya lo sabes – pero eso quedaría demasiado romántico para los gustos actuales y de otras cosas no sé escribir cuando te miro.

Encima lo que debería escribir no quiero porque no toca – que la vamos a hacer cariño, hoy no toca – así que mejor guardo la pluma en su correspondiente lugar, cierro el tintero para que las palabras no se pongan a decir cosas por su cuenta, que son muy capaces y me dedico a leer el último libro que alguien me regaló con todo el cariño del mundo.

Como verás un poco veleta si que soy, empiezo esta larga y aburrida disertación con un escueto ¡no quiero escribir! y luego me enrollo mas que las persianas; si es que por no tener no tengo ni carácter, ni decisión ni nada; a este paso acabaré creyendo lo que dicen de mi, que soy un auténtico desastre y más ambiguo que las ranas en Abril; por cierto es un mes muy bonito, igual se presenta con acontecimientos hermosos para mi y me da por escribir algo.

Jose (Nuberu)

 

 

 

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